Fiscales intocables, policías fuera de control y un país al borde del miedo
Denuncias de narcotráfico, golpizas policiales, crisis en el PRM, hambre en el campo y destrucción ambiental sacuden una República Dominicana donde la gente ya no confía ni en su sombra.

Buenos días…
En los municipios de El Seibo y Miches hay una pregunta que retumba en calles, colmados y oficinas públicas: ¿Por qué sigue en funciones, como si nada hubiese pasado, una fiscal señalada públicamente como supuesta propietaria de varios puntos de drogas?
La denuncia fue lanzada por un individuo conocido en el bajo mundo como “Barba Roja”, identificado como Rubén Mejía Zorrilla, quien se autoproclamó públicamente como microtraficante y aseguró que la representante del Ministerio Público en Miches tenía vínculos directos con actividades ilícitas. Eso fue un escándalo de marca mayor. Y no hay consecuencia.
El caso explotó en redes sociales, corrió por todos lados y provocó la visita de dos inspectores de la Procuraduría General de la República a El Seibo. Pero después del ruido… silencio total.
Y eso tiene a mucha gente oliendo algo raro. Porque, según versiones que circulan en esos predios, la fiscal tendría fuertes conexiones dentro del sistema judicial, con supuestos vínculos con procuradores de Corte en San Pedro de Macorís, cercanía con el fiscal titular de El Seibo, amistad con una importante figura del Ministerio de Justicia y hasta, supuestamente, exhibe una fotografía junto a la procuradora Yeni Berenice Reynoso.
La denuncia de “Barba Roja” fue grave, directa y acompañada —según alegan— de evidencias. Pero, aparentemente, el Ministerio Público decidió mirar hacia otro lado… o simplemente “no encontró” nada comprometedor.
Mientras tanto, la fiscal sigue en su despacho. Y ojo con eso.
Ojalá la embajadora de Estados Unidos en República Dominicana, Francis Campos, le eche una mirada a ese expediente y lo coloque en su radar.
Y ya que hablamos de la embajadora, debería darse una vuelta por Miches, donde hay playas hermosas, paisajes únicos y una ruta marítima hacia Puerto Rico que, según comentan en la zona, parece tierra de nadie.
Los motoristas explotaron primero. Iniciaron las protestas contra el aumento de los combustibles. Salieron, en Santiago, a rechazar los precios de la gasolina y otras medidas gubernamentales que golpean directamente el bolsillo de quienes sobreviven trabajando sobre dos ruedas. Y eso apenas comienza.
El PRM parece una bomba de tiempo, al estilo Ormuz, donde jóvenes quieren desplazar a quienes califican de «dinosaurios».
Dentro del Partido Revolucionario Moderno la presión interna está subiendo peligrosamente, pues dirigentes jóvenes aseguran que ya no aguantan más imposiciones ni “fósiles políticos” ocupando posiciones nacionales, municipales y distritales.
Quieren renovación. Quieren cambios. Y los quieren ahora.
Según afirman, no están dispuestos a esperar uno ni dos años más, mientras los mismos de siempre siguen controlando el partido. ¡Ay, papá!
Policía bajo fuego: teniente retirado golpeado teme por su vida.
Y mientras tanto, crece la percepción de que existe una persecución silenciosa contra antiguos miembros de la Policía Nacional dominicana, que salieron dignamente pensionados. ¿Retaliación a la secreta? Eso no es raro en los predios policiales.
El caso más reciente explotó en San Antonio de Guerra, donde el teniente retirado Aurelio Consuelo Sala denunció haber sido brutalmente golpeado por agentes policiales. La agresión fue tan fuerte que terminó hospitalizado.
Hoy, el oficial retirado asegura sentir miedo por su vida. Y después del asesinato de un teniente coronel, baleado frente a su propia casa, muchos entienden que tiene razones para temer.
Porque si algo le ocurre, el golpe no será solo para la Policía. El costo político le caerá encima al gobierno, al PRM y al presidente Luis Abinader.
“No hay seguridad”. Esa es la realidad, y es dura. La gente anda con miedo, mirando para todos lados, desconfiando hasta de su propia sombra.
Sí, esto se define con tres palabras: No hay seguridad.
Y mientras los pobres no pueden comprar ni un plátano, ni un guineo, ni una libra de yautía o ñame, en Tamayo continúan destruyendo plantaciones agrícolas en terrenos del Estado que una empresa asegura tener arrendados.
Presidente Abinader, eso no es desarrollo. Eso es abuso. Y con ese desastre, gobierno no debió ni mencionar el Día del Agricultor.
Lo que ocurre en las inmediaciones donde nace el río Boya y en Loma Managuá, en la provincia Monte Plata, es descrito por comunitarios y ambientalistas como una verdadera conspiración contra los bosques, los ríos y los arroyos.
Y lo peor, dicen, es que todo ocurre con la mirada complaciente de sectores oficiales que permiten esa destrucción ambiental sin consecuencias. Ave María Purísima.
Para quienes llevan anotaciones: Cuando el Estado calla frente al crimen ecológico… también se vuelve cómplice.



