
Mensaje 4871
AYUDAME A SALVAR UNA VIDA
Hola, amigos, ¿qué tal? Merhaba, arkadaslar, ¿nasilsiniz?
La Palabra de Dios de este domingo nos presenta una pregunta que toca profundamente nuestra vida: ¿Quién ocupa el primer lugar en nuestro corazón?
Porque todos tenemos algo a lo que dedicamos nuestro tiempo, nuestras fuerzas, nuestras preocupaciones y nuestros sueños.
Y Jesús nos recuerda hoy una verdad que no podemos olvidar: “No pueden servir a Dios y al dinero.”
Jesús no está diciendo que tener bienes materiales sea malo. El problema aparece cuando los bienes dejan de ser medios, para convertirse en el centro de nuestra vida.
El dinero puede ser un buen servidor, pero un mal amo. Necesitamos dinero para vivir, alimentar a nuestra familia, educar a nuestros hijos, tener una vivienda y atender nuestras necesidades.
El dinero no es malo. Lo peligroso es cuando comenzamos a pensar: “Lo importante es tener más.” “Necesito acumular más.” “Valgo por lo que tengo.”
Y poco a poco podemos terminar midiendo nuestra felicidad por nuestras posesiones.
Pero llega un momento en que descubrimos que podemos tener muchas cosas y, sin embargo, sentirnos profundamente vacíos. Porque el corazón humano fue creado para algo más grande que las riquezas: fue creado para Dios.
El profeta Amós habla con mucha dureza contra aquellos que se enriquecen aprovechándose de los pobres. Es una palabra que sigue siendo actual.
Por eso nuestra fe no puede reducirse a venir a misa, rezar y recibir los sacramentos. La verdadera fe también se manifiesta en la manera en que tratamos a los demás y compartimos lo que tenemos con los demás.
Podemos ser muy religiosos en el templo y muy injustos fuera de él. Y Dios nos pide coherencia.
En el Evangelio aparece un administrador que está actuando mal. Y Jesús parece elogiar su astucia.
Pero atención: Jesús no está alabando su deshonestidad. Lo que destaca es su capacidad para actuar con decisión cuando descubre que su situación está cambiando.
Y aquí hay una enseñanza para nosotros: Si las personas ponen tanta inteligencia, energía y esfuerzo en conseguir bienes temporales, cuánto más deberíamos poner nosotros nuestra inteligencia y nuestras fuerzas en alcanzar los bienes eternos.
A veces somos muy diligentes para ganar dinero, pero muy descuidados para cuidar nuestra alma.
Tenemos tiempo para trabajar, comprar, viajar, para entretenernos. Pero decimos: “Para rezar no tengo tiempo.”
Y entonces Jesús nos pregunta: ¿Qué estás haciendo con el regalo de tu vida?



