La guerra entre Irán y EE. UU.: ¿el llamado de la muerte?

En la mente de la administración de Donald Trump, el arte de mantener en alto la bandera de la guerra parece ajustarse a la estrategia que ha caracterizado a Israel durante años.
Ante la disminución de las reservas petroleras de Estados Unidos y el descenso en la popularidad del mandatario, seguir los pasos del primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, apostando por la confrontación militar, parece convertirse, desde la óptica de Washington, en la salida de los halcones de la guerra.
El argumento del supuesto ataque a un buque en el estrecho de Ormuz se presenta como el avance de una película de baja calidad, amplificada por una parte de la prensa internacional que, lejos de aclarar los hechos, contribuye a la confusión.
Para el Tío Sam, en Oriente Medio o en cualquier región donde la naturaleza exhiba abundantes riquezas, especialmente recursos energéticos, esos territorios parecen convertirse automáticamente en una nueva «Tierra Prometida», donde Estados Unidos e Israel procuran imponer sus intereses, sin que el número de víctimas parezca ser el principal obstáculo.
Desde esta perspectiva, el poderoso capital sionista con influencia en Estados Unidos sería quien marca buena parte de la agenda de la administración Trump.
Las más recientes declaraciones del mandatario parecen haber enterrado cualquier expectativa de paz en Oriente Medio. Aunque, en realidad, esa paz interminablemente anunciada ha sido, para muchos, poco más que una ilusión.
La efímera firma de un alto el fuego en Gaza, ¿fue realmente un paso hacia la paz? Hoy la historia parece repetirse y, más que detener los enfrentamientos, surge una pregunta inevitable: ¿se está preparando el escenario para una guerra de consecuencias impredecibles?



