Maquiavelo destapó la cara oscura del poder; Roma también cayó por la corrupción

De las deudas de los políticos al pan y circo, la historia del antiguo Imperio romano revela cómo el poder compra silencios, convierte al pueblo en cómplice y castiga a quienes reclaman justicia.

Hay un momento en la vida de un hombre honesto en que entiende que la política no es como la pintan. A Maquiavelo le llegó ese momento en una finca vieja, sin dinero, con las manos llenas de tierra.
Lo habían sacado del gobierno, lo habían torturado, lo habían dejado solo. Y, en lugar de quejarse, se sentó a leer. No leyó a los políticos de su tiempo. Se fue más atrás. Se fue al antiguo Imperio romano.
En los libros de Tito Livio encontró lo que buscaba. Vio que Roma no empezó corrupta. Empezó con campesinos que se levantaban temprano. Pero, cuando el antiguo Imperio romano se hizo grande y llegó el dinero de las conquistas, algo se quebró por dentro. Los generales volvían con oro y dejaban a los soldados sin un pedazo donde sembrar.
Y ahí aparece la primera sombra que Maquiavelo subrayó: el político que entra con deudas no puede ser honesto. En el antiguo Imperio romano, un hombre como Catilina se endeudaba para comprar votos. Si no ganaba, iba preso. Prefería quemar Roma antes que perder. Cuando el que aspira necesita robar para pagar lo que debe, la ciudad se vuelve botín.
Después descubrió la segunda sombra del antiguo Imperio romano: el pan y circo. No hacía falta resolver la tierra ni la justicia. Bastaba con regalar trigo y ofrecer espectáculos de gladiadores. Mientras el pueblo miraba sangre en la arena, le quitaban la tierra por detrás.
Pero lo que más le dolió fue la tercera sombra: la del silencio de los buenos. El Senado del antiguo Imperio romano veía a sus gobernadores robando en las provincias y nadie decía nada, porque cada senador esperaba su turno para hacer lo mismo. Era un pacto: «Yo no te acuso hoy; tú no me acusas mañana».
Por eso mataron a los Graco en el corazón del antiguo Imperio romano. Solo pidieron que se cumpliera una ley vieja: que la tierra pública robada se devolviera a los pobres. No pidieron sangre. Pidieron justicia. Y el Senado los mató a palos con las patas de las sillas.
Y, al cerrar sus libros, Maquiavelo entendió por qué el pueblo del antiguo Imperio romano lo permitía: porque el sistema le enseña al pobre a cuidar al rico que lo oprime. Le dan una gorrita, un carguito y lo ponen a defender a su verdugo.
Estudiar a Maquiavelo desde el antiguo Imperio romano no te hace malo. Te hace libre. Roma no cayó cuando llegaron los bárbaros. El antiguo Imperio romano cayó mucho antes: el día que aplaudió el pan y circo y dejó que mataran a los Graco, en silencio.
El que conoce la oscuridad ya no le tiene miedo. La alumbra.


