OPINION

Duvalier, el vudú y un poder heredado

Por Augusto Álvarez

Aquel médico de origen humilde, que luchó contra las limitaciones económicas para convertirse en profesional, encontró en las zonas más pobres y olvidadas de Haití algo más poderoso que la medicina: el vudú.

Allí aprendió a utilizar las creencias populares como instrumento de control político, logrando una influencia extraordinaria sobre amplios sectores de la población.

Apoyado en el terror de los temidos Tonton Macoute y en el respaldo de las Fuerzas Armadas, François Duvalier, conocido como «Papa Doc», instauró una de las dictaduras más férreas y sanguinarias de América Latina.

Su régimen convirtió a Haití en un feudo familiar donde la represión, el miedo y el culto a la personalidad se impusieron durante casi tres décadas.

A su muerte, en 1971, con apenas 64 años, dejó el poder en manos de su hijo, Jean-Claude Duvalier, quien contaba apenas con 19 años de edad. «Baby Doc» heredó no sólo la Presidencia, sino también una estructura de corrupción, privilegios y persecución política que marcó a toda una generación de haitianos.

¿Qué decir de Jean-Claude Duvalier? Que confirmó el viejo refrán: hijo de gato caza ratón. Sin embargo, careció del liderazgo y la astucia política de su padre. Su gobierno se caracterizó por el despilfarro, la corrupción y una creciente desconexión con las penurias de un pueblo sumido en la pobreza extrema.

La caída de los Duvalier no trajo la estabilidad esperada. Al igual que ha ocurrido en otros momentos de la historia de la isla, Haití entró en un prolongado período de incertidumbre política. Más de una veintena de presidentes, gobiernos provisionales, juntas militares y administraciones civiles han pasado por el poder sin lograr encaminar definitivamente a la nación.

Hoy, la crisis haitiana parece no tener fin. Los esfuerzos de la comunidad internacional chocan una y otra vez contra la realidad de las pandillas armadas, que ejercen el verdadero poder en gran parte de Puerto Príncipe y controlan alrededor del 80 % del territorio de la capital.

Mientras tanto, las cifras de asesinatos, secuestros, desplazamientos y hambre continúan creciendo. La miseria avanza al mismo ritmo que la desesperanza, y millones de haitianos siguen esperando la llegada de un salvador que, como el Chapulín Colorado, aparezca cuando ya parece que no queda ninguna salida.

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