¡Washington prende la luz roja! RD queda bajo el reflector del narcotráfico

Estados Unidos coloca a República Dominicana entre los 23 países señalados como principales territorios de tránsito o producción de drogas; ahora toca preguntar qué están haciendo las autoridades dominicanas para evitar que el país termine pagando los platos rotos.
Buenos días…
Estados Unidos nos puso bajo el microscopio en la “lucha” contra el narcotráfico. ¡Ave María Purísima!
De 23 países, República Dominicana ocupa el puesto número 9 en la lista de naciones vinculadas al narcotráfico internacional.
Y parece que Ángel Martínez tiene olfato de oso. Ese hombre está en lo de él, aunque algunos quieran pasarle el rolo.
Mientras en Venezuela celebran el memorándum del presidente Donald Trump, en el que se destaca la cooperación del gobierno interino de Delcy Rodríguez en el combate contra el tráfico de drogas, incluyendo la entrega de cabecillas, en República Dominicana hay quienes comienzan a mirar para los lados.
República Dominicana y sus autoridades tendrán que hablar claro y decirle al país, y a la comunidad internacional, cuál es su papel en el combate real contra el tráfico de drogas y sus conexiones.
Washington acaba de poner sobre la mesa un problema que aquí no se puede barrer debajo de la alfombra.
El informe de la administración Trump, ya remitido al Congreso en Washington, coloca a República Dominicana junto a otras 22 naciones en una situación que obliga a prestar atención.
La problemática del narcotráfico es peligrosa para nuestra nación. Y si la situación continúa como va, existe el riesgo de que se afecte la cooperación estadounidense en la «lucha» contra las drogas. Y entonces… ¡nos jodemos!
Lo mejor que pueden hacer las autoridades dominicanas —y ojo con esto— es perseguir y entregar a la justicia, conforme a la ley y con las debidas pruebas, a todos los capos o supuestos capos, de todos los colores y tamaños, que pudieran estar operando en territorio dominicano.
Porque si desde Washington existen cuestionamientos sobre personas que República Dominicana estaría “escondiendo” o “protegiendo”, las autoridades tienen una obligación elemental: hablar, investigar y demostrar con hechos qué es verdad y qué es cuento.
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Pero, además, se dice que el país de Duarte, Sánchez, Mella y Luperón se niega a entregar a la justicia del Tío Sam a determinados acusados.
Si esos señalamientos fueran ciertos, entonces el problema no sería un simple dolor de cabeza: sería un ciclón batatero entrando por la puerta grande. Bueno… ¡tamo feo pa’ video y descricajado pa’ la foto!
Y que no vengan a contarnos novelitas, cuentecitos ni historietas. Ya todo está dicho. Lo dijo Trump. Y Ya el país no está para cuentos.
Aquí hacen falta explicaciones, pruebas y resultados. Porque con el narcotráfico no se juega… y mucho menos cuando Washington prende la luz roja.
Y hablando de delincuencia, pareciera que la ola de asaltos y despojos en las vías públicas camina de la mano con el incremento de las denuncias sobre microtráfico.
El problema no se resuelve cazando solamente al mosquito, mientras se deja abierto el zafacón.
Hay que atacar las estructuras, el dinero, las armas, los puntos de distribución y las redes que permiten que el negocio continúe.
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Presidente Luis Abinader, por Dios, ¡actúe! No permita que la delincuencia le gane la batalla al Gobierno ni que los problemas cotidianos terminen convirtiéndose en una costumbre nacional.
Porque este país está feo. Y no es por cuento, es por:
- Inseguridad.-
- Precios de los alimentos por las nubes.
- Productos agrícolas con precios récord.
- Deficiencias en los hospitales.
- Medicamentos carísimos.
- Escasez de agua.
- Apagones y facturas eléctricas que llegan pesadas.
- Caos en el tránsito.
- Combustibles por las nubes.
- Denuncias sobre deficiencias en el sistema escolar.
- Y, para colmo, denuncias sobre la calidad del desayuno escolar.
Mientras tanto, el ciudadano común sigue haciendo malabares para llegar a fin de mes.
¡Auxilio, Presidente! ¿Quién podrá salvarnos? Porque aquí ya no basta con discursos, estadísticas ni explicaciones de oficina.



