Cuando el apagón duele más que la oscuridad

Por Margarita de la Rosa
Más de tres horas sin energía eléctrica en comunidades como Comatillo, Managuá y otros parajes de Bayaguana vuelven a poner en evidencia una queja recurrente de los usuarios del servicio de EDEESTE.
Lo más preocupante no es solo la interrupción del suministro, sino la falta de información. Al comunicarse con el centro de atención, los ciudadanos permanecen largos minutos en espera para finalmente recibir una respuesta que genera aún más incertidumbre: «El circuito no presenta ninguna contingencia.»
Si miles de familias están sin electricidad, la pregunta es inevitable: ¿qué está ocurriendo? Si se trata de una avería, los usuarios tienen derecho a conocerlo. Si son interrupciones programadas, también deben ser informados con anticipación.
Lo que no resulta aceptable es que la realidad que viven las comunidades contradiga la información que reciben por los canales oficiales.
El servicio público no termina con el cobro de la factura. También implica ofrecer respuestas oportunas, información transparente y respeto a quienes cumplen puntualmente con sus obligaciones.
Las comunidades de Bayaguana llevan años expresando su inconformidad por la frecuencia de las interrupciones eléctricas. Escuchar esas voces y mejorar la comunicación con los usuarios es una responsabilidad que no puede seguir postergándose.



