Recaudación histórica, préstamos aprobados, pero las necesidades siguen creciendo

Por Rebeca Henríquez
Presidenta de la Fundación Derechos Humanos Global
La Dirección General de Impuestos Internos (DGII) cerró el 2025 con RD$913,821.7 millones recaudados, con un crecimiento del 7.9 % respecto al año anterior.
En el primer trimestre de 2026, los ingresos alcanzaron RD$244,956.2 millones, superando la meta en un 103.4 %. Estos recursos provienen del esfuerzo de todo el pueblo: ITBIS, Impuesto sobre la Renta, gravámenes a combustibles, alimentos y bienes básicos.
A esto se suman asignaciones presupuestarias específicas:
El Consejo Nacional de la Persona Envejeciente (CONAPE) dispuso para el año 2025 de un presupuesto aprobado de RD$1,932,937,780.90, destinado a programas de protección y asistencia a los adultos mayores.
El CONANI cuenta con RD$2,241,703,924 en 2026 para la niñez y la adolescencia.
Además, el Congreso Nacional, por medio del Senado, ha aprobado en lo que va de año nuevos préstamos por montos significativos; en los últimos años, el endeudamiento total ha crecido de forma considerable.
Como defensores de derechos humanos, nos surge una pregunta legítima y pública: ¿dónde se está quedando lo recaudado por la DGII y los recursos provenientes de los préstamos aprobados por los honorables senadores?
“El pueblo aporta con su trabajo y su consumo, y asume la responsabilidad de las deudas contraídas; por tanto, tiene el derecho innegable de ver reflejado cada centavo en soluciones reales, no solo en cifras sobre el papel”.
Porque, a pesar de estos montos, la realidad muestra que se vulneran derechos fundamentales consagrados en nuestra Constitución:
Se viola el derecho a la salud: faltan centros de atención adecuados, medicamentos completos, espacios especializados para personas con condiciones de salud mental y atención digna para pacientes de escasos recursos. También persiste la falta de agua potable en numerosos sectores, un servicio esencial para la higiene, la prevención de enfermedades y la vida diaria.
Se viola el derecho a la educación: muchas escuelas se encuentran en condiciones precarias, sin aulas suficientes, mobiliario adecuado ni servicios básicos. Incluso se han registrado casos en los que niños y niñas reciben clases en instalaciones improvisadas, como locales de funerarias, espacios que no reúnen las condiciones mínimas de seguridad, higiene y bienestar.
Se vulneran los derechos de las personas con discapacidad: existen personas que cuentan con su certificación oficial de discapacidad, pero aun así no reciben la pensión ni el apoyo económico que establece la ley para garantizar su subsistencia y autonomía.
Además, persisten otras carencias graves:
No hay centros suficientes para albergar y atender dignamente a adultos mayores desamparados ni a niños, niñas y adolescentes en situación de calle.
Calles, aceras y contenes permanecen sin mantenimiento, poniendo en riesgo la seguridad de todos.
No comprendemos por qué la calidad de vida sigue siendo tan deprimente cuando hay tantos recursos aprobados y recaudados.
Desde nuestra institución, exigimos transparencia total y rendición de cuentas claras: que se detalle dónde se invierte cada peso, cómo se ejecutan los préstamos y por qué no se garantiza el cumplimiento efectivo de los derechos de la población. El Estado tiene la obligación de usar los recursos públicos para hacer realidad el derecho a la salud, al agua, a la educación, a la protección social y a una vida digna para todos.



