¿Hasta cuándo tendremos que pagar por servicios que no recibimos?

Por Margarita de la Rosa
Hoy escribo con indignación, frustración y un terrible dolor de cabeza. No he dormido. He pasado la noche en vela, matando mosquitos, soportando el calor y mirando las horas pasar, mientras pienso en todas las responsabilidades que me esperan durante el día.
Saldré a la calle como un zombi, porque una brigada de Edesur decidió ayer intervenir el panel de los contadores eléctricos y, desde las diez de la mañana, mi hogar quedó sin energía.
¿Qué hicieron? ¿Qué repararon? ¿Qué dañaron? No lo sé. Lo que sí sé es que perdí la cuenta de las llamadas realizadas a la empresa sin conseguir que me restablecieran el servicio.
Y mientras yo paso una noche miserable, mi factura eléctrica, lejos de disminuir, prácticamente se ha duplicado.
¡Qué maravilla de servicio! Pagamos cada vez más para recibir cada vez menos.
Pero mi indignación no se limita a una noche sin electricidad. Lo ocurrido es apenas una muestra de una realidad que viven numerosos hogares dominicanos: el deterioro de servicios públicos esenciales y la carga económica, física y emocional que termina soportando el ciudadano.
Tenemos que comprar inversores, baterías y plantas eléctricas para enfrentar los apagones. Y ni siquiera con esos equipos conseguimos tranquilidad. Ahora la nueva esperanza son los paneles solares. Es decir, seguimos invirtiendo dinero para suplir las deficiencias de un servicio por el que ya pagamos mensualmente.
Con el agua ocurre exactamente lo mismo.
Construimos cisternas, instalamos tinacos, compramos bombas de presión y, aun así, terminamos pagando camiones de agua para poder bañarnos, lavar y mantener nuestros hogares. Ahora nos hablan de construir pozos como alternativa.
¡Pero qué país estamos construyendo, donde cada familia tiene que convertirse en su propia compañía eléctrica y su propio acueducto!
Y aquí surge una pregunta que me golpea todavía más: ¿qué ocurre con quienes no tienen dinero para comprar un inversor, instalar paneles solares, construir una cisterna o pagar un camión de agua?
¿Acaso esas familias tienen menos derecho a vivir dignamente?
En mi caso, también están los alimentos que se han dañado en la nevera. ¿Quién responde por esas pérdidas? ¿Quién me devuelve las horas de sueño? ¿Quién compensa el agotamiento con el que tendré que enfrentar mis compromisos?
Las lluvias, además, incrementan la proliferación de mosquitos. Sin electricidad, sin ventilación y sin descanso, una noche puede convertirse en un verdadero tormento.
Y mientras tanto, escuchamos discursos oficiales sobre avances, inversiones, modernización y mejoras en los servicios.
No niego que puedan existir proyectos e inversiones. Pero una cosa son las cifras que se anuncian desde los despachos y otra muy distinta es la realidad que se vive dentro de los hogares.
El desarrollo de un país no puede medirse únicamente por las grandes obras, los edificios modernos o las estadísticas económicas. También debe medirse por algo tan elemental como abrir una llave y encontrar agua, encender un bombillo y tener electricidad, o acostarse con la tranquilidad de que los alimentos permanecerán refrigerados.
No puede llamarse progreso a una realidad en la que el ciudadano paga la factura, financia la solución y termina cargando también con las consecuencias del mal servicio.
Hoy escribo desde el cansancio de una noche en vela, pero también desde la preocupación por miles de familias que padecen situaciones similares y ni siquiera cuentan con los recursos para buscar alternativas.
Porque el problema no es solamente que se vaya la luz o que no llegue el agua.
El verdadero problema es que estamos comenzando a considerar normal lo que debería ser inaceptable.
Y cuando una sociedad se acostumbra a pagar por servicios que no recibe, mientras sus ciudadanos resuelven por cuenta propia lo que corresponde garantizar a las instituciones, hay algo profundamente equivocado en nuestra idea de desarrollo.
¿Hasta cuándo tendremos que seguir pagando para sobrevivir a las deficiencias de los servicios que ya pagamos?



