OPINION

¡Estados Unidos pasa factura a Trump! Guerra, aranceles y bolsillo en las urnas

Las elecciones de medio término colocan al electorado estadounidense ante un escenario marcado por los conflictos internacionales, las sanciones económicas, los aranceles y el creciente costo de la vida, mientras los demócratas buscan convertir los errores de la administración Trump en votos.

 

Los electores de Estados Unidos están llamados a decidir mucho más que quién ocupará un escaño en el Congreso.

En estas elecciones de medio término también estará sobre la mesa la valoración de una administración que ha colocado en el centro de su política exterior la presión económica, los aranceles, las amenazas y una estrategia internacional que sus críticos consideran contraria a la soberanía de otras naciones.

La pregunta es inevitable: ¿quiere el pueblo estadounidense más confrontación, más guerras comerciales y más presión internacional, o está reclamando paz, estabilidad y una política exterior menos agresiva?

Pero el asunto no termina fuera de las fronteras.

El bolsillo de los estadounidenses también vota.

Los precios de los alimentos, el costo de llenar el carrito del supermercado y las dificultades que enfrentan muchas familias para llegar a fin de mes constituyen una realidad que ningún discurso político puede esconder debajo de la alfombra.

El supermercado también tiene memoria

Cuando una familia entra a un supermercado y sale con menos productos por más dinero, no necesita que ningún partido le explique la economía.

La siente directamente en el bolsillo.

Y ahí puede estar uno de los mayores dolores de cabeza para el Partido Republicano.

Porque las elecciones no se ganan solamente hablando de seguridad, inmigración, guerras o grandeza nacional. También se ganan cuando el ciudadano puede pagar la comida, la vivienda, la electricidad y el combustible.

Trump ha defendido una política económica basada, entre otros elementos, en fuertes aranceles para proteger la producción estadounidense.

Sus adversarios, sin embargo, sostienen que esa estrategia termina encareciendo productos y afectando directamente al consumidor.

Al final, será el elector quien determine cuál de las dos versiones considera más convincente.

Los demócratas huelen sangre

Los demócratas han encontrado en los errores y controversias de la administración Trump una oportunidad para recuperar terreno político.

Y no están desperdiciándola.

La batalla de medio término puede convertirse en un plebiscito político sobre el rumbo de la Casa Blanca.

El Partido Republicano necesita defender sus posiciones en un escenario donde cualquier pérdida importante de poder en el Congreso podría convertirse en un serio obstáculo para la administración.

Los demócratas, por su parte, necesitan demostrar que todavía pueden movilizar a un electorado dispuesto a castigar al gobierno en las urnas.

Obama vuelve al terreno de juego

Mientras tanto, el expresidente Barack Obama ha vuelto a recorrer escenarios políticos en respaldo de candidatos demócratas.

Su presencia no es un detalle menor.

Obama conserva una capacidad considerable para movilizar al electorado demócrata y su participación demuestra que los demócratas entienden perfectamente la importancia de estas elecciones.

Trump, por su lado, ha convertido la contienda en una defensa de su proyecto político y de la agenda que llevó nuevamente a los republicanos al poder.

La pelea, por tanto, no es solamente por congresistas.

Es por el control político del rumbo que tomará Estados Unidos durante la segunda mitad del mandato presidencial.

Trump necesita el Congreso

Si los republicanos pierden el control de una o ambas cámaras del Congreso, Trump enfrentaría un escenario político mucho más complicado.

El presidente tendría mayores dificultades para impulsar su agenda legislativa y sus adversarios ganarían capacidad para investigar, bloquear iniciativas y ejercer un control más agresivo sobre la administración.

Por eso estas elecciones tienen un sabor especial.

Trump no solo se juega congresistas: se juega poder.

Y los estadounidenses, con el voto en la mano, tienen la oportunidad de enviar un mensaje sobre la guerra, la economía, los aranceles, la política exterior y el rumbo de la nación.

Al final, las urnas hablarán.

Y cuando las urnas hablan, hasta los presidentes tienen que escuchar.

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