¡El petróleo baja… pero el pueblo no lo siente!
Los combustibles se congelan cuando el barril cae, pero aumentan cuando sube. Mientras el Gobierno habla de seguridad, la delincuencia sigue marcando la agenda. En el PRM, mientras unos se preparan para competir, otros ya parecen tener las maletas listas. Y los viajes ilegales hacia Puerto Rico continúan desafiando a las autoridades.

Buenos días..
Antes se hablaba de «estafa» con los precios de los combustibles. Hoy casi nadie utiliza esa palabra.

En países como República Dominicana parece existir una curiosa ley del mercado: cuando el petróleo cae en los mercados internacionales, los combustibles casi nunca bajan, simplemente se «congelan». Pero basta que el barril suba unos cuantos dólares para que aparezcan los aumentos en las estaciones de servicio y, como por arte de magia, también suban los alimentos, los pasajes, los fletes y hasta la canasta familiar. Al final, el petróleo baja para los gobiernos y sube para los bolsillos del pueblo.
Mientras el Gobierno habla de seguridad, la delincuencia sigue marcando la agenda.Se habla de estabilidad y de paz ciudadana, pero la realidad cotidiana sigue golpeando a miles de dominicanos. Asaltos, robos, violencia, feminicidios y un tránsito cada vez más caótico forman parte del día a día. Y eso es inseguridad.
Los motociclistas continúan desafiando las normas de tránsito, mientras las denuncias por actuaciones cuestionadas de agentes policiales y la creciente sensación de inseguridad mantienen preocupada a buena parte de la población.
A ello se suman las denuncias sobre invasiones de propiedades privadas. Sus propietarios reclaman mayor protección del Estado y una respuesta más firme de las autoridades frente a quienes ocupan terrenos de manera ilegal.
En los pasillos del oficialismo continúan los movimientos internos. Las aspiraciones políticas se aceleran y no faltan quienes, discretamente, preparan el terreno para cambiar de parcela antes de que llegue el momento decisivo.
Hablan de paz… pero el idioma que más se escucha sigue siendo el de las bombas. Estados Unidos e Irán se sientan a dialogar durante horas pero entre una pausa y otra continúan rugiendo los tanques, despegan los bombarderos, vuelan los drones y caen los misiles. Mientras los diplomáticos conversan, los generales disparan. Y cada explosión vuelve a poner nerviosos a los mercados, impulsando el precio del petróleo. Cuando la guerra habla más fuerte que la diplomacia, la paz sigue siendo apenas un discurso.
Europa y Rusia avanzan por un camino donde un error puede cambiar la historia. El conflicto entre Rusia y Ucrania sigue escalando y las posiciones parecen cada vez más distantes. Las iniciativas impulsadas por el presidente Donald Trump para buscar una salida negociada no han logrado, hasta ahora, poner fin a la guerra. Mientras continúen aumentando los bombardeos, los ataques con drones y las amenazas estratégicas, el riesgo de una escalada de consecuencias impredecibles seguirá presente.
La Franja de Gaza continúa siendo escenario de una tragedia humana. Cada jornada deja nuevas víctimas, entre ellas niños, mujeres y ancianos, mientras las operaciones militares israelíes prosiguen y la población civil soporta el mayor peso de la guerra. Las presiones internacionales, las resoluciones y los llamados al cese del fuego no han conseguido detener la violencia. La paz sigue sin aparecer, y quienes más pagan el precio son quienes nunca empuñaron un arma.
La gran contradicción que muchos dominicanos no logran entender. Dicen que nadie puede dar lo que no tiene. Sin embargo, en un país donde los apagones siguen siendo parte de la rutina diaria, resulta inevitable que muchos se pregunten cómo se habla de vender electricidad a Puerto Rico cuando millones de dominicanos todavía padecen interrupciones constantes del servicio.
La mejor carta de presentación para exportar energía sería garantizar primero un suministro estable dentro de nuestras propias fronteras.
Y mientras se anuncian operativos y mayores controles, las travesías clandestinas desde la costa este de República Dominicana hacia Puerto Rico no cesan. Las redes de tráfico de migrantes siguen operando y, una vez más, la pregunta queda en el aire: ¿quiénes están detrás de un negocio que parece no tener fin? Y en algunos de esos viajes, llegan cosas raras.



