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El “carnicero de Bosnia” murió y la historia, en cambio, todavía lo está juzgando

El general serbobosnio murió en La Haya, mientras cumplía cadena perpetua por genocidio, crímenes de guerra y lesa humanidad; sobre sus hombros quedó la responsabilidad por la masacre de Srebrenica y el sangriento asedio de Sarajevo. La ONU abrió una investigación sobre las circunstancias de su muerte.

Convirtió el genocidio en una condena de por vida

LA HAYA

Ratko Mladić, el exjefe militar de los serbobosnios y uno de los rostros más brutales de las guerras que despedazaron a la antigua Yugoslavia, murió el jueves 27 de agosto en un hospital penitenciario de Naciones Unidas en La Haya, donde cumplía cadena perpetua por genocidio, crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad.

Tenía 83 u 84 años, según la fuente consultada. La documentación oficial sitúa su nacimiento en 1942, mientras su familia sostenía que era un año más joven. Lo que no admite discusión es su legado criminal: el Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia lo declaró culpable de algunos de los crímenes más atroces cometidos en Europa después de la Segunda Guerra Mundial.

El Mecanismo Residual Internacional de los Tribunales Penales confirmó su muerte y anunció que la jueza Graciela Gatti Santana ordenó una investigación completa sobre las circunstancias del fallecimiento. Mladić había sufrido varios accidentes cerebrovasculares en los últimos meses y su estado de salud se había deteriorado considerablemente.

Sarajevo: una ciudad convertida en blanco

Durante la guerra de Bosnia, entre 1992 y 1995, Mladić comandó las fuerzas serbobosnias que sometieron a Sarajevo a uno de los asedios más prolongados y sangrientos de la historia moderna europea.

Durante aproximadamente 42 meses, artillería y francotiradores atacaron barrios, calles, mercados y viviendas. El asedio dejó más de 10,000 muertos y convirtió a la capital bosnia en una ciudad sitiada, donde salir a buscar agua, alimentos o simplemente cruzar una calle podía significar jugarse la vida.

El tribunal de La Haya concluyó que Mladić tuvo un papel directo en la campaña de terror contra la población civil de Sarajevo y que sus fuerzas utilizaron bombardeos y francotiradores para sembrar miedo y expulsar a la población no serbia.

Pero Sarajevo fue apenas una parte del expediente de horror que terminó llevándolo a prisión.

Srebrenica: la masacre que lo convirtió en símbolo del horror

El capítulo más oscuro de su carrera militar ocurrió en julio de 1995, cuando las fuerzas serbobosnias tomaron Srebrenica, una zona que Naciones Unidas había declarado “segura”.

Después de la caída del enclave, fueron asesinados más de 8,000 hombres y adolescentes musulmanes bosnios. Los cuerpos fueron enterrados en fosas comunes y, posteriormente, algunos fueron exhumados y trasladados a otros lugares en un intento de ocultar las dimensiones de la matanza. El tribunal de la ONU determinó que se trató de genocidio.

Las imágenes de aquellos días muestran a Mladić entrando en Srebrenica y hablando con civiles, incluidos niños, mientras aparentaba controlar la situación. En una de las escenas más perturbadoras, aparece entregando dulces a niños musulmanes y asegurándoles que estarían a salvo. Poco después, hombres y adolescentes serían separados de sus familias y llevados a lugares donde muchos serían ejecutados.

El contraste entre aquellas imágenes y lo que ocurrió después resume buena parte de la tragedia: palabras de tranquilidad frente a una maquinaria de muerte que ya estaba en marcha.

El juez Fouad Riad describió en 1995 las pruebas presentadas ante el tribunal como escenas de “savagery” inimaginable: hombres ejecutados y enterrados en fosas comunes, personas enterradas vivas, hombres y mujeres mutilados y asesinados, niños asesinados ante sus madres y un abuelo obligado a comerse el hígado de su nieto. Riad calificó aquello como “escenas del infierno” escritas en “las páginas más oscuras de la historia humana”.

El “epítome del mal”

El horror atribuido a Mladić llevó al entonces alto comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, Zeid Ra’ad al-Hussein, a describirlo en 2017 como el “epítome del mal”, al celebrar su condena por genocidio, crímenes de lesa humanidad y crímenes de guerra.

Su condena no fue producto de una sentencia improvisada ni de una acusación política. El Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia lo declaró culpable en noviembre de 2017 y le impuso cadena perpetua. En junio de 2021, el mecanismo de apelación confirmó la condena y la pena, convirtiendo el fallo en definitivo.

Mladić, sin embargo, murió sin mostrar arrepentimiento público por las atrocidades por las que fue condenado.

Durante el proceso llegó a calificar al tribunal de mentira y, tras conocerse su sentencia, mantuvo una actitud desafiante. Su defensa insistió en que había sido tratado injustamente y atribuyó los crímenes a sus subordinados.

De general de Tito a jefe de la maquinaria serbobosnia

Mladić nació en 1942 en Bosnia, entonces parte de Yugoslavia. Su padre, Nedja, murió durante la Segunda Guerra Mundial, un hecho que marcó profundamente su juventud y su visión de los conflictos étnicos y políticos que posteriormente sacudirían los Balcanes.

Ingresó en la carrera militar y se formó en la academia del Ejército Popular Yugoslavo en Belgrado. Con la desintegración de Yugoslavia, ascendió hasta convertirse en comandante del Ejército de la República Srpska, la fuerza militar de los serbobosnios.

Su trayectoria quedó estrechamente ligada a dos figuras centrales del proyecto nacionalista serbio: el presidente serbio Slobodan Milošević y el líder político serbobosnio Radovan Karadžić. Los tres terminaron convertidos en símbolos de una guerra que dejó más de 100,000 muertos y millones de desplazados.

Karadžić, considerado el principal aliado político de Mladić, también fue condenado a cadena perpetua por genocidio, crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad.

16 años escondido

Mladić fue acusado por el tribunal de la ONU en 1995, pero consiguió permanecer prófugo durante casi 16 años.

Tras la caída de Milošević en 2000, pasó a la clandestinidad. Durante años recibió protección de sectores nacionalistas serbios y antiguos miembros de las estructuras militares.

Finalmente, fue detenido el 26 de mayo de 2011 en Lazarevo, un pequeño poblado de Serbia, donde vivía oculto en una vivienda perteneciente a familiares. Su captura puso fin a una de las persecuciones más prolongadas de la historia de los tribunales internacionales por crímenes de guerra.

Fue extraditado a La Haya, donde comenzó uno de los últimos grandes procesos del Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia.

Murió en prisión, pero no desaparecieron las heridas

La muerte de Mladić provocó reacciones encontradas en los Balcanes. Para los sobrevivientes de Srebrenica y las familias de las víctimas, murió un hombre que nunca pudo escapar de la justicia. Para sectores nacionalistas serbios, en cambio, continúa siendo presentado como un héroe militar.

Remir Suljagić, director del Memorial de Srebrenica, advirtió que su muerte no devuelve a los muertos, no elimina las fosas comunes y no modifica las sentencias judiciales.

Una de las sobrevivientes, Kada Hotić, cuyo esposo y cuyo hijo fueron asesinados en 1995, expresó satisfacción porque Mladić murió en prisión y no consiguió recuperar la libertad.

El secretario general de la ONU, António Guterres, expresó su solidaridad con las víctimas y sobrevivientes de los crímenes cometidos por Mladić y reiteró que las conclusiones de los tribunales internacionales forman parte del registro histórico.

Y ahí queda la paradoja final: Mladić murió, pero Srebrenica no.

Murieron los hombres que ordenó ejecutar. Murieron también muchos de quienes participaron en aquella guerra. Pero las fosas comunes, las familias rotas, los sobrevivientes y la memoria de una de las peores masacres ocurridas en Europa desde 1945 permanecen.

Ratko Mladić terminó sus días tras las rejas, condenado por genocidio.

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