El presidente Bukele, ¿represión y seguridad?

Observamos una manifestación donde la seguridad pareció ocultar la represión contra la delincuencia atribuida a las maras salvatruchas.
Y se nos ocurre decir que, en la represión impulsada por Bukele —¿odiosa y necesaria?—, nos enfocamos en la búsqueda de cadáveres, de víctimas a manos de las fuerzas represivas.
Naturalmente, el modelo de represión instalado por la administración del presidente Nayib Bukele consiste en limpiar las calles de pandilleros y sembrarlas en una prisión, en la cual quién sabe si algún tecnicismo legal posibilitará su regreso con vida a la sociedad.
Ignoramos el accionar de la justicia en El Salvador; sin embargo, se trata de una modalidad atípica de enfrentar la delincuencia extrema.
Se dice que en Pulgarcito, las maras llegaron hasta donde los anteriores gobernantes permitieron, y la reacción de los salvadoreños, evidentemente, favorece vivir en una sociedad donde la delincuencia ha sido brutalmente golpeada.
Y, extrañamente, la seguridad en el entorno presidencial no se advierte como en otras naciones, donde los uniformes constituyen el blindaje de la primera figura en representación del Estado.
Es posible que los prisioneros acusados de ser delincuentes mareros, de hecho, estén condenados a perpetuidad, o que añoren el final de la administración Bukele. No obstante, aún en las condiciones en que están en prisión… siguen respirando.



