PICANTE

Sí hubo disparos en Navarrete, pero no contra el jefe de la Policía

La Policía tuvo que abrirse paso a tiros de advertencia para sacar al director policial de la zona, mientras crecen las protestas, las quejas sociales y las preguntas incómodas que el Gobierno tendrá que responder.

Buenos días…

¡Cógelo, Picante! dice las cosas tal y como son. No exagera. No miente. Y cuando tiene que investigar, investiga.

Anoche recibimos un video en el que se afirmaba que al director de la Policía Nacional, mayor general Andrés Modesto Cruz Cruz, y a su escolta, les habían disparado en Navarrete, provincia Santiago. Eso es falso.

Pero atención: sí hubo disparos en los alrededores de la zona franca, en rechazo a la presencia del alto oficial en el lugar.

Y posteriormente, para sacar al director policial de la zona y evitar una posible agresión contra él, los agentes acordonaron la ruta de salida y realizaron numerosos disparos de advertencia.

Pero una cosa es disparar para dispersar y garantizar la salida del jefe policial, y otra muy distinta es afirmar que el mayor general Cruz Cruz fue atacado directamente. No fue así.

Las huelgas de Navarrete suelen ser calientes. Allí aparecen los llamados “tigres” haciendo disparos para provocar pánico, sembrar terror y desafiar a las autoridades. Esta vez también hubo disparos.

Pero reiteramos: los disparos efectuados por los agentes fueron de advertencia, para dejar claro que la Policía estaba allí y que tenía bajo control la ruta de salida del director de la institución.

Ahora bien, hay algo que debe decirse con absoluta claridad: ¿Qué hacía el director de la Policía Nacional metido en medio de una zona caliente, con chaleco antibalas y un fusil en las manos?

Esa pregunta no es un invento de ¡Cógelo, Picante! La hacen sus críticos. Y, francamente, es una pregunta válida.

Porque habría que saber cuándo el actual director policial hizo un servicio callejero de esa naturaleza o cuándo tuvo que empuñar personalmente un fusil en medio de una protesta. Cruz Cruz nunca patrulló en la calle ni en los barrios. Su presencia en Navarrete fue una imprudencia. 

Por eso, hay quienes consideran que esa presencia, lejos de contribuir a reducir la tensión, pudo elevarla peligrosamente. Y eso sí es un asunto serio.

Un director de Policía no puede convertirse en parte del escenario de confrontación. Y nos cuentan que el incidente no pasó a mayores gracias, precisamente, a la capacidad del oficial que estaba al frente de las tropas policiales y que manejó la situación sobre el terreno.

Pero ese tipo de episodio debe servir de lección. No se puede jugar con fuego.

Ahora bien. Durante las protestas sí hubo un militar herido. Un guardia.

Y hay otro dato: la huelga en Navarrete estaba convocada inicialmente por 48 horas, pero sus organizadores decidieron extenderla a 72 horas, alegando el respaldo alcanzado por la protesta.

Las manifestaciones en distintos puntos del Cibao fueron convocadas por organizaciones populares que reclaman obras de infraestructura, servicios básicos y respuestas a problemas comunitarios.

Y aquí viene lo que algunos funcionarios prefieren no escuchar:

  • La gente está “jarta”.
  • De los apagones.
  • De la falta de agua.
  • De los precios de los alimentos.
  • Del costo de los medicamentos.
  • De las tarifas eléctricas.
  • Del precio de los combustibles.

Y, sobre todo, jarta de escuchar discursos bonitos y ver maravillas del Gobierno que, según muchos ciudadanos, solo aparecen en las redes sociales y en los medios de comunicación. 

Y eso no lo decimos nosotros. Lo dicen los ciudadanos. Lo dicen, principalmente, quienes llegan a los hospitales y no encuentran ni una aspirina. Lo dicen quienes tienen que esperar semanas —en algunos casos, hasta 30 días, según denuncias— para conseguir una cita médica.

Y mientras tanto, el Gobierno sigue hablando de maravillas.

En el PRM también hay ruido. Porque si no se repartieron el pastel, entonces habría que preguntar: ¿En cuál convención fueron escogidos los nuevos jefes de ese partido?

Luis Abinader como presidente. El nieto de Hipólito Mejía como secretario general. Deligne Ascención como vicepresidente. Y Gloria Reyes como secretaria de Organización.

Si eso no es una distribución del poder partidario, entonces alguien tendrá que explicar qué fue.

Y lo peor viene ahora. Porque muchos funcionarios ya están mirando hacia las elecciones. Quieren ser alcaldes. Diputados. Senadores.

Sí, esos mismos funcionarios que durante estos seis años de Gobierno —y aquí viene la pregunta incómoda— han pisado poco o nada las bases de sus propias organizaciones políticas y ahora aparecen corriendo como si esto fuera un juego de béisbol o softbol. La política, como el deporte, tiene sus reglas.

Y el pueblo también sabe quién estuvo en el terreno y quién apareció solamente cuando vio la posibilidad de ocupar una posición.

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