Entre bates, pelotas y basura: Si estos niños son el futuro, ¿qué país nos espera?

Por Margarita de la Rosa
Durante mi caminata vespertina, volví a pasar por el play donde entrenan decenas de niños de pequeñas ligas en mi comunidad.
Lo que encontré fue el mismo espectáculo de siempre: fundas plásticas, platos desechables, vasos, botellas y envolturas regadas por todas partes.
Como siempre, una basura que no llegó allí arrastrada por el viento o por una crecida del río.
La verdad es más preocupante.
Son los propios niños quienes la dejan tirada después de consumir alimentos y refrigerios durante las prácticas y los juegos.
Lo he visto hasta el cansancio. Y entonces me pregunto: ¿qué están enseñando los adultos responsables de su formación?
Porque en ese play hay entrenadores. Hay dirigentes. Hay padres. Hay madres.
Personas que dedican horas a enseñarles cómo correr, cómo batear, cómo lanzar una pelota y cómo ganar un partido.
Pero aparentemente nadie les está enseñando algo mucho más importante: el respeto por el entorno que utilizan. ¿De qué sirve formar un gran pelotero si no somos capaces de formar un ciudadano responsable?.
El terreno donde juegan está próximo al río Isabela, a humedales naturales y a una zona ambientalmente sensible y cuando llegan las lluvias, gran parte de esos desperdicios termina en las aguas del río y posteriormente en el mar.
Luego nos indignamos cuando vemos playas contaminadas, cañadas llenas de plástico y ríos convertidos en vertederos.
Pero el problema comienza mucho antes.
Comienza cuando un niño lanza una botella al suelo y ningún adulto le llama la atención.
Comienza cuando deja un plato tirado y nadie le exige recogerlo.
Comienza cuando los responsables de su formación consideran que educar termina en el terreno de juego.
No.
La verdadera educación también incluye enseñar respeto, disciplina, responsabilidad y amor por la naturaleza.
Algunos de esos muchachos quizás lleguen mañana a las Grandes Ligas. Tal vez recorran el mundo representando a República Dominicana.
Pero el país necesita algo más que buenos atletas.
Necesita ciudadanos que entiendan que la tierra donde juegan, el río que los rodea y el ambiente donde viven no son un basurero.
Porque si hoy no son capaces de recoger una funda plástica después de un juego, mañana tampoco serán capaces de cuidar el país que heredarán.



