INTERNACIONALES

Irán y EE.UU. bajan el tono, pero Ormuz sigue como una bomba a punto de estallar

Mientras Washington y Teherán hablan de diplomacia y mantienen en pausa la confrontación directa, nadie conoce el verdadero alcance de las negociaciones. Entre amenazas, desmentidos y advertencias militares, el estrecho de Ormuz continúa siendo el punto más peligroso del tablero geopolítico mundial.

WASHINGTON / TEHERÁN

La aparente tregua entre Estados Unidos e Irán sigue envuelta en incertidumbre. Aunque la Casa Blanca ha reducido el tono de la confrontación y Teherán mantiene abiertas las conversaciones diplomáticas, los avances concretos permanecen bajo reserva y los constantes dimes y diretes alimentan la desconfianza entre ambas partes.

En ese sentido, el asesor militar del líder supremo iraní, Mohsen Rezaee, reafirmó que la República Islámica no permitirá la creación ni la operación de una segunda ruta marítima en el estrecho de Ormuz, una de las vías más estratégicas para el comercio mundial de petróleo y gas.

La declaración, difundida a través de su cuenta oficial en la red social X, constituye una nueva advertencia sobre la determinación de Teherán de mantener el control de esa zona marítima, por donde transita cerca de una quinta parte del petróleo que se comercializa en el mundo.

Previamente, el Ministerio de Asuntos Exteriores iraní había informado que Teherán y Omán avanzaban en acuerdos sobre aspectos técnicos y geográficos relacionados con la navegación de embarcaciones civiles en el estrecho. Sin embargo, Rezaee dejó claro que cualquier intento de establecer corredores marítimos alternativos o modificar el actual equilibrio estratégico será rechazado por Irán.

El alto oficial también advirtió que cualquier incremento de la presión militar estadounidense en la zona tendría consecuencias de alto costo para Washington.

Las declaraciones coinciden con la decisión del presidente Donald Trump de suspender los ataques militares que, según la Casa Blanca, estaban previstos contra objetivos iraníes, alegando que existían condiciones para continuar las negociaciones sobre el programa nuclear y la seguridad en el estrecho de Ormuz.

No obstante, pese al lenguaje diplomático, ninguna de las partes ha revelado el contenido de las conversaciones ni existe confirmación de un acuerdo definitivo. La desconfianza mutua persiste y Ormuz continúa siendo una auténtica bomba geopolítica cuya detonación podría afectar de inmediato los mercados energéticos mundiales.

De acuerdo con informaciones publicadas por The New York Times, el borrador de entendimiento contempla un plazo de 60 días para que Irán y Omán alcancen un acuerdo definitivo sobre la navegación en el estrecho, mientras Washington y Teherán retomarían las negociaciones sobre el futuro del programa nuclear iraní y el destino de las reservas de uranio enriquecido. Hasta ahora, ninguno de esos puntos ha sido confirmado oficialmente por ambas partes.

Trump endurece la búsqueda de filtraciones sobre el arsenal 

En medio de ese delicado escenario, el presidente Donald Trump también manifestó su preocupación por las filtraciones sobre una presunta reducción de las reservas de misiles del Pentágono.

Según diversos medios estadounidenses, el mandatario considera que esas informaciones podrían fortalecer la posición negociadora de Irán y transmitir una imagen de debilidad militar de Estados Unidos en plena crisis regional.

Como respuesta, Trump ordenó ampliar las investigaciones para identificar a los responsables de divulgar información clasificada sobre el inventario de armamento estratégico estadounidense.

Las publicaciones señalan que entre los sistemas cuya disponibilidad habría disminuido figuran los misiles antiaéreos Patriot y THAAD, así como los misiles de crucero Tomahawk y los misiles tácticos ATACMS, debido al elevado ritmo de operaciones militares y asistencia a aliados.

Sin embargo, tanto la Casa Blanca como el Departamento de Defensa mantienen su versión oficial: Estados Unidos conserva plena capacidad operativa y dispone de suficientes recursos para responder a cualquier amenaza. Paralelamente, la administración ha advertido que perseguirá judicialmente a quienes resulten responsables de las filtraciones de información clasificada.

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