PICANTE

Al país se lo traga el desorden: motoristas salvajes, inseguridad y una reforma policial de cartón

Mientras los ciudadanos viven con miedo y el caos se adueña de las calles, las autoridades siguen en discursos, selfies y teorías. La delincuencia crece, los motoristas hacen lo que les da la gana y la reforma policial terminó siendo otro cuento caro.

 

Buenos días…

¡Cógelo, Picante!La falta de autoridad en República Dominicana ya da vergüenza ajena. El desorden se salió de control y las calles parecen tierra de nadie.

Motoristas agrediendo mujeres, golpeando conductores y sembrando terror como si fueran dueños del país. ¿Y hasta dónde es que vamos a llegar?

Lo que comenzó como un problema de tránsito, se convirtió en una plaga peligrosa. Hay motoristas serios y trabajadores, sí, pero también hay un grupo de tigueres salvajes que andan creyéndose intocables, tirando motores encima de la gente, amenazando y armando caos a cualquier hora. Y eso huele muy mal.

Un motociclista usa su casco para agredir a una mujer, en plena vía público. Qué vergüenza.

A ese motorista agresor hay que buscarlo, apresarlo y ponerlo frente a la justicia, igualito que como ocurrió con el tal “Negro Malo”, Gregorio Gerabel González, acusado de agredir y herir a un chofer de transporte escolar en Herrera, allá en Santo Domingo Oeste.

Y ahora quiere perdón. Sí, que lo perdonen… pero después que vaya a la cárcel a pagar por lo que hizo. Porque este relajo de algunos motoristas no puede seguir convertido en deporte nacional. Ese hombre no pensó en los niños que iban dentro del vehículo. Ahí pudo ocurrir una tragedia grande.

Aunque algunos quieran maquillarlo, el pánico sí se sintió la noche del lunes en Oriente Medio, cuando el conflicto se calentó con ataques de Estados Unidos en el sur de Irán y la respuesta inmediata de Teherán. El escenario se puso al rojo vivo y el mundo volvió a mirar con miedo hacia el estrecho de Ormuz.

Por otro lado, en sectores ligados a los derechos humanos, muchos aseguran que el llamado “Defensor del Pueblo” ha sido más defensor de cámaras y titulares. Algunos ciudadanos dicen -aunque sea entre chercha-  que los famosos “latigazos” de una coronela de la DIGESETT le bajaron el humo cuando quiso exhibirse como gallito mediático.

Y mientras el pueblo pasa trabajo, tragándose un cable y sobreviviendo como puede, él parece entretenido mirando palomitas en el aire. Sus críticos aseguran que nunca ha enfrentado los abusos del poder ni levantado la voz donde debía. Una figura decorativa difícil de explicar… y más difícil todavía de justificar. Ya hay quienes piden auditorías en la Defensoría del Pueblo.

Siguen también los escándalos relacionados con haitianos en territorio dominicano. Hay denuncias e informes sobre bandas dedicadas a robos y asaltos, supuestamente dispuestas a llevarse por delante a cualquiera. Y la pregunta sigue en el aire: ¿las autoridades están mirando hacia otro lado?

El tema es delicado, pero ignorarlo sería irresponsable. La inseguridad se profundiza y el miedo crece en barrios y ciudades. Hay que investigar, actuar y establecer responsabilidades antes de que el problema explote más de la cuenta.

Ahora bien, otra cosa es el discurso de quienes quieren etiquetar a República Dominicana como un “narco-Estado”. Que dirigentes del PRM, legisladores o allegados al poder hayan sido señalados en casos vinculados al narcotráfico no significa automáticamente que el país entero sea eso.

Tampoco hay pruebas para involucrar directamente al presidente Luis Abinader por el uso de un helicóptero relacionado con un presunto narcotraficante durante campaña política. Pero también es verdad que la lucha contra el narcotráfico está bajo sospecha y que muchos solo creen en los resultados cuando intervienen organismos internacionales.

Lo que sí es una realidad imposible de esconder es que los dominicanos tienen miedo de salir a la calle. Miedo a ser atracados, heridos o simplemente quedar en medio de un tiroteo o «enfrentamientos» entre policías y bandidos.

La llamada “nueva Policía” ha sido un fiasco de tamaño industrial. Una reforma policial sin depuración es un edificio construido sobre arena. Falló desde el primer tornillo.

Hoy lo que se percibe es una institución golpeada por escándalos, denuncias de corrupción, abusos callejeros y supuestos intercambios de disparos que muchas veces dejan más preguntas que respuestas. Mientras tanto, el microtráfico y la delincuencia crecen más rápido que la verdolaga en patio mojado.

Y si Dios no mete su mano, República Dominicana va camino a convertirse en un país todavía más inseguro y descontrolado. Como Haití.

Cuando explote toda la verdad detrás del feminicidio de Alma Rosa I —donde un hombre asesinó a tiros a una mujer y luego se suicidó— van a caer altares y hasta santos de yeso. Porque, según fuentes, ese individuo no era el esposo de la víctima, como se dijo inicialmente. Era su amante.  Sí era su amante. Y tampoco era ningún angelito. Era un hombre con poder, influencia y conexiones. Pero hay más… mucho más. Déjenlo ahí por ahora. Pero, que investiguen.

Presidente Abinader, una reforma policial no se construye con ruedas de prensa ni discursos bonitos. Se construye con depuración, controles y resultados. ¿Hubo depuración real? No. Ahí mismo se descarriló todo.

Y otra pregunta incómoda: ¿a usted le depuraron todos sus asesores? Tampoco. Ahí hubo otro fallo.

Es duro decirlo, pero en este gobierno la transparencia se pregona más de lo que se practica. La lucha contra la corrupción y la impunidad sigue pareciendo un eslogan de campaña reciclado.

Por cierto… atención, Yeni Berenice Reynoso: dicen que ya le tienen sustituto preparado. Y no es cualquier abogado. Es uno con tanto poder que hasta acostado en una cama mueve fichas.

Y al cierre…

Presidente, el caos vial que tiene al Gran Santo Domingo vuelto loco no se resuelve con reuniones eternas, teorías de laboratorio ni “poderes especiales” que al final no resuelven nada. Esto se arregla con autoridad, decisiones fuertes y una buena escoba institucional para barrer el desorden. Porque mientras el gobierno piensa, teoriza y anuncia, el tapón sigue ahí… y los motoristas también. Hasta la próxima.

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