La «victoria» de Estados Unidos sobre Irán es idéntica a la de Vietnam

La maquinaria publicitaria de las administraciones políticas norteamericanas está diseñada con una eficacia extraordinaria para moldear percepciones y, en muchos casos, para engañar.
Lo honesto habría sido reconocer que la presión interna de la sociedad estadounidense, frente a un adversario muy distinto al que enfrentó en Libia y otros escenarios de la región, forzó a Donald Trump a atribuirse victorias al estilo Rambo. Claro está, en el cine; porque en la vida real, juzgue usted.
Diversas águilas sobrevolaron el territorio iraní tratando de localizar a los altos mandos de la nación islámica. Sin embargo, los esfuerzos resultaron infructuosos para la inteligencia del Tío Sam. A pesar de las bombas y de la superioridad tecnológica exhibida, lo que finalmente llegó fue una débil firma de alto al fuego, y la llamada «paz» terminó imponiéndose.
La administración Trump, probablemente, se dejó arrastrar por Israel y no supo diferenciar entre la compleja realidad de un persa y la de un árabe.
Para la inteligencia estadounidense, escudriñar los cielos de Irán debía permitir la localización de los centros de mando en Teherán. Sin embargo, fallaron en ese objetivo.
No obstante, la firme determinación de Irán, coincidiendo con la creciente presión interna dentro de Estados Unidos, terminó forzando el cierre de la confrontación entre Washington y Teherán. Mientras tanto, quienes aman la vida y rechazan el exterminio celebran este desenlace y reafirman su fe en el futuro.



