En República Dominicana crece la inseguridad!
Feminicidios, abusos policiales y caos en las calles retratan un país sin control

Hace apenas cinco días, una joven fue asesinada a tiros por su expareja en Santo Domingo Este. Lo más indignante es que la víctima acababa de salir de la Unidad de Atención a la Violencia de Género, en Alma Rosa I, donde acudió precisamente a denunciar a su verdugo. La dejaron salir sin protección. Minutos después, estaba muerta. El agresor luego se suicidó.
El crimen no solo estremeció al país. También dejó al desnudo la fragilidad del sistema de protección para las mujeres amenazadas.
Y como si nada hubiese pasado, este domingo ocurrió otro feminicidio en Santo Domingo Este, ahora en el sector La Toronja. Otra mujer asesinada. Otra familia destruida. Otra tragedia anunciada.
Familiares y vecinos denunciaron que la víctima llamó a la Policía pidiendo ayuda porque había sido amenazada de muerte. Nadie acudió. Nadie respondió. Nadie la protegió. Resultado: otra mujer asesinada.![]()
Mientras el gobierno pierde la batalla, la violencia de género sigue ganando terreno. E es decir, el Estado pierde autoridad y capacidad de respuesta.
Ambos casos deben ser investigados hasta las últimas consecuencias, porque eran tragedias evitables. Cuando una mujer denuncia amenazas y el sistema falla, no se trata solo de negligencia: hay responsabilidad.
Y mientras las mujeres caen asesinadas, las calles también se salen de control.
La agresividad de muchos motociclistas se ha convertido en otro problema explosivo. Andan desafiando las leyes, atropellando normas y sembrando caos en las vías públicas.
Aquí nadie quiere abusos ni atropellos policiales, pero tampoco se puede permitir que las calles se conviertan en tierra de nadie.
El tránsito de motocicletas necesita regulación firme. Sin miedo. Sin relajo. Porque lo que hoy parece desorden, mañana puede terminar en tragedias mayores.
Una Policía sin dirección. La Policía Nacional sigue dando señales preocupantes de falta de control, gerencia y autoridad institucional.
El presidente Luis Abinader tiene que asumir el control real de la institución. Porque lo que el país está viendo son escándalos tras escándalos, mientras la población paga las consecuencias.
Todavía la Dirección General de la Policía no ha fijado una posición firme sobre la muerte de un teniente coronel retirado que fue baleado por agentes policiales frente a su propia casa, durante un cuestionado operativo antirruido.
La historia recuerda demasiado al caso del oficial asesinado frente a la sede principal de la Policía en Invivienda, en Santo Domingo Este.
Y el problema es el mismo: no hay consecuencias.
Coroneles por encima de fiscales. La falta de sanciones está alimentando actuaciones arbitrarias dentro de la propia institución.
En Los Frailes, un coronel obstaculizó el trabajo de una fiscal comunitaria. Ahora, en Villa Duarte, otro coronel vuelve a pasarle por encima a un representante del Ministerio Público en medio de denuncias de abusos y actuaciones ilegales.
Y lo peor… no pasa nada. Ese silencio institucional es peligrosísimo.
El país está fuera de control. La inseguridad no es el único problema.
Los precios de los combustibles siguen altos. Los medicamentos golpean los bolsillos. La tarifa eléctrica no da tregua. Los alimentos están cada vez más caros.
Y mientras tanto, el microtráfico sigue operando casi sin obstáculos en muchos barrios.
Aquí se persigue más la bulla que a los verdaderos delincuentes.
En operativos antirruido mueren ciudadanos. Hasta oficiales retirados. Pero contra los capos barriales y los puntos de droga, la contundencia parece desaparecer.
Quien siembra viento… Los operativos antirruido se han convertido en escenarios de tensión, violencia e irrespeto mutuo.
Muchos agentes actúan con exceso, pero también enfrentan agresiones constantes. El problema es que cuando las autoridades pierden legitimidad y control, el caos termina imponiéndose. Y quien siembra viento, cosecha tempestad.
Y al cierre…
Presidente Luis Abinader, póngale atención también al medio ambiente.
Porque mientras el país arde entre inseguridad, violencia y desorden, los problemas ambientales también siguen creciendo… y nadie parece escuchar las alarmas.
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