PICANTE

¡La Policía se descascara! Descontento adentro, desconfianza afuera

Acusados de robar televisores se sacaron el premio mayor... ¡Visados pa’ su casa!

Mientras las ejecuciones y los escándalos siguen golpeando a la Policía, oficiales cuestionan una reforma que, según dicen, nadie les explica. En tanto que la ciudadanía reclama una institución del orden con resultados y credibilidad.

Buenos días…

Los predios de la Policía Nacional siempre están calientes. Parece que se reinició la «zafra», en idioma barrial, las ejecuciones.

Y que nadie venga ahora con el cuento de que todo está bajo control. Cuando uno conversa con oficiales serios, honestos y con años de servicio —que los hay, y muchos— aparece una coincidencia preocupante… no saben explicar en qué consiste realmente la llamada reforma policial. ¡Ahí está el detalle!

Una reforma que no entiende el policía que está en la calle difícilmente puede llamarse reforma. Ellos entienden que la reforma es para mejorar, no para golpear.

Y ojo con esto… son decenas los oficiales que quieren abandonar la institución y están reclamando algo que, después de tantos años de servicio, entienden que les corresponde: su retiro.

Dicho en lenguaje de barrio: eso es peligroso para la salud de la institución. Porque cuando quienes llevan años poniéndose el uniforme comienzan a hacer fila para quitárselo, hay que preguntar qué está pasando. La verdad es que el descontento interno parece ser grande. Muy grande.

La Policía transita por un camino complicado: malestar por dentro, desconfianza por fuera y una credibilidad que se viene erosionando. Presidente Luis Abinader, ojo con esa situación.

Y entonces vuelve la pregunta que nadie debería esquivar: ¿Y la reforma policial, qué? ¿Qué ha logrado realmente el comisionado después de más de dos años en ese cargo?

Que lo diga la ministra de Interior y Policía, Faride Raful. Que haga el balance. Que presente resultados. No discursos. Resultados.

Por ejemplo que responda:

  • ¿Cuántos policías han sido profesionalizados?
  • ¿Cuánto ha mejorado la investigación criminal?
  • ¿Cuánto se ha reducido la delincuencia?
  • ¿Cuánto ha mejorado la disciplina interna?
  • ¿Cuánto ha recuperado la Policía la confianza ciudadana?

Porque hasta donde se observa desde la calle, los cambios más visibles de la llamada reforma parecen reducirse al uniforme nuevo y la presencia de asesores extranjeros. 

Y aquí aparece otro asunto que merece transparencia. Se comenta que el comisionado policial, un exoficial colombiano retirado con rango de general, recibe una remuneración superior a RD$2.3 millones mensuales. 

Si esa cifra es correcta, que se confirme oficialmente. Porque si alguien cobra semejante cantidad de dinero de los contribuyentes, lo menos que puede exigirse es que presente una hoja de resultados que esté a la altura de la factura.

Aquí no estamos hablando de un salario cualquiera. Estamos hablando de dinero público. Por eso la pregunta es simple: ¿Qué resultados puede exhibir después de más de dos años? Que los presente. La ciudadanía tiene derecho a conocerlos. 

Mientras tanto, la institución parece estar perdiendo capas de confianza. La credibilidad está golpeada. Y en la calle se escucha con frecuencia aquella frase que debería preocupar a cualquier jefe policial: “Antes la Policía era más efectiva y más creíble”.

Puede que algunos idealicen el pasado. Es verdad que aquella Policía también tuvo sus problemas, excesos y grandes cuestionamientos. Pero cuando ciudadanos comunes comienzan a comparar el presente con el pasado y concluyen que antes se sentían más seguros, algo anda mal. Y eso no se arregla cambiando uniformes.

Mientras tanto, continúan los cuestionamientos por actuaciones policiales, siguen los episodios de violencia, aparecen escándalos dentro de la institución y se conocen casos que estremecen a la sociedad.

Una reforma policial no puede medirse por la tela del uniforme, el número de asesores extranjeros ni por la cantidad de reuniones celebradas. Se mide por algo mucho más sencillo: una Policía profesional, disciplinada, respetada y capaz de proteger al ciudadano.

Porque, al final, la reforma que no llega a la calle se queda en una oficina. Y la Policía que pierde la confianza de su gente y de la ciudadanía se queda sin su principal arma: la credibilidad.

Y no son inventos. Un policía mata a otro dentro de un destacamento durante una supuesta discusión por un servicio. Un agente es señalado por la muerte de una adolescente de 14 años con quien convivía. Eso no puede venderse como reforma. ¿O sí?

Y en los barrios, la delincuencia sigue haciendo de las suyas. El microtráfico continúa penetrando comunidades y la violencia no parece enterarse de que hay una reforma policial en marcha.

Entonces preguntamos, en buen dominicano: ¿Dónde están los resultados? Porque cambiar el uniforme es fácil. Cambiar la Policía es otra cosa.

Más de cinco años después de anunciada la transformación policial, la ciudadanía tiene derecho a preguntar: ¿Dónde está la reforma que prometieron?

“Guerra avisada no mata soldado, y si lo mata es por descuido”. Un refrán que cae como anillo al dedo en el caso de los 35 televisores “olímpicos” desaparecidos en Bayaguana.

Los acusados de llevarse los 35 televisores de la Villa Olímpica de Bayaguana se sacaron el premio mayor.  Presentación periódica y garantía económica. ¡Pa’ su casa! Y, según el malestar que se escucha en Bayaguana, eso era precisamente lo que muchos esperaban.

Lo que también se comenta es que otros posibles implicados ni siquiera habrían sido tocados por la investigación, mientras circulan versiones sobre la supuesta participación de personas con poder. Ojo: son versiones que deben ser investigadas y comprobadas, no sentencias de culpabilidad.

Pero la pregunta permanece: ¿Dónde están todos los responsables? Porque si desaparecieron 35 televisores, alguien los sacó, alguien los recibió, alguien los transportó y, eventualmente, alguien sabía lo que estaba ocurriendo.

Y en el PRM… ¡el bate está en el aire! Nos comentó un amigo del PRM que Hipólito Mejía y su “poderoso” equipo podrían terminar quedándose con el madero en la mano.

Según nuestro interlocutor, David Collado continúa corriendo hacia la meta sin encontrar, por ahora, un obstáculo capaz de detenerlo.  Y añade que el hombre cuenta con el respaldo de sectores empresariales, incluida la familia Vicini, según afirman sus propios seguidores, además de contar con bendición del Gobierno.

¿Será así? Bueno… la pelota todavía está en juego y falta mucho inning. Pero una cosa sí está clara: En política, el que se duerme en el banco puede despertar cuando ya se llevaron la pelota.

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