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¡El tránsito se fue a pique! RD atrapada en un tapón permanente

Calles ocupadas, doble parqueo, talleres sobre las aceras, vehículos pesados en vías estrechas y una vigilancia que aparece por ratos convierten el Gran Santo Domingo y otras ciudades en una gigantesca trampa vial.

PRIMERA PARTE 

Por Augusto Álvarez

En la República Dominicana, salir a la calle en un vehículo se ha convertido, en muchas ocasiones, en una prueba de paciencia.

El tránsito es un verdadero caos y la sensación que domina a conductores y pasajeros es que los famosos “tapones” dejaron de ser una emergencia ocasional para convertirse en parte de la vida cotidiana.

En el Gran Santo Domingo, la situación alcanza niveles preocupantes, pero el problema no es exclusivo de la capital. Santiago, San Cristóbal, La Vega, San Pedro de Macorís, La Romana, Baní, San Francisco de Macorís y otras ciudades importantes también padecen congestionamientos, calles obstruidas, estacionamientos indiscriminados y una falta de orden que termina pagando el ciudadano.

Y aquí viene la pregunta incómoda: ¿realmente el tránsito dominicano no tiene solución?

La respuesta debería ser no.

El problema puede enfrentarse, pero hace falta algo que parece escaso en las calles: autoridad, planificación y voluntad para hacer cumplir las reglas. La Ley 63-17 existe, pero una legislación que no se aplica con firmeza termina convertida en un documento más.

El parqueo donde a cualquiera le da la gana

Uno de los principales enemigos del tránsito es el estacionamiento indiscriminado. Vehículos estacionados en avenidas y calles de intenso movimiento reducen la capacidad de circulación y provocan congestionamientos que rápidamente se extienden a varias cuadras.

Pero hay algo todavía peor: el parqueo sobre las aceras.

El peatón termina obligado a lanzarse a la calle porque automóviles, camionetas y otros vehículos han convertido las aceras en estacionamientos privados. ¿Y quién defiende al peatón? Muchas veces, nadie.

A esto se suma la ocupación de calles y aceras para instalar negocios, talleres improvisados y establecimientos que prácticamente se apropian del espacio público. En algunos sectores, parece que las vías pertenecen a quien primero coloca una mesa, una mercancía, una motocicleta o un vehículo.

Y aparece el clásico doble parqueo, esa práctica mediante la cual un conductor decide que los demás pueden esperar porque él “solo va un momentico”.

Ese “momentico” puede convertirse en veinte minutos de tapón.

Talleres en plena calle y chatarras abandonadas

Otro espectáculo cotidiano es encontrar talleres, especialmente de motocicletas, instalados prácticamente en las aceras o frente a negocios de repuestos.

Las motocicletas ocupan espacios destinados al tránsito peatonal y vehicular, mientras herramientas, piezas y otros objetos terminan invadiendo la vía pública.

A esto se agregan las chatarras abandonadas durante semanas o meses, ocupando espacios que deberían estar disponibles para la circulación.

El resultado es sencillo: cada metro de calle que se pierde termina multiplicando el congestionamiento.

Camiones donde apenas cabe un automóvil

También está el tránsito de vehículos pesados por calles estrechas, una combinación que puede convertir una vía relativamente manejable en un estacionamiento colectivo.

Y cuando un camión se detiene para descargar mercancías en plena hora pico, comienza el espectáculo: vehículos detrás, conductores tocando bocina, motociclistas intentando colarse por cualquier espacio y peatones buscando cómo sobrevivir a la situación.

Lo mismo ocurre con los camiones recolectores de basura que circulan por determinadas calles durante las horas de mayor movimiento.

Una pregunta sencilla debería hacerse: ¿por qué no organizar la recolección de desperdicios en horarios de menor circulación, especialmente durante la madrugada, cuando las condiciones lo permitan?

En muchas ciudades, la planificación de los servicios públicos toma en cuenta el comportamiento del tránsito. Aquí, demasiadas veces, parece que cada institución trabaja por su lado.

Y mientras unos recogen basura, otros intentan circular; el resultado es el mismo: otro tapón.

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