PROVINCIALES

De los balnearios al Ozama, la basura que dejamos en los ríos termina pasando factura

 

Abinader cambia el Gobierno, pero no las razones del descontentoPor Margarita de la Rosa

BAYAGUANA, Monte Plata, R.D.

La fotografía habla por sí sola. Botellas y envases plásticos, fundas, recipientes de comida y otros desperdicios aparecen atrapados entre troncos y sedimentos mientras un grupo de jóvenes intenta devolverle algo de limpieza al río Yabacao durante una jornada realizada este lunes.

Pero detrás de esa imagen hay un problema mucho mayor: la basura que se abandona en nuestros ríos no desaparece cuando el visitante recoge sus pertenencias, enciende su vehículo y regresa a casa. El agua sigue su curso y los desperdicios también.

Bayaguana posee algunos de los balnearios y saltos más conocidos de Monte Plata. Comate, Comatillo y Salto Alto figuran entre los atractivos naturales promovidos oficialmente para el disfrute de visitantes nacionales y extranjeros. Miles de personas acuden durante el año a estos espacios naturales.

Precisamente ahí comienza una responsabilidad que no puede seguir siendo ignorada.

Quienes conocemos y frecuentamos esta zona vemos cómo, especialmente durante los fines de semana y días feriados, numerosos visitantes llegan cargados de bebidas, vasos y botellas plásticas, fundas, platos desechables, picapollo y todo tipo de alimentos. Muchos disfrutan responsablemente y recogen sus desperdicios. Otros, lamentablemente, convierten las orillas de los ríos en vertederos improvisados.

Se llevan el disfrute y nos dejan la basura.

Y esa basura no conoce fronteras municipales.

Yabacao forma parte de la cuenca del Ozama y constituye una de sus principales subcuencas. Documentos oficiales también sitúan a los ríos Comate y Comatillo dentro del sistema hidrográfico de la cuenca del Ozama.

Por eso, lo que se arroja irresponsablemente en nuestros cursos de agua puede desplazarse aguas abajo, acumularse en distintos puntos de la cuenca y contribuir a la contaminación que finalmente alcanza las zonas bajas y costeras.

Quien escribe ha podido observar personalmente, desde el litoral de Santo Domingo, enormes cantidades de desperdicios arrastrados hasta la costa: vasos, botellas y envases plásticos y hasta objetos de gran tamaño. Lo que vemos allí no comenzó necesariamente allí. Una parte de la contaminación que reciben nuestros grandes ríos se origina muchos kilómetros tierra adentro.

La jornada de limpieza realizada este lunes en Yabacao merece reconocimiento. Los jóvenes que aparecen metidos entre lodo, troncos y desperdicios están haciendo un trabajo que beneficia a todos.

Pero la fotografía también debería avergonzarnos.

Porque limpiar es necesario, pero más importante es evitar que tengamos que regresar una y otra vez a sacar del río la misma basura que irresponsablemente otros continúan arrojando.

El desarrollo turístico de Comatillo, Comate, Salto Alto y los demás atractivos naturales de Bayaguana no puede medirse solamente por la cantidad de visitantes que reciben. Si aspiramos a desarrollar un verdadero ecoturismo, tenemos que preguntarnos también en qué condiciones quedan esos lugares después que se marchan los bañistas.

Hace falta educación ambiental, pero también señalización, recipientes adecuados para los desperdicios, recogida permanente y supervisión en los puntos de mayor concentración de personas. Y, cuando corresponda, aplicar las disposiciones que sancionan a quienes convierten nuestros recursos naturales en vertederos.

La naturaleza nos ofrece gratuitamente esos ríos, cascadas y paisajes que hoy promocionamos como riquezas turísticas. Lo mínimo que podemos hacer es devolverlos como los encontramos.

Porque la botella que alguien deja hoy tranquilamente en la orilla de un balneario no se esfuma.

La corriente se encarga de recordarnos que la basura que tiramos río arriba, tarde o temprano, aparece río abajo.

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