Rusia y Ucrania se dan con todo, pero asoma la negociación
Misiles, drones y ataques contra puertos, puentes y territorio enemigo marcan una nueva escalada, mientras Kiev propone frenar los ataques contra barcos civiles en el mar Negro y Moscú evalúa la salida diplomática

EUROPA
La guerra entre Rusia y Ucrania vuelve a entrar en una fase de máxima tensión, con ataques contra infraestructura estratégica, puertos, embarcaciones, centros logísticos y objetivos dentro del territorio de ambos países.
Pero, mientras los misiles y drones siguen volando, también aparece una pequeña ventana para la negociación.
Ucrania habría propuesto, mediante un intermediario, un alto al fuego recíproco contra buques civiles en el mar Negro, con el propósito de proteger la navegación comercial y recuperar parte de las rutas utilizadas para la exportación de cereales.
La iniciativa llega en momentos en que los ataques contra instalaciones portuarias y barcos han comenzado a afectar seriamente el comercio marítimo y los mercados agrícolas internacionales.
Reuters reportó que las exportaciones ucranianas de cereales han sufrido una fuerte caída durante agosto debido a la interrupción de las rutas del mar Negro.
Rusia, sin embargo, asegura que no ha recibido formalmente la propuesta y rechaza lo que considera una tregua parcial que pueda beneficiar militarmente a Ucrania. Moscú también ha descartado, por ahora, la posibilidad de resucitar el antiguo acuerdo de granos negociado por Naciones Unidas y Turquía.
Rusia golpea Izmail
En las últimas horas, las fuerzas rusas intensificaron sus ataques contra el sur de Ucrania.
El Ministerio de Defensa ruso informó de ataques con drones contra una estación ferroviaria ubicada en el puerto de Izmail, en el Danubio, que Moscú asegura era utilizada para transportar suministros militares y combustible.
La infraestructura portuaria de Izmail es particularmente sensible para Ucrania porque se ha convertido en una de las principales vías alternativas para mantener sus exportaciones ante las dificultades que enfrenta la navegación por el mar Negro.
Reuters confirmó que el ataque ruso contra Izmail provocó daños en infraestructura y cortes de electricidad.
Dos remolcadores bajo fuego
Durante la noche del 13 de agosto, Rusia también informó de ataques contra dos remolcadores en el mar Negro, al suroeste de Mykolaiv.
Según Moscú, las embarcaciones estaban vinculadas al traslado o escolta de buques que transportaban armamento occidental destinado a Ucrania.
La información forma parte de la versión oficial rusa sobre sus operaciones militares y no todas las afirmaciones sobre los objetivos y su función militar han podido ser verificadas de manera independiente.
El mensaje del Kremlin, sin embargo, es evidente:
Moscú quiere golpear las arterias logísticas por donde llegan armas y suministros a Ucrania.
Ucrania también responde
Pero Kiev no está recibiendo los golpes con los brazos cruzados.
Las fuerzas ucranianas continúan atacando instalaciones energéticas, petroleras y militares dentro de territorio ruso.
En las últimas jornadas se han registrado ataques con drones contra infraestructura energética rusa, incluida una refinería en Bashkortostán, mientras Kiev mantiene su estrategia de golpear las fuentes de combustible y los centros logísticos que considera fundamentales para financiar y sostener la maquinaria militar rusa.
El conflicto, por tanto, ya no se limita al frente terrestre.
La guerra se ha convertido en una batalla de drones, misiles, puertos, refinerías, barcos y cadenas logísticas.
Puentes bajo fuego
En Sloviansk, en la región de Donetsk, se reporta la destrucción de un tercer puente utilizado para conectar sectores de la ciudad.
La destrucción de estos cruces representa un golpe importante para la movilidad y la logística militar, porque dificulta el movimiento de tropas, reservas y suministros.
En una guerra donde cada carretera y cada puente pueden convertirse en una arteria vital, destruir un cruce es intentar cortar la respiración logística del adversario.
Golpe en Briansk
Rusia también denunció ataques ucranianos contra su territorio.
En Briansk, las autoridades rusas informaron de daños en un edificio residencial después de un ataque con misiles atribuido a Ucrania.
Equipos de emergencia y personal médico fueron movilizados para atender la situación.
Los ataques ucranianos contra territorio ruso han aumentado en intensidad durante los últimos meses, mientras Kiev sostiene que sus operaciones buscan afectar infraestructura militar y energética utilizada para sostener la guerra.
La guerra aérea no da tregua
El Ministerio de Defensa ruso aseguró además que sus fuerzas derribaron durante las últimas 24 horas numerosos drones y otros sistemas empleados por Ucrania, incluyendo un proyectil HIMARS, drones de ala fija y 110 hexacópteros pesados, según el reporte del Grupo de Combate Oeste.
Moscú también afirmó haber destruido centros de control de drones, estaciones de comunicación Starlink, sistemas robóticos terrestres y depósitos de municiones.
Estas cifras corresponden a los partes militares rusos y no han sido verificadas independientemente en su totalidad.
Polonia mueve sus fichas
Mientras el campo de batalla continúa ardiendo, también se mueve el tablero militar europeo.
Polonia y Ucrania estarían ultimando negociaciones para la transferencia de aviones de combate MiG-29 a Kiev a cambio de drones y tecnología ucraniana.
El eventual acuerdo permitiría a Ucrania reforzar su flota de aeronaves de fabricación soviética, mientras Polonia obtendría acceso a tecnología de drones desarrollada y probada en el campo de batalla.
El posible trueque refleja una nueva realidad de la guerra:
Ucrania necesita aviones; Polonia necesita tecnología de drones. Y la guerra está convirtiendo ambos recursos en moneda de intercambio.
La OTAN entra en alerta
La tensión también alcanzó el espacio aéreo de un país de la OTAN.
Aviones de combate aliados interceptaron un dron que ingresó en el espacio aéreo de Letonia, en un episodio ocurrido mientras se registraban ataques masivos con drones en la región.
La aparición de aeronaves no identificadas cerca de las fronteras de la Alianza mantiene en máxima alerta a los países bálticos.
Cualquier incidente que involucre directamente el espacio aéreo de un miembro de la OTAN representa un riesgo adicional para una guerra que ya ha desbordado ampliamente las trincheras de Ucrania.
¿Se abre una rendija para la paz?
Y aquí aparece la parte más interesante.
Mientras Rusia y Ucrania se golpean con una intensidad cada vez mayor, también comienzan a tantear posibles límites para la guerra.
La propuesta ucraniana de detener mutuamente los ataques contra barcos civiles en el mar Negro podría convertirse en un primer paso hacia una fórmula de desescalada, aunque todavía está muy lejos de constituir un acuerdo de paz.
Además, el canciller ruso Serguéi Lavrov afirmó este viernes que Moscú estaría dispuesto a retomar negociaciones con Estados Unidos sobre el conflicto, aunque acusó a Washington de apoyar ataques ucranianos mediante inteligencia.
El problema es que las condiciones siguen siendo diametralmente opuestas.
Rusia mantiene sus exigencias territoriales y quiere garantías sobre la seguridad y el futuro estratégico de Ucrania.
Kiev rechaza entregar territorios y exige garantías de seguridad.
Y Estados Unidos intenta nuevamente encontrar una salida diplomática después de que las conversaciones quedaran prácticamente congeladas desde febrero, en parte por la prioridad que Washington dio al conflicto con Irán.
La contradicción de esta guerra
Se atacan de día y tantean negociaciones de noche.
Rusia golpea puertos ucranianos.
Ucrania ataca refinerías y objetivos dentro de Rusia.
Los drones cruzan las fronteras.
Los puentes caen.
Los barcos son atacados.
Y, al mismo tiempo, aparecen propuestas para proteger la navegación civil y reabrir canales diplomáticos.
Ese es el absurdo de esta guerra: cuanto más fuerte rugen los cañones, más urgente se vuelve sentarse a negociar.
La gran incógnita es si ese pequeño asomo de diplomacia logrará abrirse paso entre los misiles o si, por el contrario, la escalada terminará sepultando otra vez cualquier posibilidad de tregua.



