PICANTE

A lo interno del PRM, parece que se avecina una tormenta

Entre repudios, sillas a punto de volar, divisiones internas y funcionarios desconectados de la base, los vientos políticos comienzan a soplar con fuerza dentro del partido de gobierno.

 

Buenos días…

Nos informan que en un concurrido encuentro del PRM hubo de todo. Desde caras largas hasta «piropos» amargos dirigidos a uno de los caciques de esa organización política.

Cuentan que seguidores del proyecto presidencial de David Collado prepararon una bienvenida poco amigable al padre de una candidata, y que las palabras subieron tanto de tono que las sillas estuvieron a punto de emprender vuelo.

Según los presentes, en aquella actividad quedó al desnudo la falta de gerencia política y de liderazgo real. Muchos de los principales dirigentes son funcionarios públicos, y los militantes que no disfrutan de las mieles del poder no encuentran ni siquiera a quién reclamarle.

El presidente del PRM es ministro. La secretaria general, alcaldesa. Y el que está abajo, que se las arregle como pueda.

Mientras tanto, los rumores de división dentro del PRM siguen creciendo y calentándose como caldero al fuego.

Y el remate del PRSC parece venir por ahí. Algunos reformistas de vieja guardia, balagueristas hasta la muerte, comentan que Quique Antún quiere hacer ruido impulsando como candidato a Santiago Matías (Alofoke), una figura con enorme presencia mediática, pero sin experiencia política demostrada.

Dicen que quien aspire a dirigir una nación debe presentar algo más que seguidores en redes sociales: debe exhibir capacidad, trayectoria, credenciales y una conducta que sirva de ejemplo.

En República Dominicana hay quienes creen que todo el que habla mucho está preparado para gobernar. Así estamos.

Por otro lado, los organismos de derechos humanos parecen haberse convertido en una fotocopia defectuosa de la ONU y la OEA: hablan cuando no deben y callan cuando más se les necesita. Cuando aparecen, muchas veces terminan cosechando más críticas que respaldo.

Por cierto, seguimos esperando la reacción de algún organismo defensor de derechos humanos ante el caso del joven ultimado por agentes policiales en La Vega. Un hecho vergonzoso, repudiable y que exige respuestas públicas. Si existen sanciones o investigaciones, parecen manejarse bajo llave.

Y esa estructura llamada Defensoría del Pueblo tampoco ve ni escucha. Los casos de abusos, maltratos y ejecuciones extrajudiciales parecen no entrar en su radar. Muchos ciudadanos se preguntan cuál ha sido el verdadero impacto de esa institución y de su actual gestión.

Sería interesante hacer un balance público de los logros de la reforma policial y de la Defensoría del Pueblo. Porque en la calle hay quienes dicen que ambas avanzan por la misma avenida: mucha publicidad, muchas promesas, pero pocos resultados visibles.

El Ministerio Público también deja mucho que desear. La independencia institucional no puede convertirse en sinónimo de indiferencia. Hay expedientes escandalosos que siguen sin respuestas convincentes. Ahí está, por ejemplo, el caso de la fiscal de Miches, que todavía provoca preguntas para las que nadie parece tener respuestas.

Y hablando de descrédito, la Policía Nacional enfrenta uno de los momentos más difíciles de su historia reciente. Su imagen continúa deteriorándose a pesar de una reforma que, tras más de tres años de anuncios y comisiones, todavía no logra exhibir resultados contundentes. Para muchos, nació enferma y permanece en cuidados intensivos.

En el plano internacional, si el presidente Donald Trump no logra contener a su aliado Benjamin Netanyahu, la paz seguirá siendo una ilusión en Oriente Medio. Mientras los líderes discuten, las armas continúan hablando, los niños siguen muriendo y el hambre avanza sobre millones de personas.

El caso de Haina, en San Cristóbal, también pica y se extiende. Los rumores siguen mencionando a generales, coroneles, oficiales y alistados. Hasta ahora no hay nada oficial, pero cuando los comentarios persisten durante tanto tiempo, la gente comienza a preguntarse qué hay detrás del humo.

Y los haitianos continúan participando en actividades ilícitas dentro del territorio dominicano. Lo preocupante es que en muchas de esas operaciones también aparecen dominicanos involucrados hasta el cuello. El problema no tiene una sola nacionalidad.

La verdad es que el Gobierno no termina de conectar con la realidad de la gente. Y si finalmente se materializa una nueva reforma fiscal, quienes sentirán el golpe con más fuerza serán los sectores populares y la clase media.

Ahora es que la piña se pone agria. Pobre país. El cambio prometido terminó pareciendo un cambio al revés.

Nos reportan hechos delictivos y denuncias comunitarias en San Francisco de Macorís, Santo Domingo Oeste, Santo Domingo Norte y Los Alcarrizos. Son dirigentes comunitarios quienes levantan la voz de alarma y exigen respuestas.

Y en Colombia ocurrió lo que muchos analistas anticipaban. Ganó el candidato que logró conectar con el electorado inconforme y la izquierda recibió otro duro golpe político.

Mientras tanto, los venezolanos siguen reclamando elecciones y soluciones urgentes. Porque en Venezuela once meses pueden parecer una eternidad, y una crisis mal manejada puede cambiar el destino de todo un país.

Hasta mañana, si el país y la política lo permiten.

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