Déficit fiscal y política clientelar abinaderista

El déficit fiscal del Gobierno Dominicano en el presente año, según los expertos en la materia, ronda el 3.5% del Producto Interno Bruto y la causa básica está en el gasto corriente y el sistema político clientelar que implementa desde su llegada al poder el presidente de la República. Y consiste en el intercambio de favores, bienes, privilegios o empleo público por apoyo electoral.
Luis Abinader, desde su llegada al poder, ha aumentado la nómina pública en 123 mil empleados estatales. La versión oficial es que el Estado cuenta en la actualidad con unos 773 mil servidores, pero fuentes confiables aseguran que alcanza los 800 mil. Lo que se imponía era la reducción automática, sin necesidad de cancelaciones, pues va bajando sola con los que renuncian y mueren, aunque una política de saneamiento obliga a excluir a las botellas que no ofrecen servicio alguno. Una aspiración justa, para aliviar la carga del Estado, era a que baje a 500 mil.
El ahorro hubiera sido importante, con tendencia al incremento, si se bajan los sueldos de lujo que ostentan muchos funcionarios y de paso se eliminan los beneficios colaterales y privilegios irritantes que disfrutan, bajo el lema de que al Estado se acude a servir. Sin embargo, muchos ministros, directores y administradores lo que hacen es subirse los beneficios ante la mirada indiferente del jefe de Estado.
De forma adicional, el presidente de la República tuvo la iniciativa propia de aumentar la cantidad de personas y los montos de los que reciben asistencias por concepto de la tarjeta supérate. Danilo Medina dejó 800 mil dominicanos con un monto mensual de 800 pesos. Con el cambio, el número de beneficiarios fue llevado a 1.6 (un millón seiscientos mil) y el monto efectivo también fue duplicado.
Con asistencialismo social no se desarrolla a ningún país. Y en caso del Estado auxiliar a personas con ese tipo de ayuda, los únicos que califican son aquellos que padecen alguna discapacidad física o ancianos que carecen de los recursos hasta para la compra de sus medicamentos.
Luis Abinader, sin embargo, pensando en su reelección de 2024, no solo dispuso incremento en Supérate, también lo hizo con Aliméntate y Bonoluz. Y creó El Bono Madre (El Cariñito), Bono Navideño, Bono Emergencia e Incentivo a la Educación Superior. (Lo que se hace en muchos países, con los estudiantes universitarios, es que el Estado le hace un préstamo durante la carrera que cursan, dinero que tienen que retornar a partir del momento que empiezan a ejercer la profesión).

Entre los empleados que sobran, los sueldos de lujo y privilegios de funcionarios, más las personas que perciben asistencias (sin ser ancianos ni tener discapacidad) hay un dinero grueso que el Estado podría estar ahorrándose. Y no hubiera ese déficit fiscal. Empero, el Estado estimula nóminas hipertrofiadas y parasitarias.
No obstante, la situación descripta, el presidente optó por la concesión de millares de pensiones, inclusive de 200 mil pesos a personas que nunca han ofrecido el menor servicio al Estado Dominicano. Son decretos que carecen de base legal y hay que dejarlos sin efecto y, además, proceder con una investigación administrativa y judicial para establecer causas.
Un jefe de Estado no puede actuar con tanta politiquería e irresponsabilidad. En vez de tener una hipertrofiada nómina pública, llena de tránsfugas políticos, lo que procede es multiplicar el presupuesto de Promipyme, para ofertar préstamos a cientos de miles de dominicanos y dominicanas y desarrollar las medianas, pequeñas y microempresas. A la gente se le enseña a pescar, no se le regala el pez.
Abinader se ha beneficiado políticamente (con la falsa percepción de bienestar que oferta), pero el país y la población se han perjudicado, porque para cubrir ese déficit hay que tomar, de forma regular, empréstitos internacionales. Es una fiesta lo que ha hecho el gobierno del cambio. Es una especie de “goza hoy y paga mañana”, porque con el crecimiento de la deuda externa se compromete a las nuevas generaciones.
Se sabe que una parte del dinero de los empréstitos es para tapar el hoyo fiscal, pero ¿y la otra parte? El destino se ignora, porque son casi 6 años de gobierno sin inversiones en obras de retorno, que contribuyan al desarrollo del país. No hay nuevos puentes, elevados, pasos a desnivel, avenidas, carreteras, escuelas, hospitales, presas, nada. Y este presidente tuvo el tupé de anunciar, el pasado 27 de Febrero, ante la Asamblea Nacional, decenas de inauguraciones de obras en todo el país, siendo de inmediato desmentido por los habitantes de esas provincias y municipios.
¡Qué vergüenza!
No se han hecho inversiones mínimas en nuevas alcantarillas en aquellos lugares donde se registra mayor cúmulo de agua cuando llueve. Ni siquiera para dar mantenimiento (destapar) las existentes. Llover en nuestro país equivale a tragedia, al tiempo que nuestro tránsito es uno de los más caóticos de la región y del mundo, porque el INTRANT, en la presente administración, solo ha servido como fuente de corrupción pública.
No hay un solo problema social que Luis Abinader pueda decir que dio solución, contrariamente el grueso de los servicios públicos ha bajado su calidad. No hay que mencionar el escándalo de SENASA, del cual Abinader, pese a ser el dominicano mejor informado, no pudo enterarse mínimamente en más de cinco años. Vámonos a cosas que lucen tan sencillas como el 911 y las denominadas farmacias populares que, sin exponer razones válidas, regularmente están desabastecidas.



