PICANTE

Trump no suelta a los suyos, pero al que huela a narcotráfico le puede soltar la mano

 

El presidente estadounidense defiende sus alianzas según sus intereses políticos y estratégicos, mientras el caso TRAE sigue esperando respuestas por las denuncias de presuntos maltratos a escolares y ahora surgen alegadas amenazas contra quien hizo pública esas denuncias.

 

Buenos días…

Sí, señores, Donald Trump no abandona fácilmente a sus aliados cuando están en juego sus intereses políticos, sus estrategias internacionales o sus conflictos, como ocurre en Oriente Medio.

Pero cuidado, pues una cosa es proclamarse aliado de Trump y otra muy distinta es creer que ese respaldo viene con garantía de por vida.

Porque quienes se le acercan por conveniencia, quienes terminan respaldando sus acciones porque tienen demasiado que perder o quienes creen que la política es un paraguas para protegerse de cualquier escándalo, harían bien en no cantar victoria antes de tiempo.

Y mucho menos quienes hayan sido señalados por presuntos vínculos con el narcotráfico, por servir de protección o por beneficiarse directa o indirectamente de ese negocio criminal. ¡Ahí es donde la política se pone picante! Y caso cerrado… por hoy.

Ahora crucemos el mapa y aterricemos en República Dominicana, donde también hay asuntos que no pueden quedarse debajo de la alfombra.

El comunicador Miguel Mercedes ha denunciado supuestas amenazas atribuidas a un funcionario del Sistema Nacional de Transporte Estudiantil (TRAE), y ha mencionado públicamente su nombre y apellido a través de las redes sociales.

Que quede claro… una denuncia no equivale, por sí sola, a una prueba definitiva. Pero tampoco se despacha mirando hacia otro lado.

Si las amenazas ocurrieron, deben investigarse y establecerse las responsabilidades correspondientes. Si no ocurrieron, también hay que aclararlo con evidencias.

Por eso, el director del TRAE, Luis Felipe Cartagena, debe ofrecer una explicación pública sobre el caso, si está dentro de sus atribuciones, y facilitar las verificaciones correspondientes.

La transparencia no consiste en guardar silencio hasta que el escándalo se enfríe. Consiste en responder, investigar y poner los hechos sobre la mesa.

Pero hay otro asunto todavía más delicado, y es las denuncias sobre presuntos maltratos a escolares en autobuses del TRAE. ¡Señores, estamos hablando de niños!

El transporte escolar no es una finca particular, ni un territorio sin ley, ni un espacio donde cualquier funcionario pueda hacer lo que le venga en gana.

Los menores tienen derecho a recibir un servicio seguro, digno y respetuoso. Por eso, las denuncias deben investigarse con seriedad, escuchar a las familias, revisar las evidencias disponibles y adoptar las medidas que correspondan.

Si hubo maltrato, que se establezcan responsabilidades. Si las denuncias no se sostienen, que se informe con claridad y pruebas.

Lo que no puede ocurrir es que las familias se queden esperando mientras las autoridades se pasan la pelota de una oficina a otra.

¡Con los niños no se juega, y con las denuncias de maltrato tampoco! Y mucho menos respondiendo con amenazas. ¿O es que estamos retrocediendo a la época aquella, de los 12 años de JB?

Quienes tienen bajo su responsabilidad la seguridad de los escolares deben rendir cuentas cuando surgen denuncias graves. 

Así que, director Cartagena, la pelota está en su cancha, que se aclaren las supuestas amenazas y que se investiguen las denuncias sobre el trato a los estudiantes.

Porque el horno no está para galletitas, y mucho menos cuando los que esperan respuestas son los padres y sus hijos.

Y en República Dominicana no hay que inventar, especular, difamar ni injuriar. ¡Qué va!

Los problemas del país son tantos que, si alguien se sienta a enumerarlos, corremos el riesgo de romper un nuevo récord Guinness. En cambio, los cambios verdaderamente favorables para la sociedad se pueden contar con los dedos de una mano… ¡y todavía sobran seis dedos!

¿Qué por qué seis dedos, si una mano tiene cinco? 

¡Ahhh…! Esa respuesta queda pendiente. Al que le pique, que se rasque.

¡Buenos días, y perdone!

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