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Centinelas del amor

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Mensaje 4857

 AYUDAME A SALVAR UNA VIDA 

 

 

Hola, amigos, ¿qué tal? Merhaba, arkadaslar, ¿nasilsiniz?

REFLEXIONESQueridos hermanos y hermanas:  

Las lecturas de hoy nos invitan a reflexionar sobre algo que, a veces, nos cuesta aceptar: la responsabilidad que tenemos unos por otros. Somos miembros de un mismo cuerpo, y lo que cada uno hace o deja de hacer, afecta a los demás.

En la primera lectura, Dios pone a Ezequiel como «centinela» de Israel. El centinela es el que vigila, el que ve el peligro antes que los demás y avisa para salvar. Pero el texto va más allá: el centinela no solo vigila, también tiene la responsabilidad de advertir al malvado. Si calla ante el mal, Dios le pedirá cuenta de su sangre. Hermanos, todos somos, de algún modo, centinelas. No para juzgar, sino para cuidarnos unos a otros, para tener la valentía de decir al hermano, con amor, la palabra que le puede salvar.

San Pablo, en la carta a los Romanos, nos da la clave para hacer esto bien: “A nadie le deban nada, más que amor mutuo”. ¿Qué significa corregir al hermano? Significa amarlo de verdad. No humillarlo, no exponerlo, no aprovecharse de su caída, sino desear su bien. Porque “el amor no hace mal al prójimo” y de él brota todo el cumplimiento de la ley.

Y entonces, el Evangelio de Mateo nos presenta el camino concreto. Jesús nos da un “método” para la corrección fraterna, y fijémonos bien en su orden: primero, a solas, con delicadeza. Después, con uno o dos testigos. Después, ante la comunidad. Un camino que va de lo privado a lo comunitario, siempre buscando “ganar al hermano”, nunca perderlo.

Hermanos, este Evangelio nos desafía hoy. Porque nos resulta más fácil hablar del prójimo a sus espaldas que hablarle cara a cara, con amor. Nos resulta más cómodo ignorar el mal que corregirlo con valentía. Pero Jesús nos muestra que la corrección fraterna, hecha con humildad y amor, es un acto de misericordia enorme.

Y aquí está la maravilla final del Evangelio: “Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”. No estamos solos en esta tarea. Cuando nos reunimos para reconciliarnos, para perdonar, para buscar la verdad con amor, Cristo está en medio de nosotros. Porque la reconciliación no es obra nuestra, es obra suya.

Víctor Martinez desea que, hoy aprendamos a ser centinelas que no callan ante el peligro, sino que avisan con amor; hermanos que corrigen no para destruir, sino para ganar al hermano; comunidad donde Cristo, sencillamente, se hace presente porque dos o tres se reúnen en su nombre.

Gracias a nuestra hermana Matilde Farach, este mensaje ha llegado hasta todos ustedes, bendícela, Señor.

Hasta la próxima.

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