PICANTE

Bukele sacó las muñecas de acero y en Haití los pandilleros comenzaron a recular

 

Mandó tropas a buscar a cuatro salvadoreños, mientras otros gobiernos se refugian en discursos. Y ojo: en El Salvador llenó las cárceles de pandilleros, no los cementerios de detenidos.

 

Buenos días…

Nayib Bukele parece haber enviado un mensaje que en Haití entendieron rapidito. ¡A los salvadoreños no se los lleva cualquiera!

Cuatro técnicos aeronáuticos salvadoreños desaparecieron después de un ataque criminal y Bukele decidió que la respuesta no sería simplemente una conferencia de prensa. Mandó tropas a Haití.

El presidente que enfrentó a las pandillas en El Salvador ahora está plantado frente a las bandas haitianas con sus famosas muñecas de acero.Y resulta que los mismos grupos criminales que durante años han mantenido a millones de haitianos bajo el miedo, ahora comienzan a deslindarse y a decir que ellos no tienen nada que ver con los salvadoreños. ¡Qué casualidad!Especialmente cuando sobre determinadas organizaciones criminales haitianas pesa la designación de terroristas por parte de Estados Unidos.Bukele no está diciendo que va a conquistar Haití. Está diciendo algo mucho más sencillo: “Los míos tienen que aparecer.”Y esa determinación, guste o no guste, merece ser observada. Porque cuando un Estado abandona el miedo y enfrenta al criminal, el criminal comienza a mirar por encima del hombro. Y ahí es que se pone bueno el asunto.¡Y ojo con este detalle! Bukele, en El Salvador, no controló a los delincuentes aplicando un supuesto código 29, ni ejecutando muchachitos de 16, 17, 18 y 20 años. Su estrategia fue perseguirlos, capturarlos y llenar las cárceles de forajidos. Y ahí está el detalle.La respuesta del Estado fue recuperar el control frente a las pandillas, no convertir la muerte del detenido en una supuesta solución policial.

Tal y como prometimos, aquí tienen algunos de los problemas del país:

1. Inseguridad ciudadana: robos, asaltos, homicidios, violencia en los barrios y temor a salir a las calles.

2. Altos precios de los alimentos: encarecimiento de la canasta básica, que reduce el poder adquisitivo de las familias.

3. Apagones y deficiencias eléctricas: interrupciones del servicio, pérdidas para los negocios y cuestionamientos sobre la calidad del suministro.

4. Escasez de agua potable: comunidades que reciben el servicio de manera irregular y hogares obligados a comprar camiones de agua.

5. Deficiencias en los hospitales públicos: falta de medicamentos, equipos, camas, personal y dificultades para obtener atención oportuna.

6. Altos precios de los combustibles: impacto de la gasolina, el gasoil y el gas en el transporte, la producción y el costo de la vida.

7. Desempleo e informalidad laboral: personas sin trabajo estable y trabajadores sin seguridad social ni protección suficiente.

8. Bajos salarios frente al costo de la vida: ingresos que no alcanzan para cubrir alimentación, vivienda, transporte, educación y salud.

9. Deficiencias en la educación pública: problemas de calidad educativa, infraestructura, aprendizaje, transporte y condiciones en algunos centros escolares.

10. Corrupción administrativa y falta de transparencia: cuestionamientos sobre el manejo de recursos públicos, las contrataciones y la rendición de cuentas.

11. Pobreza y desigualdad social: familias que no logran cubrir sus necesidades básicas, mientras persisten diferencias en las oportunidades económicas.

12. Deficiencias en el transporte público: servicio insuficiente en algunas rutas, vehículos en malas condiciones, congestionamiento y dificultades para trasladarse.

13. Caos en el tránsito y accidentes viales: tapones, conducción imprudente, motocicletas sin suficiente control y elevado riesgo en las vías.

14. Narcotráfico y consumo de drogas: circulación de sustancias ilícitas, expansión de redes criminales y consecuencias para las comunidades y las familias.

15. Migración irregular y debilidades en el control fronterizo: desafíos de vigilancia, documentación, seguridad y cumplimiento de las leyes migratorias.

16. Déficit de viviendas dignas: hogares en condiciones precarias, hacinamiento y dificultades para acceder a una vivienda asequible.

17. Deterioro del drenaje pluvial y las calles: inundaciones recurrentes, hoyos, vías deterioradas y obras que no resuelven de manera definitiva los problemas.

18. Deficiencias en la recogida y disposición de la basura: acumulación de residuos, vertederos improvisados y contaminación de espacios públicos.

19. Violencia de género y feminicidios: agresiones contra mujeres, violencia intrafamiliar y dificultades para prevenir y atender a tiempo las denuncias.

20. Debilidad de los servicios públicos y de la rendición de cuentas: burocracia, lentitud en los trámites, respuestas insuficientes a los reclamos ciudadanos y falta de seguimiento a compromisos institucionales.

Y todavía faltan más.

En cambio, los cambios verdaderamente favorables para la sociedad, reiteramos, se pueden contar con los dedos de una mano… ¡y todavía sobran seis dedos! 

¡Qué barbaridad! Problemas para repartir y soluciones que no alcanzan ni para una muestra!

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba
WordPress Lightbox