PICANTE

Dictaduras al cuello, apagones a oscuras y delincuencia haciendo fiesta

 

De Cuba a Nicaragua y Venezuela llegan mensajes pidiendo libertad; mientras en República Dominicana crecen las quejas por apagones, inseguridad y microtráfico. La pregunta es sencilla: ¿hasta cuándo seguiremos apagando el fuego con gasolina?

Buenos días…

A través de nuestra plataforma, vía mensajes, hemos recibido tres comunicaciones: una desde Miami, otra desde Nicaragua y una tercera desde Venezuela.

Desde Miami, entre otras cosas, nos expresan: “Cuba debe ser liberada del yugo de los comunistas y los dictadores presos y extraditados hacia Estados Unidos”.Desde Nicaragua nos escriben: “En Nicaragua, Ortega y su mujer piensan que este país es una hacienda de su propiedad. Quieren imponer una dictadura tan cruel como la cubana. Y Estados Unidos debe intervenir y llevárselos, como lo hizo con Maduro”.Y desde Venezuela nos dicen: “Los venezolanos queremos libertad, no comerciantes que vendan la riqueza del país. Queremos elecciones, pero que no sean organizadas por los tiranos ni por los discípulos del chavismo. Han acabado con nuestro país y hay que salir de ellos. Estados Unidos y la OEA tienen que dirigir el proceso electoral”. A los cubanos residentes en Miami les decimos: sí, Cuba necesita libertad. Pero no retaliación. No masacre. No persecución. No un baño de sangre. Y mucho menos que una potencia extranjera viole su soberanía.La llamada “ley del talión” no puede convertirse en política de Estado. Cuba necesita abrir las puertas a la democracia, no sustituir una tragedia por otra. Cuba necesita libertad, no venganza. 

A los nicaragüenses: Daniel Ortega y Rosario Murillo parecen estar sembrando su propio destino: el fracaso.Una dictadura puede aguantar un tiempo, puede perseguir, encarcelar, silenciar y controlar instituciones, pero ningún régimen puede pretender eternizarse contra la voluntad de un pueblo.La concentración del poder y el cierre de los espacios electorales son señales de un régimen que le teme hasta a su propia sombra. Y cuando un gobierno comienza a tenerle miedo a las urnas, ya uno sabe por dónde anda el asunto.Y finalmente, Venezuela. La reapertura democrática nadie debería poder detenerla indefinidamente. Confiamos en que, tarde o temprano -y ojalá no sea demasiado tarde-, la democracia vuelva a surgir en la patria de Simón Bolívar. Ese es el sueño de millones de venezolanos.Pero también hay una lección que aprender, pues no basta con sacar una dictadura para después abrirle la puerta a otra disfrazada de democracia.Venezuela necesita elecciones libres, instituciones independientes y un sistema donde el poder cambie de manos por voluntad popular, no por decreto ni por capricho de una cúpula.Y pasando al plano nacional… Se rumora que el servicio eléctrico vuelve a tambalearse. Y cuando la electricidad comienza a cojear, el dominicano ya sabe lo que viene: el bombillo apagado, el inversor trabajando y el bolsillo pagando.No esperemos nada bueno si la tendencia continúa: cada día aparecen más quejas por apagones frecuentes y prolongados. La situación comienza a parecerse a otros servicios públicos que han terminado convertidos en dolores de cabeza permanentes. ¿La razón? Deficiencias administrativas, falta de planificación y, sobre todo, inversiones que no siempre llegan cuando deben llegar.Y cuando la administración falla, la factura la paga el pueblo. Porque aquí nadie se queda sin pagar… aunque se quede sin luz. Presidente Luis Abinader, ojo con ese servicio eléctrico. Los apagones tienen hartos a los barrios y, para colmo, la tarifa eléctrica está por las nubes. Eso provoca una combinación explosiva: se va la luz y no se va la factura. Y eso, en buen dominicano, no luce bien. En materia eléctrica, este Gobierno también tiene una tarea pendiente. Hemos pasado de circuitos que ofrecían servicio prácticamente continuo a sectores que hoy denuncian apagones frecuentes y prolongados, algunos de 10 o más horas. Eso no es cambio. Eso es retroceso.  Porque no hay modernidad con el pueblo a oscuras.

Otra vez la ciudadanía está alarmada por la inseguridad, la violencia y las denuncias de abusos y maltratos policiales.Recibimos diariamente denuncias sobre asaltos, despojos y robos.  Presidente Abinader, ¿qué está pasando? La ciudadanía necesita respuestas, no discursos ni figureo. Necesita seguridad en las calles, no explicaciones después de que ocurren las tragedias. Y desde Santiago, San Francisco de Macorís, Santo Domingo Norte, Santo Domingo Oeste, Santo Domingo Este, la parte norte del Distrito Nacional, Los Alcarrizos y La Romana, llueven las denuncias sobre el incremento del microtráfico.Aquí va una sugerencia para la Dirección Nacional de Control de Drogas (DNCD): Hay que atacar la base sin descuidar el tronco. Hay que enfrentar el microtráfico, sí; pero sin descuidar el tráfico mayor.

A los pequeños, pero también a los grandes. A los que venden en la esquina y a los que mueven la mercancía por arriba. Porque si se corta solamente una rama, el árbol vuelve a retoñar. Y mientras tanto, los barrios siguen pagando la factura de la inseguridad. ¡Al que le pique, que se rasque!

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