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Lazos eternos de hermandad

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Mensaje 4772

 

  AYUDAME A SALVAR UNA VIDA  

 

 

Hola, amigos, ¿qué tal? Merhaba, arkadaslar, ¿nasilsiniz?

REFLEXIONESTodos tenemos muchos familiares, amigos, conocidos y hasta enemigos, siempre he dicho que, si Jesús que fue el mismo Dios no todo el mundo lo quiso, hasta crucificarlo, no podemos pretender que todos nos quieran, nos acepten, nos perdonen, nos amen.

Sin embargo, hay seres que se nos cruzan en el camino y se entrelazan con nosotros de una forma tal que pareciera que arrastramos una relación de hermandad desde otra vida (si es que existe), y esto sin importar diferencia de edad o lugar del mundo en el que haya nacido.

Son aquellos que nos admiran, nos aprecian, incluso conocen casi todo de nosotros y a pesar de nuestras imperfecciones nos aman, ellos oran por nosotros, nos apoyan en los momentos difíciles, comparten de lo mucho o poco que puedan, piensan en ti, te envían buenas vibras, desean lo mejor para ti y se alegran de tus éxitos alcanzados.

Te escuchan cuando necesitas hablar, te bendicen, te agradecen porque en algún momento de la vida tu le extendiste tu mano amiga, reciprocan tus acciones, son agradecidos y lo demuestran con hechos.

Estos hermanos son incapaces de hablar mal detrás de ti, murmurarte o permitir que otros los hagan, pues su lealtad y fidelidad es parecida a la de Jesús, son verdaderos hijos de Dios y te consideran su hermano.

Son lazos eternos de hermandad que nunca se rompen y que, después de morir quedan grabados en tu mente y corazón para el resto de tu vida.

Víctor Martínez da gracias a Dios por esos hermanos que se entrelazaron conmigo por alguna situación en la vida que, por cosas del destino o del mismo Dios, se cruzaron en mi camino y un día pude servirles con amor, entrega y dedicación, son esos que muestran su rostro y extienden su mano de agradecimiento, y aunque debemos dar sin esperar recibir, tal como nos lo manda el Señor, hoy confieso que cada vez que recibo una bendición, una oración, una dádiva para el cumplimiento de nuestra misión, mi corazón se llena de regocijo y la alegría inunda mi ser.

Es este el gran misterio de la hermandad que prevalece entre los hijos de Dios, nada, ni nadie la rompe, pues entre ellos, el perdón pesa más que el rencor, la entrega más que la indiferencia, la paz más que la discordia y el amor pesa más que el egoísmo.

Dios bendiga a todos los que se cruzaron un día en mi camino y aunque en algunos los lazos de hermandad no se entretejieron, quedaron hermosos recuerdos y agradecimientos, y si un trato poco afable y cortés laceró la empatía con alguien, que Dios se encargue de curar las heridas y otorgarnos el perdón.

Gracias a nuestra hermana Yaira Cassó por hacer posible que este mensaje llegue hasta todos ustedes. Bendícela, Señor.

Hasta la próxima.

 

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