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¡Caído y sentenciado! Siria condena a muerte a Bashar Al-Assad

El exdictador sirio, refugiado en Rusia tras el derrumbe de su régimen en 2024, fue condenado en ausencia por asesinatos, torturas, detenciones arbitrarias y crímenes de lesa humanidad; su hermano Maher y otros antiguos altos funcionarios también recibieron la pena capital.

DAMASCO

 El hombre que durante casi un cuarto de siglo gobernó Siria con mano de hierro terminó este martes condenado a muerte por un tribunal de su propio país.

El Cuarto Tribunal Penal de Damasco sentenció en ausencia al expresidente Bashar Hafez al-Assad por delitos que incluyen asesinato premeditado e intencional de varias personas, incluidos niños, tortura, detención arbitraria y crímenes de lesa humanidad. Su hermano menor, Maher al-Assad, también fue condenado a muerte.

La sentencia representa uno de los golpes judiciales más contundentes contra la familia Assad desde el derrumbe del régimen que gobernó Siria durante más de cinco décadas.

El tribunal también condenó a muerte a Atef Najib, primo de Bashar al-Assad y antiguo jefe de la Seguridad Política en Daraa, así como a otros antiguos responsables del aparato de seguridad y militar acusados de participar en la represión contra la población siria.

 

[Bashar al-Assad perdió el poder, perdió Siria y ahora enfrenta una condena a muerte. La gran pregunta, sin embargo, sigue pendiente: ¿Rusia entregará algún día al hombre que durante 24 años gobernó Siria con mano de hierro?]

 

La acusación sostiene que Najib tuvo un papel central en la represión de las primeras protestas de 2011 en Daraa, incluyendo interrogatorios y abusos contra detenidos. Aquella represión contribuyó a desencadenar la rebelión que posteriormente se transformó en una devastadora guerra civil.

Del médico al palacio presidencial

Bashar al-Assad nació en Damasco en 1965 y originalmente no estaba destinado a suceder a su padre, Hafez al-Assad, quien gobernó Siria desde 1970 hasta su muerte en 2000.

Estudió medicina y se especializó en oftalmología. Incluso llegó a trasladarse a Londres para continuar su formación, pero la muerte de su hermano mayor, Basil al-Assad, en un accidente automovilístico en 1994 cambió radicalmente su destino. Bashar regresó a Siria y comenzó su preparación para asumir el poder.

Tras la muerte de Hafez al-Assad en junio de 2000, la Constitución fue modificada para reducir la edad mínima requerida para ocupar la Presidencia. Bashar, con apenas 34 años, fue posteriormente confirmado como presidente y asumió formalmente el cargo en julio de ese año.

Su llegada al poder despertó inicialmente expectativas de apertura política y reformas. Pero aquellas esperanzas se fueron apagando mientras su gobierno mantenía buena parte de las estructuras autoritarias heredadas de su padre.

La revuelta que lo cambió todo

En marzo de 2011 comenzaron las protestas contra su gobierno, en el contexto de la llamada Primavera Árabe. Los manifestantes reclamaban reformas políticas, libertades civiles y la liberación de presos políticos.

La respuesta del régimen fue una violenta represión. Las protestas terminaron convirtiéndose en una guerra civil que involucró a múltiples grupos armados y potencias extranjeras, entre ellas Rusia e Irán como principales aliados de Assad.

Durante los años siguientes, el conflicto dejó cientos de miles de muertos y millones de desplazados, mientras las fuerzas del régimen fueron acusadas de graves violaciones de los derechos humanos y crímenes de guerra.

El final del régimen

Después de más de 24 años en la Presidencia, el poder de Bashar al-Assad se derrumbó en diciembre de 2024, cuando las fuerzas opositoras tomaron Damasco.

El 8 de diciembre de ese año, Assad abandonó Siria y huyó a Rusia junto con su familia. Moscú le concedió asilo político. Desde entonces permanece fuera del alcance de las nuevas autoridades sirias.

Por esa razón, el proceso judicial celebrado en Damasco se desarrolló en ausencia.

La nueva Siria ha solicitado a Rusia la entrega de Assad, pero hasta ahora el antiguo mandatario permanece protegido en territorio ruso.

Una sentencia con carga histórica

La condena llega casi dos años después de la caída del régimen y constituye la primera gran acción judicial contra miembros de la familia Assad desde el final de sus más de cinco décadas de dominio sobre Siria.

Para las víctimas de la guerra y de la represión, la sentencia representa una oportunidad de justicia; para el nuevo poder sirio, es también una declaración de ruptura definitiva con el pasado.

Pero existe una paradoja: el hombre que durante años tuvo bajo su control al Estado, al Ejército y a los servicios de seguridad sirios fue condenado por un tribunal de la misma capital que alguna vez gobernó, mientras él escucha la sentencia desde el exilio ruso.

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