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¡Haití en llamas! Peligro real para la soberanía y la seguridad de República Dominicana

De los antiguos grupos armados utilizados como instrumentos de poder a las actuales coaliciones criminales, Haití ha pasado a enfrentar organizaciones con capacidad territorial, armas de guerra, financiamiento ilícito y estructuras de coordinación que representan un desafío para toda la región.

 

Por Plinio De Oleo

La crisis de seguridad de Haití ya no puede analizarse únicamente como un conflicto interno de Puerto Príncipe.

La expansión de las bandas hacia otras regiones del país, el control de rutas, el tráfico de armas y drogas y la creciente capacidad de estas organizaciones para desafiar al estado haitiano convierten el fenómeno en un problema de seguridad regional, con particular impacto potencial sobre la República Dominicana por su condición de país fronterizo.

La propia Organización de las Naciones Unidas ha advertido sobre la expansión de la violencia de las bandas fuera de Puerto Príncipe y hacia zonas próximas a la República Dominicana.

De los grupos armados a las grandes coaliciones criminales

La historia de la violencia política y de los grupos armados en Haití tiene antecedentes que se remontan a la dictadura de François Duvalier y los Tonton Macoutes.

Pero el fenómeno actual tiene características propias.

Una de las expresiones más importantes es Viv Ansanm, coalición creada en 2023 a partir de la alianza de las dos principales facciones de bandas que operaban en Puerto Príncipe, G-9 y G-Pèp.

El Consejo de Seguridad de la ONU describe a Viv Ansanm como una plataforma unificada de grupos criminales que utiliza la violencia para desestabilizar Haití y obstaculizar los esfuerzos destinados a restablecer el control estatal. La organización fue incorporada a la lista de sanciones de Naciones Unidas en julio de 2025.

Eso representa un salto cualitativo: ya no se trata solamente de pequeños grupos dedicados al robo, el secuestro o la extorsión, sino de estructuras capaces de coordinar operaciones, disputar territorios y atacar instituciones estratégicas.

El componente político y el discurso de las bandas

Algunos líderes de estas organizaciones, entre ellos Jimmy Chérizier, conocido como “Barbecue”, han intentado presentar sus acciones mediante un discurso político y de confrontación con el sistema de poder haitiano.

Ese discurso merece ser analizado, pero también debe evitarse una conclusión automática: que toda retórica política constituye por sí misma evidencia de entrenamiento ideológico extranjero.

Lo que sí está documentado es que Viv Ansanm ha coordinado ataques contra instalaciones gubernamentales, cárceles, hospitales y otras infraestructuras críticas, mientras busca ampliar su control territorial.

La pregunta de seguridad, por tanto, no es solamente quién controla un barrio, sino qué capacidad tiene una organización criminal para sustituir funciones del Estado, controlar rutas y utilizar la violencia como instrumento de poder.

La frontera: donde el crimen encuentra una oportunidad

Aquí aparece uno de los mayores desafíos para la República Dominicana.

La frontera dominico-haitiana no es una línea abstracta. Es un espacio de intercambio comercial, tránsito de personas y circulación de mercancías, pero también puede ser utilizado por redes criminales.

Informes del Panel de Expertos de Naciones Unidas han documentado el tráfico de armas y municiones desde territorio dominicano hacia Haití.

En un caso investigado por el Panel, las autoridades haitianas incautaron 9,960 cartuchos que, según la investigación, habían sido enviados desde la República Dominicana.

Otro informe de Naciones Unidas documentó un caso todavía más preocupante: municiones encontradas en Haití fueron vinculadas a un lote adquirido por la Policía Nacional dominicana en 2022. Tras la investigación, las autoridades dominicanas realizaron un inventario de sus arsenales y reportaron la desviación de 908,001 piezas de material, principalmente municiones.

Estos datos no significan que el Estado dominicano esté suministrando armas a las bandas haitianas. Significan algo diferente y mucho más concreto: existen redes de tráfico capaces de sacar material ilícito desde territorio dominicano y hacerlo llegar a actores armados en Haití.

El dinero también cruza la frontera

Las armas no son el único negocio.

Los informes internacionales describen redes criminales vinculadas al tráfico de drogas, armas, municiones y otros mercados ilícitos.

En 2025, Naciones Unidas señaló que las redes de tráfico continuaban trasladando material desde Estados Unidos y República Dominicana hacia Haití, y que algunas habían alcanzado un nivel de sofisticación suficiente para mover grandes cantidades a través de varias jurisdicciones.

Esto convierte la frontera en un asunto que trasciende la migración irregular.

El desafío real es impedir que el mismo corredor utilizado para actividades comerciales y movimientos humanos sea aprovechado por organizaciones dedicadas al tráfico de armas, drogas, personas y dinero.

¿Qué puede ocurrir en República Dominicana?

Aquí es donde el análisis debe ser prudente.

No existe base suficiente para afirmar que las bandas haitianas controlan barrios dominicanos o que existe una “invasión” organizada del territorio dominicano.

Pero tampoco sería sensato ignorar el riesgo.

Cuando un país vecino atraviesa una crisis de seguridad de semejante magnitud, aumenta la posibilidad de que determinadas redes criminales busquen operar, reclutar, lavar dinero, traficar mercancías o utilizar el territorio vecino como plataforma logística.

Ese es precisamente el punto que debería preocupar a las autoridades dominicanas.

No se trata de criminalizar a la población haitiana. Se trata de identificar y perseguir a las estructuras criminales, independientemente de la nacionalidad de sus integrantes.

La verdadera batalla es contra las redes

El problema tampoco se resuelve únicamente colocando más soldados en la frontera.

La seguridad fronteriza necesita inteligencia, controles migratorios eficaces, vigilancia tecnológica, investigación financiera, control de arsenales, seguimiento de armas y municiones, cooperación internacional y persecución penal de quienes faciliten las operaciones de las redes criminales.

Porque una organización criminal necesita algo más que hombres armados.

  • Necesita dinero.
  • Necesita armas.
  • Necesita transporte.
  • Necesita información.
  • Necesita rutas.
  • Y, sobre todo, necesita personas dispuestas a abrirle puertas.

La lección que deja Haití

La experiencia haitiana demuestra cómo un Estado debilitado puede terminar cediendo espacios estratégicos a organizaciones criminales.

La ONU estima que cientos de miles de armas ilegales circulan en Haití y ha advertido que las bandas poseen una capacidad de fuego considerable.

Además, en agosto de 2026, Naciones Unidas informó que entre abril y junio de ese año se registraron 1,408 personas muertas y 656 heridas por la violencia en Haití, mientras las bandas continuaban ampliando su capacidad para desafiar al Estado.

República Dominicana tiene una ventaja fundamental: todavía dispone de instituciones estatales operativas, fuerzas de seguridad, control territorial y capacidad de respuesta.

La pregunta es si utilizará esas herramientas antes de que las redes criminales puedan consolidarse.

Conclusión

El peligro no consiste en que mañana Puerto Príncipe aparezca dentro de Santo Domingo.

El verdadero riesgo es mucho más silencioso.

Es que las redes criminales que operan en Haití encuentren en territorio dominicano compradores, vendedores, transportistas, testaferros, funcionarios corruptos, rutas clandestinas o mercados para sus operaciones.

Por eso, la frontera no debe ser solamente una línea militar.

Debe ser también una frontera de inteligencia, investigación financiera, control de armas, vigilancia tecnológica y persecución criminal.

Porque cuando una organización criminal consigue comprar silencio, armas, documentos, transporte y protección, deja de ser simplemente una banda.

Se convierte en una estructura con capacidad para desafiar al Estado.

Y esa es, precisamente, la lección que Haití está pagando a un precio demasiado alto.

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