¡Presidente…! Apriete donde está el problema
La delincuencia no se combate con ejecuciones ni discursos, se enfrenta con inteligencia, investigación, persecución, justicia y cárcel.
Buenos días…
Decía el comediógrafo romano Plauto: “A buen entendedor, pocas palabras bastan”.
Pues vamos a hablar claro, sin rodeos, sin caminar por las ramas y, mucho menos, sin miedo a llamar las cosas por su nombre.
Para enfrentar la delincuencia no hay que ejecutar delincuentes. Hay que perseguirlos, apresarlos, investigarlos, someterlos a la justicia y, si son encontrados culpables, encerrarlos. Y punto. Ese es el camino de un Estado de derecho.
Y ahí está el modelo de Nayib Bukele, presidente de El Salvador, cuya política de seguridad ha puesto el combate a las pandillas y al crimen organizado en el centro de su gestión, aunque sus métodos y resultados también son objeto de fuertes debates sobre derechos humanos.
¡Ojo con la ley del Talión! Hay casos en los que algunos, llevados por la indignación, quieren sacar el viejo machete de la “ley del Talión”: ojo por ojo, diente por diente. ¡No! El Estado no puede convertirse en verdugo.
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En el caso de Julián Oro Duro y el cruel asesinato de su esposa, lo que corresponde es que las autoridades identifiquen, persigan, apresen, investiguen y sometan a la justicia a los responsables.
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- Que paguen ante los tribunales.
- Que reciban la condena que establezca la ley.
Pero no ejecuciones extrajudiciales. Porque cuando el Estado comienza a matar sin juicio, deja de administrar justicia y empieza a administrar venganza.
¡Y ahí está el detalle!
Este nuevo hecho vuelve a confirmar algo que hemos escrito una y mil veces, de que en República Dominicana, ni siquiera dentro de su propia casa, el ciudadano está seguro.
¿Dónde está el problema? Ahí está el detalle. Por eso hablamos claro. No podemos andar brincando de rama en rama, mientras el tronco se pudre. Hay que ir al tronco.
Y uno de los troncos de esta crisis es el narcotráfico y el microtráfico.
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Presidente Luis Abinader, resulta preocupante escuchar a ciudadanos, particularmente jóvenes, preguntarse por qué al que roba un pollo, un aguacate o un racimo de guineos se le persigue con rapidez, mientras cuestionan si quienes saquean recursos públicos o quienes manejan grandes negocios ilícitos reciben la misma presión del Estado.
Esas expresiones están en la calle. Y cuando comienzan a repetirse, no hay que taparse los oídos, hay que escucharlas, estudiarlas y responderlas con hechos.
Que nadie interprete esto como una acusación colectiva contra funcionarios o instituciones. ¡Noooo!
Donde haya una denuncia, que se investigue. Donde aparezca una prueba, que se actúe. Y donde exista responsabilidad penal, que caiga quien tenga que caer.
- Sin apellido.
- Sin partido.
- Sin uniforme.
- Sin padrino.
También hemos recibido numerosos mensajes y comentarios en la calle, sobre Santiago Matías, “Alofoke”, y su manera de expresarse públicamente.
Ciudadanos que lo siguen y otros que no lo siguen consideran que debería revisar su vocabulario y la forma en que aborda determinados temas.
Eso es una opinión ciudadana y, naturalmente, nadie está obligado a respaldar sus posiciones ni a seguir sus recomendaciones políticas. Ahora bien, como figura pública, sus palabras tienen consecuencias.
Y si algún día pretende ocupar la silla presidencial —como ha expresado públicamente—, tendrá que entender que el Palacio Nacional no es un estudio de podcast, ni la Presidencia de la República es una chercha de esquina.
Una joven nos comentó, en tono de chercha, que si ocurriera un milagro sobrenatural y Alofoke llegara al Palacio Nacional con la banda presidencial, ella teme que terminemos con “un dictador peor que Pinochet”.
Eso es una opinión ciudadana, no una predicción.
Pero, Alofoke, el que aspira a gobernar tiene que aprender que el micrófono aguanta muchas cosas, pero la historia y el poder pesan muchísimo más.
Y sí… Eso te lo buscas por bocón y palabroso.
Varios dirigentes comunitarios, sociales y personas que se identifican como defensores de los derechos humanos, han expresado, por diferentes vías, su preocupación por el crecimiento de la violencia y la inseguridad.
En eso estamos de acuerdo. Pero tenemos una diferencia. No basta con tener miedo para hablar. Y tampoco basta con denunciar la inseguridad en términos generales.
Hay que señalar las acciones, los fenómenos y los lugares que puedan ser investigados, siempre con responsabilidad y sin fabricar culpables.
Nos reservamos identificar a esos comunitarios porque algunos nos han expresado sus preocupaciones de manera confidencial.
Ellos coinciden, y ese planteamiento nos hacen es serio, que el microtráfico estaría penetrando distintos sectores, calles y barrios del país, y junto con ese fenómeno aparecen preocupaciones por robos, asaltos, violencia y consumo de drogas.
Y ojo. Eso no se resuelve mirando hacia otro lado. Presidente: al microtráfico hay que cortarle el oxígeno.
Presidente Abinader. No le pedimos al Gobierno discursos. Le pedimos resultados.
- Al microtraficante hay que perseguirlo.
- Al que vende droga hay que investigarlo.
- Al que transporta droga hay que apresarlo.
- Al que financia el negocio hay que perseguirle el dinero.
- Al que utiliza puertos, aeropuertos, carreteras o barrios para mover estupefacientes, hay que ponerlo bajo la lupa.
Y si algún funcionario, agente o servidor público protege ese negocio, siempre que se demuestre mediante una investigación y las pruebas correspondientes, que responda ante la justicia. Aquí no puede haber vacas sagradas.
Un oficial general retirado, con experiencia en investigación y cuya identidad reservamos, nos manifestó su preocupación por la inseguridad ciudadana.
Su apreciación es que una parte de los jóvenes que participan en atracos y despojos de celulares, carteras y prendas, en su accionar, podría estar actuando bajo los efectos de sustancias estupefacientes.
También expresó preocupación por la facilidad con que, según su experiencia y percepción, las drogas pueden llegar a determinados sectores de la población.
Ese señalamiento merece algo más que una conversación de esquina. Merece investigación. Porque si existe una relación significativa entre consumo de drogas y determinados delitos, las autoridades deben conocerla, medirla y actuar sobre ella.
En materia de narcotráfico no se puede jugar a las escondidas. Es una amenaza que debe enfrentarse con inteligencia, investigación financiera, inteligencia criminal, control fronterizo, vigilancia de puertos y aeropuertos, prevención, persecución penal y justicia independiente.
Y hay algo todavía más importante. Hay que proteger a los niños, adolescentes y jóvenes. Porque cuando la droga entra a un barrio, no solamente vende una sustancia. También puede comprar voluntades, reclutar jóvenes, financiar armas, alimentar violencia y destruir familias.
Presidente Abinader: ¡apriete!
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Pero apriete:
- Al narcotráfico.
- Al microtráfico.
- A quienes utilizan los puertos y aeropuertos para mover drogas.
- A quienes utilizan carreteras y barrios como corredores del negocio.
Y apriete a cualquier funcionario que, si se demuestra mediante una investigación seria, haya utilizado su posición para proteger ese negocio. Pero hágalo dentro de la Constitución y las leyes.
Porque la lucha contra el crimen no puede convertirse en licencia para cometer crímenes desde el Estado.
- No necesitamos ejecuciones.
- Necesitamos investigaciones.
- No necesitamos venganzas.
- Necesitamos justicia.
- No necesitamos policías convertidos en verdugos.
- Necesitamos policías preparados, investigadores eficientes, fiscales que acusen con pruebas y jueces que apliquen la ley.
Y sobre todo, Presidente:
- No necesitamos un Estado que mate delincuentes.
- Necesitamos un Estado que sea capaz de encontrarlos, procesarlos y encerrarlos.
Porque el narcotráfico no se combate con titulares. Se combate con inteligencia, investigación, dinero rastreado, operaciones limpias, pruebas, justicia y cárcel.



