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Breve historia de la corrupción en Venezuela

Don Rómulo Betancourt, líder y presidente provisional de la Junta Revolucionaria de Venezuela entre 1945 y 1948, aunque luego fue electo democráticamente en el período 1959 al 1964, por su partido Acción Democrática.

Me contó Carlos Andrés Pérez, ministro de Interior en esa última gestión, que en un tiempo don Rómulo, exiliado, caminó por Costa Rica, Cuba, México, Puerto Rico y República Dominicana.

Don Rómulo Betancourt era muy modesto, honesto y trabajador. En Santo Domingo tenía un puestecito de víveres, en el área de Los Molinos Dominicanos, en Santo Domingo Este, próximo al río Ozama, y dos veces por semana enviaba a islas del Caribe sacos de víveres.

Tuvo un incidente, y fue que un grupo bajo el mando de Petán Trujillo lo despojó de todo, de lo poco que tenía ahorrado, y en el forcejeo hasta lo golpearon.

En el barquito que le compraban para abastecer, le tuvo que salir rápido y veloz a Curazao.

Juan Bosch estaba en Cuba y otros líderes del PRD, como los Mainardi Reyna y Ángel Miolán, entre otros.

Se realizan elecciones en Venezuela y gana Acción Democrática, y Rómulo Betancourt se convierte en presidente.

De inmediato, los dominicanos hacen de Venezuela su refugio; se concentran desde Cuba y Caracas los embates contra Trujillo.

Organismos como la OEA, con el liderazgo de la patria de Bolívar, aislaron y denunciaron internacionalmente al sátrapa de San Cristóbal.

El dictador Trujillo tenía los juegos pesados; trató de desestabilizar al líder de Guatire y le hicieron una acusación de corrupción menor, no como el caso de SENASA, jamás.

Don Rómulo Betancourt manejaba los fondos públicos con rigurosidad y celo.

Entonces el presidente Betancourt acudió al canal de TV y exclamó: “Que se me quemen las dos manos si mis dedos han tocado un céntimo o un bolívar del erario público”.

Trujillo estaba detrás de una conjura; montó explosivos en la ruta que diariamente recorría el presidente cuando iba o salía del Palacio de Miraflores.

Las avenidas Urdaneta, San Martín y Baralt, colindantes con las instalaciones de la casa de gobierno.

Allí atentaron contra el líder venezolano; hubo muertos y heridos. Varios vehículos volaron por los aires y el hombre a pie, a pocos metros de su despacho, resultó herido.

De inmediato, médicos lo atendieron y, para sorpresa de sus compañeros, las dos manos estaban cubiertas de quemaduras.

Los vendajes lo cubrieron con tape y, como ironías de la vida, las mismas manos que exhibió limpias y que ofreció a su pueblo se quemaron si tocaba los petrodólares.

Venezuela anhela a ese hombre y a Carlos Andrés Pérez, después de vivir la miseria, los abusos y la corrupción masiva del chavismo y madurisimo, los sustitutos de la democracia venezolana.

Moraleja:

A los presidentes, si no actúan a tiempo, se les pegan todas las travesuras e indelicadezas de sus funcionarios.

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