OPINION

RD: Radiografía de un cuerpo social tomado por la corrupción

 

Empezar por el Estado. Porque ahí nace todo.

1. Funcionarios corruptos: El cargo público no se asume para servir. Se asume para cobrar. Ministro, director, encargado, hasta el conserje tiene “su vuelta”.

La nómina no paga trabajo. Paga lealtad. Los concursos son teatro. Las compras son grado a grado. Las auditorías se negocian. Cada 4 años cambian los nombres, pero no el método. El Estado es una finca y el presupuesto es la cosecha.

2. Políticos corruptos: Los partidos dejaron de ser ideología. Son empresas de inversión. Meten US$50 millones en campaña para sacar US$500 millones en contratos. El diputado no legisla. Gestiona. El senador no fiscaliza. Cobra. El alcalde no limpia. Asfalta con sobreprecio. Y todos se tapan, porque todos saben dónde están los cadáveres. La oposición de hoy es el gobierno de mañana, y el expediente que hoy engavetan es el mismo con el que negocian después.

3. Justicia corrupta: El que roba una gallina dura 3 años preso. El que se roba un ministerio dura 3 años en investigación y sale “por falta de pruebas”. El expediente se vende, la sentencia se negocia, la mora es el negocio. El fiscal lo pone el Presidente. El juez lo pone el Senado. El que investiga hoy, será investigado mañana. Por eso nadie cae. 2 condenas por corrupción en 20 años. Eso no es justicia. Es complicidad.

4. Empresarios corruptos: No hay corrupto sin corruptor. El empresario paga el soborno para ganar la obra, luego sobrevalúa 40% para recuperar y ganar. Paga campaña a todos los partidos, así no pierde. Evade impuestos, pero exige seguridad jurídica. Se queja de la corrupción en privado, y la financia en público. El sector privado no es víctima. Es socio.

5. No hay formación para prevenir esas taras: Y aquí está la raíz. No se enseña ética, se enseña “búsqueda”. En la casa el niño ve que el papá “resuelve” con el AMET. En la escuela no hay cívica, hay fecha patria para no dar clases. En la universidad el profesor vende el examen. En la iglesia el pastor pide “pacto” para el diezmo. Formamos gente que sabe que robar al Estado no es robar, porque “eso no es de nadie”. Por eso el ciclo se repite.

Les citaré esto:

En una ocasión, hace como un año, Solidaridad Internacional Inc., que presido, organizó un solemne acto de Reconocimiento y Exaltación de Figuras Decollantes, puras, buenas de RD y Región del Caribe, algunos ya fallecidos. Fue un evento élite y muy concurrido, realizado en el salón principal de la Biblioteca Pedro Henríquez Ureña, en la Plaza de la Cultura, Santo Domingo. Preparamos un brindis especial con productos típicos del país, mayormente de la Región Sur. Esos pergaminos los firmaba, Plinio De Oleo, Dr. Cruz Jiminián, Ramón Alburquerque y Bertha Jiménez, por el Instituto Duartiano of Massachusetts, EEUU.

Un funcionario del área de asistencia social del gobierno recibiría un pergamino por su labor en favor de familias pobres afectadas con inundaciones de tormentas. Este pidió invitar 8 pastores o líderes sociales de barrios de la capital. Pues sorpresa: ese funcionario politiquero, desafiando el orden, el protocolo y la seguridad, infiltró ese evento con lúmpenes, borrachitos y ladrones. Se robaron todo. Picaderas, hasta los termos con el café. Los militares no pudieron evitar esos desmanes. Ese funcionario, con oficina cercana a ese entorno, ni respondió ni nada. Y todos se identificaron como seguidores e invitados por él. Aplaudieron cuando mencionaron su nombre.

Pero escuchen esta más reciente: En un acto social de una conocida pareja, muy allegados a mí, en un evento bien organizado, selecto público, local histórico Zona Colonial. Allí había arte, historia y cosas lindas de la vida, unidos sanamente. Pues lo mismo: parte de los mozos, o servidores contratados para atenciones a los asistentes, se robaron cosas valiosas y dañaron un acto familiar.

Me informan que eso está sucediendo en todas partes. Robos y deshonestidad colectiva y por doquier. Se dañó RD.

¿Para qué organizamos esos reconocimientos? Para demostrar que sí hay gente decente. Que no todo está podrido. Que hay médicos que curaron sin cobrar, maestros que enseñaron sin botella, jueces que no se vendieron, comunitarios que dieron la vida sin salir en prensa. Pero esos no salen en portada. No dan contratos. No ponen vallas. Por eso el país cree que ser honesto es ser pendejo.

Mientras la decencia sea anécdota y la corrupción sea sistema, no hay Defensor del Pueblo, ONU u OEA que valga. Porque el cáncer no está solo en el Palacio. Está en la calle, en la casa, en la cabeza.

Y un cuerpo social que premia al ladrón y aísla al honesto, ya decidió de qué quiere morir.

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