Alambre de Púa

“Alofoke”, una sociedad paralela y la alarma social

En una sociedad del espectáculo

En estos días he dejado la pluma jurídica para reflexionar sobre el liderazgo de “Alofoke” y el desprecio de nuestras élites sociales ante tal fenómeno existencial.

La preocupación es real y, leyendo hoy al intelectual Lic. Eduardo Jorge Prats en su artículo “Los irresponsables”, destacaba la época en que surgió el liderazgo del infame criminal Adolfo Hitler, asesino de los judíos y megalómano austriaco, que dominó a Alemania con su resentimiento, proviniendo de ser un don nadie y considerado en sus inicios como un payaso.

El joven Santiago Matías proviene de un barrio marginado y sufrió la estigmatización del medio circundante, sufriendo las vicisitudes y la victimización de los errores graves vinculados al crimen organizado del barrio, y ha dado un salto de garrocha espectacular.

“Alofoke”, a esa sociedad paralela, excluida, marginada, sin oportunidad de educación, sin oportunidad de empleo calificado, sin oportunidad de un hábitat que le haya permitido a él y a los suyos, desde su niñez, vivir a plenitud y crecer en vías de desarrollo.

La dicotomía que representa en nuestra sociedad Santiago Matías está focalizada en que los del barrio le llaman tigre y con malas mañas, y a los jóvenes de la otra sociedad paralela les llaman popis bipolares y con mala suerte.

Esta reflexión me hace retrotraer a una encuesta social que se le llamó en Suramérica: “Se vive como se puede” (Montevideo).

Este trabajo lo recuerdo, junto a mis profesores del Instituto Montevideo de la Asociación Cristiana de Jóvenes (1973-74), destacándose el profesor Herman Kruse.

Una encuesta que tomó mucho alcance debido a que el marco metodológico de la educación popular la aportó Paulo Freire, y el fundamento antropológico y sociológico de las historias de vida y del estudio de los sectores también incidió Oscar Lewis y la tesis de la subcultura de la pobreza.

Font Bernard

Esa dicotomía de la sociedad dominicana ha hecho surgir muchos líderes populares en el imaginario social y los ha convertido en diferentes regidores, alcaldes, diputados y senadores.

Y una vez escribió Ramón Alberto Font Bernard, mi querido tío Ramón, que en algún momento de la vida política podría surgir un líder con el nombre de Brazobán y llegar a la Presidencia de la República, aludiendo a esa familia de Villa Mella, marginada en aquel entonces.

Dr. Peña Gómez

En 1978, el Dr. José Francisco Peña Gómez eligió al joven Héctor Castillo para acompañarlo en la boleta de la Sindicatura del Distrito Nacional y ganó su curul o silla edilicia junto al triunfo del Dr. Peña Gómez.

Ese jovencito, entonces, formó parte del Partido Revolucionario Dominicano (PRD) y era del Ensanche Espaillat y, en especial, tenía sus raíces en el Club Aragua, donde era un personaje popular y de mucha principalía, y le decían “El Telépata”.

“El Telépata” acostumbraba predecir la suerte de los ciudadanos que se le acercaban en el Parque Enriquillo del Distrito Nacional, y su nombre respondía a las adivinanzas, las magias y la telepatía, que, en forma pintoresca, señalaba el color de la ropa de los presentes, la buena suerte o mala suerte que le acompañaba, y si había una joven embarazada, le predecía el sexo del niño que tenía gestado en su vientre, y hasta la cédula te la adivinaba.

¿Y por qué traigo a colación al “Telépata” y lo quiero relacionar con “Alofoke”? Porque ambos tienen una misma procedencia social, en esta sociedad paralela, y en el caso del joven Santiago Matías, que se ha destacado por la oportunidad de la “tecnología abierta”, a las oportunidades que ofrece la globalización y el neoliberalismo “sin límites”.

Santiago Matías

Santiago Matías, a través de su personaje “Alofoke”, pintoresco, incómodo para muchos y placentero para el universo con que se comunica, nos ofrece un panorama de “teatro de la calle, marginada y excluida”, acompañado de todos los signos, valores y diferentes del barrio paralelo que conviven dentro de la sociedad dominicana y fuera de nuestro territorio.

Es un manifestante de la cultura de la pobreza, que encontró en “Alofoke” la expresión de la palabra, enmascarado dentro de su teatro, que anima a sus seguidores y le remiten consignas, aplausos, vítores, monetiza y hasta pleitesía diplomática.

Alguien escribió que el problema somos nosotros y me atrevo a contestarle: ¿Qué problema es el sistema neoliberal, que predomina en la cultura y no puso límites en los medios de comunicación, entiéndase el Internet y sus derivados, para transmitir de forma cruda y muchas veces cruel las consignas y los reclamos de una sociedad, repito, paralela, que se desarrolló y hoy constituye un verdadero paradigma digno de estudio teleológico?

Pero de algo debemos estar claros y precisos: el fenómeno social del joven Santiago Matías siempre puede ser encausado, corregido y desarrollado dentro de esquemas valiosos, desde mi punto de vista cristiano.

Santiago Matías puede producir una gran conciencia crítica que nos lleve a una verdadera educación popular, explicando las características culturales que se desarrollan en condiciones de persistente pobreza, como decía Lewis, y, por otra parte, puede poner el acento en la conciencia de la marginalidad y la opresión y la posibilidad de la transformación mediante la educación.

Si nos colocamos con mayor profundidad a observar la perspectiva de las personas que viven, piensan, se organizan y sobreviven dentro de determinadas condiciones sociales, en lugar de juzgarlas desde fuera, podríamos verdaderamente procurar una enseñanza transformadora, donde los excluidos recuperen la palabra y la experiencia de ser sus propios protagonistas de su transformación social.

En lugar del rechazo y el vituperio en contra de “Alofoke”, vamos en búsqueda de Santiago Matías, como fue la búsqueda de Héctor Castillo por parte del doctor José Francisco Peña Gómez en el Ayuntamiento del Distrito Nacional.

Recuerdo que conocí a Héctor Castillo gracias a la recomendación del doctor José Francisco Peña Gómez, quien me llamó telefónicamente a la oficina del doctor Ramón Pina Acevedo y Martínez y me recomendó como su abogado en un proceso particular.

Anoche me afirmó mi amigo Deli Herasme, sobrino de Emilio Herasme Peña, que el “Telépata” está vivo en Nueva York y sigue haciendo sus peripecias de telepatía.

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