INTERNACIONALES

¡Puerto Rico se seca! Apagones y tuberías rotas agravan crisis del agua

La isla enfrenta una de sus peores crisis de agua potable en décadas. Más de 100 días sin servicio en algunas comunidades, embalses en niveles críticos, pérdidas millonarias por fugas y una infraestructura envejecida han obligado al Gobierno a declarar el estado de emergencia. Mientras las autoridades prometen soluciones, miles de familias viven con la incertidumbre de abrir el grifo... y no encontrar una sola gota.

Especial para RI

SAN JUAN, Puerto Rico 

Puerto Rico enfrenta una emergencia que va mucho más allá de la falta de lluvia. La escasez de agua potable que golpea a la isla es el resultado de una tormenta perfecta: años de escasa inversión, infraestructura deteriorada, pérdidas masivas de agua por tuberías obsoletas, fallas operacionales y una severa sequía que ha reducido los niveles de los principales embalses.

El deterioro de la situación obligó al Gobierno de la gobernadora Jenniffer González a declarar el estado de emergencia y activar recursos extraordinarios, incluida la Guardia Nacional, para asistir a las comunidades más afectadas mediante la distribución de agua potable.

Más de 100 días sin agua

En sectores de San Juan la crisis dejó de ser una emergencia temporal para convertirse en una forma de vida.

Vecinos del barrio Machuchal y de la calle Loíza contabilizan más de 100 días sin servicio de agua durante este año. La interrupción del suministro ha sido tan frecuente que, para muchos residentes, conseguir agua se ha convertido en una rutina diaria.

Familias almacenan agua en galones, cisternas improvisadas y tanques plásticos para cocinar, bañarse, limpiar y realizar las tareas más básicas.

Quienes pueden permitírselo invierten miles de dólares en sistemas privados de almacenamiento y bombeo. Quienes no tienen esos recursos dependen de camiones cisterna o de la solidaridad entre vecinos.

Una infraestructura al borde del colapso

Especialistas coinciden en que la sequía solo aceleró un problema que lleva años gestándose.

La red de distribución de la Autoridad de Acueductos y Alcantarillados (AAA) pierde diariamente millones de galones debido a tuberías deterioradas, filtraciones y «salideros» que nunca fueron reparados oportunamente.

Parte de esa agua termina convirtiéndose en lo que los informes oficiales denominan «agua no facturada», pérdidas que representan alrededor de 98 millones de dólares al año.

A ello se suma el deterioro de plantas de tratamiento, estaciones de bombeo y acueductos cuya modernización fue postergada durante años debido a la prolongada crisis fiscal que atraviesa Puerto Rico.

La sequía agrava la emergencia

La falta de precipitaciones terminó por agravar un sistema que ya operaba bajo presión.

Embalses estratégicos como Carraízo y Cidra registran niveles reducidos, obligando a las autoridades a aplicar ajustes operacionales y evaluar racionamientos parciales en distintos municipios.

De acuerdo con datos del Monitor de Sequía de Estados Unidos, cerca del 85 % del territorio puertorriqueño presenta condiciones de sequía moderada o severa.

Acusan mala administración

La crisis también ha abierto un intenso debate político.

Organizaciones comunitarias sostienen que parte del problema responde a errores en la operación del sistema hidráulico.

Residentes agrupados en el movimiento Exigimos Agua denuncian que cambios administrativos dentro de la AAA provocaron deficiencias en el manejo manual de válvulas que regulan la distribución del agua en varias comunidades de San Juan.

Las críticas llegaron incluso a los tribunales.

El alcalde de San Juan, Miguel Romero, presentó acciones legales contra la AAA para exigir soluciones permanentes ante las constantes interrupciones del servicio.

Por su parte, el presidente ejecutivo de la corporación, Luis González, reconoce el desgaste de la infraestructura y sostiene que muchas de las obras de mantenimiento debieron ejecutarse hace años.

Miles de millones pendientes

El Gobierno asegura que ya están en marcha o en planificación proyectos de infraestructura que superarían los 7.000 millones de dólares, destinados a modernizar acueductos, plantas de tratamiento y redes de distribución.

Sin embargo, expertos advierten que esas inversiones tardarán años en producir resultados, mientras la población continúa enfrentando interrupciones diarias.

Agua y electricidad: una doble crisis

La emergencia hídrica ocurre mientras Puerto Rico continúa padeciendo frecuentes apagones eléctricos.

Ambos problemas tienen un origen similar: décadas de falta de inversión, infraestructura envejecida y mantenimiento insuficiente.

Sin electricidad, muchas estaciones de bombeo dejan de operar con normalidad, complicando aún más el suministro de agua potable y aumentando la vulnerabilidad de hospitales, comercios y comunidades enteras.

No todo es por sequía

Lo que ocurre en Puerto Rico no puede atribuirse únicamente a la sequía.

Las altas temperaturas y la escasez de lluvias aceleraron una crisis que llevaba años incubándose bajo tierra, en kilómetros de tuberías deterioradas, plantas envejecidas y proyectos que fueron pospuestos por restricciones presupuestarias y problemas administrativos.

La situación pone en evidencia que la seguridad hídrica depende tanto del clima como de la capacidad de los gobiernos para invertir, mantener y modernizar servicios esenciales.

Mientras miles de puertorriqueños hacen largas filas para conseguir agua o dependen de camiones cisterna para sobrevivir, la isla enfrenta un desafío que trasciende la emergencia actual: reconstruir un sistema vital antes de que la combinación de sequía, cambio climático y deterioro de la infraestructura convierta una crisis temporal en una condición permanente.

Hoy Puerto Rico no solo lucha contra la falta de lluvia. También enfrenta las consecuencias acumuladas de años de abandono, una realidad que deja una pregunta incómoda: ¿cuántas emergencias más necesitará la isla antes de que el agua deje de ser un privilegio y vuelva a ser un servicio garantizado para todos?

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