PICANTE

¡Un país al revés! Mucho discurso, poca solución y una paciencia ciudadana que se agota

Mientras la inseguridad golpea, los precios se disparan, los apagones regresan y las filas crecen, el Gobierno sigue vendiendo una República Dominicana que muchos dominicanos dicen no reconocer.

Buenos días.

¡Cógelo, Picante!El asesinato de una adolescente de apenas 14 años en Valiente, La Caleta, vuelve a poner sobre la mesa una realidad que las estadísticas oficiales no logran esconder: la inseguridad sigue golpeando a la población.

Y hablando de inseguridad, República Dominicana parece vivir en dos países distintos. Está el país de los informes oficiales, donde todo mejora, y está el país real, donde la gente sale a la calle mirando para todos lados para no ser la próxima víctima de un atraco.

Aquí ocurre algo curioso: los robos preocupan, la violencia ocupa titulares y la delincuencia genera temor, pero las estadísticas aparecen más maquilladas que una novia el día de su boda. La percepción popular va por un lado y los números oficiales por otro.

Este es el mismo país donde un funcionario anuncia que la libra de pollo está barata, pero cuando el ciudadano llega al supermercado descubre que el pollo no leyó el discurso oficial y sigue vendiéndose mucho más caro., al doble y algo más.

Es el país donde anuncian mejoras en el servicio eléctrico, pero los apagones aparecen sin invitación. Donde aseguran que el problema del agua está bajo control, mientras miles de familias siguen preguntando por dónde fue que pasó esa mejoría.

Y ni hablar del costo de la vida. Hace pocos años un botellón de agua costaba 50 pesos. Hoy parece que viene importado desde Marte. Los precios han cogido un ascensor expreso, mientras muchos salarios siguen estancados.

El presidente Luis Abinader llegó al poder prometiendo combate frontal contra la corrupción, transparencia y cero impunidad. Sin embargo, desde distintos sectores crecen las críticas y cuestionamientos sobre el cumplimiento de esas promesas.

Mientras tanto, en Perú nadie se atreve a celebrar antes de tiempo. Keiko Fujimori mantiene una ventaja tan estrecha que cabe entre dos pestañeos, mientras Roberto Sánchez denuncia irregularidades y llama a sus seguidores a vigilar el proceso.

La pelea ya no es sólo por votos. Es una guerra de nervios, recursos, impugnaciones y acusaciones. Allí cada acta cuenta y cada papeleta puede decidir quién se queda con el Palacio de Gobierno.

En los corrillos políticos dominicanos siguen circulando versiones sobre posibles acercamientos entre figuras y sectores tradicionalmente enfrentados.

Hay quienes comentan que ciertos dirigentes, que se creen líderes, pero que son momias polítias, harían cualquier alianza imaginable para evitar un eventual triunfo de Leonel Fernández y la Fuerza del Pueblo en 2028. Son rumores, comentarios de pasillo y especulaciones políticas, pero el tema sigue alimentando conversaciones.

Lo cierto es que muchos peledeístas aún guardan profundas heridas de los años recientes y no pocos rechazan cualquier entendimiento con sectores del oficialismo.

Y hablando del PRM, continúan las quejas internas. En distintas provincias se escuchan dirigentes quejándose porque, según dicen, después de la fiesta electoral llegó la resaca política.

Algunos ya tienen las maletas medio hechas. Otros miran hacia la Fuerza del Pueblo. Algunos observan al PRD. Y unos cuantos simplemente esperan mejores tiempos dentro del propio oficialismo.

Como dice el pueblo: cuando en una casa comienzan a sonar muchas puertas, es porque alguien está pensando en salir.

Mucha espuma y poco chocolate. La Junta Central Electoral parece haberse ganado un nuevo apodo popular con el proceso de renovación de la cédula: mucha espuma y poco chocolate.

Las filas siguen largas. Las quejas llegan desde distintas provincias. Y ciudadanos que acudieron hace semanas todavía siguen esperando noticias.

Por cierto, decenas de periodistas realizaron su proceso de registro hace casi dos meses y todavía no reciben el documento. Algunos ya bromean diciendo que la nueva cédula va camino a convertirse en una pieza de colección antes de llegar a las manos de sus dueños.

Y mientras tanto, el caos vehicular continúa haciendo de las suyas. Tapones interminables, imprudencias, falta de autoridad y una sensación creciente de desorden convierten cada desplazamiento en una prueba de paciencia.

El Gobierno prometió soluciones para muchos de los grandes problemas nacionales. Sin embargo, para una parte importante de la población, los resultados todavía no aparecen por ninguna parte.

La República Dominicana sigue avanzando, sí. Pero para muchos ciudadanos la sensación es que navega como un barco sin rumbo claro, enfrentando fuertes corrientes y con demasiados pasajeros preguntándose quién lleva realmente el timón.

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