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Balaguer, la reelección como herencia maldita y el CDP en su laberinto

 


Por Augusto Álvarez

Es innegable, el expresidente Joaquín Balaguer no solo institucionalizó la reelección, sino que la convirtió en una adicción nacional, y hasta letal.

Con ella se incubó el vicio de aferrarse al poder, no solo en el Estado, sino también en gremios profesionales, como el Colegio Dominicano de Periodistas (CDP).

Balaguer no solo persiguió ideas. Ejecutó la élite pensante y revolucionaria de este país, y con su política de perpetuación sembró esa enfermedad que hoy vemos reproducirse incluso entre comunicadores brillantes que, por comodidad o conveniencia, prefieren no mirar hacia atrás.

Hoy, cuando se habla de reelección en el CDP, parece que algunos olvidan —¿o fingen ignorar?— los nombres de mártires como Orlando Martínez, Plinio Díaz, Gregorio García Castro, por citar solo periodistas, que enfrentaron al monstruo de la reelección y pagaron con su vida.

Resulta penoso ver a algunos veteranos del oficio circular por los pasillos gremiales sin mirar por el retrovisor, donde no es difícil encontrar los rostros de las víctimas del autoritarismo con corbata y los asesinatos selectivos.

Entre los actuales aspirantes a dirigir el CDP hay de todo: beneficiarios del reformismo, viejos aliados del wessinismo e incluso corchos flotantes que se han adherido al partido oficial. Y ojo, ¡no está mal! Que haya pluralidad es saludable. El problema es cuando esa pluralidad se vuelve amnesia.

El CDP debe fortalecerse con voces diversas, sí, pero jamás puede olvidar a quienes desde las redacciones y los micrófonos pusieron en juego su vida por la libertad de expresión y contra la tiranía del continuismo.

La historia no perdona a los que olvidan. Y menos a los que se acomodan.

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