PICANTE

Abinader “se quema” en medio ambiente y la Policía sigue patas arriba

Encuestas maquilladas, bosques destruidos, policías fuera de control y un pueblo que ya no se traga cuentos... el horno político está caliente y el gobierno parece no darse cuenta

Buenos días…

¡Cógelo, Picante!Si el gobierno del PRM y Luis Abinader sigue mirando para otro lado frente al desastre ecológico que avanza en distintos puntos del país, República Dominicana podría terminar convertida, realmente, en un desierto tropical. Y en esa película de devastación ambiental, el presidente también carga responsabilidad.

Porque no se puede hablar de “desarrollo sostenible” mientras se destruyen bosques, se maltratan montañas y se deja morir el agua ante la mirada indiferente de las autoridades.

Lo que ocurre en Monte Plata da vergüenza. La devastación en las zonas cercanas al nacimiento del río Boyá y las denuncias sobre planes para adueñarse de Loma Managuá no son inventos de redes sociales ni cuentos de patio.

Y si el presidente Abinader cree que exageran… entonces que actúe. Pero que actúe ya.

Porque el pueblo de Monte Plata está cansado de ver cómo poderosos cercan terrenos, abren caminos en zonas protegidas y preparan negocios disfrazados de “desarrollo”, mientras Medio Ambiente parece un convidado de piedra.

Y ojo… esos que quieren quedarse con Loma Managuá no son infelices ni hijos de machepa. Son gente con poder, relaciones e influencias. Por eso el silencio oficial hiede raro.

También huele extraño eso de que el IAD esté habilitando un camino vecinal en áreas sensibles y, casualmente, aparezcan cercas y movimientos de tierra alrededor. Aquí nadie es loco.

Antonio Marte lanzó una denuncia grave sobre la destrucción ambiental en La Vega. Y eso no puede quedarse en titulares de un día ni en politiquería barata.

Hablar de talas indiscriminadas, movimientos de tierra y daños ecológicos en zonas emblemáticas como Santo Cerro, Pie del Cerro y Carrera de Palmas es hablar de una tragedia ambiental en desarrollo.

Deslizamientos, inundaciones, arrastre de lodo hacia Río Seco… ¿y las autoridades? Bien, gracias.

Da pena que ni el senadores, ni diputados, ni funcionarios veganos parezcan haber despertado ante semejante desastre. Después vienen los llantos cuando los ríos desaparecen y las montañas se derrumban.

Y mientras el país se cae a pedazos, aparece una encuesta con un libreto demasiado conveniente.

Suben al PLD para golpear a la Fuerza del Pueblo, maquillan una supuesta baja “leve” del PRM y posicionan a David Collado como estrella emergente del oficialismo. Todo muy bonito. Muy armado. Muy calculado. Pero este pueblo ya no está para cuentos.

La gente siente el golpe en el bolsillo, en el colmado, en la factura eléctrica, en la farmacia y en el tanque de gasolina. Ahí es que se mide la realidad. No en numeritos fabricados para entretener incautos. Aquí no hay indios.

Y la pregunta obligada es: ¿cuánto costó el show?

El PRM no está tan sólido como quieren vender. Por debajo de la mesa hay disgustos, divisiones y dirigentes preparando salida.

Muchos llegaron por oportunidades y hoy se sienten engañados. Otros entienden que el gobierno perdió rumbo y conexión con la base.

Mientras tanto, sectores internos comienzan a alinearse, se mueven fichas y aparecen posibles alianzas extrañas entre viejos actores políticos. El poder empieza a oler a desgaste.

Y cuando eso ocurre, las sonrisas públicas esconden cuchillos afilados.

Y como si faltaran problemas, la Policía Nacional continúa acumulando escándalos.

La muerte del teniente coronel retirado Carmelo Castillo es otro golpe brutal para la imagen institucional. Un oficial retirado, abatido de un disparo por la espalda durante un operativo por supuesta música alta en plena celebración familiar de los 94 años de su madre.

Peor todavía: los agentes fueron advertidos de que allí vivía un coronel retirado. No importó. Entraron como si fueran a capturar terroristas. Dispararon. Y dejaron otra tragedia.

Otro muerto que cae sobre los hombros de la “reforma policial”.

Porque una reforma no se mide en discursos, ni uniformes nuevos, ni conferencias de prensa. Se mide en resultados. Y los resultados siguen siendo alarmantes.

La Policía tiene hombres y mujeres valiosos, pero hace rato perdió dirección. La mediocridad administrativa, la falta de control y la ausencia de formación seria siguen provocando abusos, atropellos y actuaciones fuera de control.

Ni la pasada gestión ni la actual parecen haber entendido que un policía sin orientación ni supervisión se convierte en un peligro.

Y algo peor: dentro de la institución se ha perdido hasta el respeto por los agentes retirados, hombres y mujeres que entregaron su vida al uniforme y hoy sobreviven con pensiones miserables.

Eso explica por qué crece la indignación dentro de la familia policial.

Y al cierre… En este país están jugando con la inteligencia de la gente.

Hablan de transparencia mientras crecen las dudas. Hablan de lucha contra la corrupción mientras la impunidad sigue paseándose en jeepeta. El pueblo está observando. Callado, pero observando.

Y cuidado… porque cuando la paciencia social se rompe, no hay encuesta maquillada que aguante el golpe.

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