¡Las aves cuernudas! Amor eterno de pico para afuera

Los albatros parecen dar una lección de fidelidad, pero la naturaleza guarda sus secretos: parejas estables, infidelidades y pichones que no siempre son hijos del padre oficial.
En las islas perdidas del Atlántico Sur, el albatros protagoniza uno de los rituales más hermosos del reino animal. Se paran pico con pico, bailan durante horas y gritan al cielo. Son considerados un símbolo del amor eterno.
Se emparejan alrededor de los 10 años de edad y, por lo general, mantienen la misma pareja durante toda la vida. Regresan al mismo nido con su compañero, hasta que la muerte los separe. Todo el mundo los aplaude.
Pero hay un detalle: son monógamos sociales, no necesariamente sexuales. Mantienen el hogar en pareja, aunque eso no significa que siempre exista fidelidad.
Cuando la hembra pone su único huevo, uno de los dos debe ausentarse para buscar comida. Puede recorrer miles de kilómetros mar adentro, enfrentando tormentas y condiciones extremas. Sus ausencias pueden prolongarse durante semanas.

La hembra queda en el nido, expuesta al frío y al viento. Y, según los estudios sobre estas aves, en algunas colonias se producen apareamientos fuera de la pareja estable.
Investigaciones genéticas han encontrado pichones cuyo padre biológico no es el compañero social que participa en su crianza. La proporción varía según la especie y la colonia, por lo que no debe generalizarse una cifra única para todos los albatros.
El macho regresa agotado, después de recorrer grandes distancias en busca de alimento. Y puede terminar alimentando y protegiendo a un pichón que no es biológicamente suyo, sin que eso necesariamente destruya la pareja.
¿Por qué siguen juntos? Porque criar un albatros exige un enorme esfuerzo y la cooperación de ambos progenitores sociales aumenta las posibilidades de supervivencia de la cría. Separarse puede tener un costo muy alto.
Así que, en el mundo de los albatros, el compromiso de pareja no siempre equivale a exclusividad sexual.
Juran amor eterno en público y, a veces, se ponen los cuernos en privado. Exactamente como algunos humanos.



