Los patricios sudaron… y el PRM arde por dentro
Santo Domingo Este se hunde bajo el agua, mientras Dio Astacio hace maravillas, pero en las redes y en el PRM crecen las renuncias y el miedo al 2028.

Después del palo dado, ni Dios lo quita…
Buenos días…
Tras cometer uno de los errores políticos más vergonzosos de su gestión, el presidente Luis Abinader tuvo que echar hacia atrás y derogar el decreto, mediante el cual su gobierno condecoró, en septiembre de 2024, a Melitón Cordero, supervisor de la DEA en República Dominicana, con la Orden del Mérito de Duarte, Sánchez y Mella en el grado de Caballero.
Sí, la máxima distinción patriótica terminando en el pecho de un hombre acusado en Estados Unidos de soborno y fraude de visas. Tremenda bofetada moral.
Aquello fue tan bochornoso que hasta los espíritus de Duarte, Sánchez y Mella debieron sudar frío en el Altar de la Patria.
Ahora el Gobierno intenta borrar la vergüenza con el decreto 107-26, anulando el decreto 520-24 que otorgó la condecoración. Pero la pregunta sigue viva y caliente: ¿quién recomendó premiar a ese personaje? Porque alguien lo investigó… o no lo investigó. Y alguien debe responder.
Mientras tanto, en Santo Domingo Este bastaron apenas 40 minutos de lluvia para convertir las calles en una versión barata del río Niágara. Vehículos varados, hoyos ocultos bajo el agua y ciudadanos atrapados en un municipio abandonado.
Y el alcalde Dio Astacio… brillando en redes sociales como influencer de TikTok, mientras la ciudad se ahoga entre basura, imbornales tapados y calles destruidas. Qué vergüenza.
Santo Domingo Este ya no parece una ciudad: parece un experimento de supervivencia urbana.
Y hablando de desastres, en la avenida España hay quienes aseguran que el ministro de Turismo, David Collado, no supervisó muy bien ciertos trabajos. Mucho cemento bonito, mucha foto elegante… pero también muchos “tochos” y aparentes vicios de construcción que saltan a la vista. Una obra importante, sí, pero hecha con olor a improvisación.
Y dentro del PRM el ambiente huele a pólvora.
Nos cuentan que la cúpula oficialista quiere extender el mandato de todas sus autoridades hasta después del 2028 y escoger posiciones “por consenso”, dejando fuera el voto de las bases. Traducido al español sencillo: la dirigencia quiere decidir sola y que la militancia aplauda callada.
Un dirigente del PRM nos dijo algo demoledor: “En el partido mencionar la palabra convención ya es una mala palabra”.
Y las miradas apuntan directamente hacia José Ignacio Paliza, a quien muchos acusan de cerrarles las puertas a las bases y gobernar el partido desde arriba.
Por cierto, a Paliza tampoco le fue muy bien en Manzanillo. Allí hay gente que ya lo acusa abiertamente de vender sueños, prometer maravillas, desaparecerse y luego regresar como si nada hubiera pasado. “Con la cara limpia”, dicen allá. Ave María Purísima.
Mientras el diputado Eugenio Cedeño calificó la posible extensión de la convención interna del PRM como “un error catastrófico”, Fausto Herrera Catalino ya habla de vigilias contra la corrupción y exige respeto para la militancia del partido oficial.
El problema es que en el PRM las campañas sucias ya no vienen de la oposición. Se las hacen entre ellos mismos.
“Ese partido se está destruyendo solo”, nos confesó otro dirigente oficialista. Y agregó algo peor: “Muchos funcionarios no defienden al gobierno ni tampoco a Abinader”.
Otro dirigente dijo que le “hierve la sangre” cada vez que escucha mencionar los casos de Miguel Gutiérrez, Rosa Amalia Pilarte, Jorge Luis Polanco y otros nombres vinculados a expedientes delicados y rumores de extradición.
Y como si fuera poco, siguen las renuncias silenciosas de dirigentes que abandonan el PRM para juramentarse con Leonel Fernández. ¿La razón? Muchos dicen sentirse traicionados por un partido que después de la campaña pasada, abandonó a sus propios dirigentes para darle cargos a sus antiguos adversarios.
Ahora esos mismos dirigentes le están pasando factura al poder.
Abinader comienza a verse acorralado por los líos internos de su propio partido: vigilias, amenazas de ruptura, imposiciones, peleas por cargos, escándalos y una base cada vez más disgustada.
Y mientras el gobierno se entretiene apagando fuegos políticos, el país siente otra preocupación, que sigue en aumento: la inseguridad.
Los hechos delictivos siguen creciendo, la violencia se siente en las calles y muchos gerentes policiales parecen dormidos en sus laureles.
Y el pueblo… que aguante.
Ah, y la nueva pesadilla urbana: los motociclistas. No respetan señales, no respetan peatones, no respetan autoridades. Andan en grupo, agresivos y desafiantes, como si fueran una OTAN motorizada tomando control de las calles.



