¡El oro que no se llevó la minera, ahora brilla en el pecho dominicano!

Por Augusto Álvarez
El poder del deporte dominicano ahora se aprecia con orgullo, colgado en el pecho de nuestros atletas, quienes con esfuerzo, disciplina y talento colocan la bandera nacional en lo más alto de las competencias internacionales.
Y oportuno es señalar que Marileidy Paulino, con sus piernas prodigiosas, se ha convertido en una de las grandes figuras deportivas nacionales, una atleta que nos recuerda que desde los rincones más humildes de la República Dominicana también pueden surgir gigantes capaces de desafiar al mundo.
Se trata de una joven deportista de Don Gregorio, Nizao, Baní, que, al igual que otros grandes atletas dominicanos, sitúa a la nación en el escenario internacional entre quienes saben competir, luchar y conquistar.
Y hay una curiosa comparación: ese oro que se escapó de las garras de la minera extranjera que perfora el subsuelo de Cotuí terminó multiplicándose, de otra manera, en el pecho de nuestros atletas. El oro deportivo no se extrae de las entrañas de la tierra: se conquista con piernas, brazos, disciplina, sacrificio y voluntad.
El Estado invierte recursos en la formación de atletas en distintas disciplinas. Sin embargo, al final del camino, y como ocurre en muchos países, algunos de nuestros deportistas más destacados terminan buscando mejores oportunidades fuera de la República Dominicana. La visa llega, se abren otras puertas y, como dicen en el barrio, ¡espantan la mula!
La llamada deserción deportiva termina convirtiéndose, muchas veces, en una salida económica ante la falta de oportunidades y condiciones adecuadas para continuar desarrollando el talento nacional. Los ejemplos sobran.
Pero, pese a todo, el orgullo dominicano se levanta cada vez que nuestros atletas suben al podio. Alcanzar 30 medallas de oro constituye una hazaña que merece reconocimiento.
El oro que no salió de Cotuí, ni terminó en las bóvedas de una minera extranjera, hoy también puede encontrarse en el pecho de nuestros atletas.
¡Ese oro sí es dominicano!



