¿Hasta cuándo permitirá el presidente las ejecuciones policiales?
Por Augusto Álvarez
Durante las administraciones del doctor Joaquín Balaguer, en la Policía Nacional se cometieron graves violaciones a los derechos humanos que, según numerosos sectores, solo eran posibles bajo la sombra del poder político.
Fue en ese contexto cuando, tras el exterminio de importantes figuras del movimiento revolucionario —en una época en la que se entrelazaban las fuerzas del orden y la denominada Banda Colorá—, el presidente Balaguer destituyó al general Enrique Pérez y Pérez y designó en su lugar al general Neit Nivar Seijas. Ni Balaguer ni Don Antonio Guzmán Fernández gobernaron con temor a los altos mandos militares o policiales; ejercieron la autoridad que les confería la Constitución.
La pregunta es inevitable: ¿qué está ocurriendo hoy en la Policía Nacional?
¿Quién formó al agente que el propio presidente Luis Abinader calificó de «animal» tras la muerte del joven Darlin Mercado Reyes?
La muerte de Darlin, ocurrida en La Cañada de Guajimía, en Herrera, representa un duro golpe para la denominada reforma policial. Cada nuevo caso debilita el discurso oficial y fortalece la percepción de que los cambios prometidos no han logrado transformar la conducta de una parte de la institución.
¿Qué argumento podrá ofrecer ahora el Gobierno para convencer al país de que la reforma avanza?
El expresidente Leonel Fernández calificó el hecho como «un crimen monstruoso», mientras que el propio director de la Policía Nacional solicitó que se imponga la máxima sanción que corresponda al agente involucrado, conforme determine la justicia.
Resulta llamativo que, en un contexto donde durante años numerosos casos terminaron bajo la cuestionada figura de los llamados «intercambios de disparos», hoy exista un mayor escrutinio nacional e internacional sobre la actuación de las autoridades. La presencia y las posiciones públicas de la embajadora de Estados Unidos en la República Dominicana, Leah Francis Campos, sobre el respeto a las libertades y al Estado de derecho, contribuyen a mantener la atención sobre estos acontecimientos. En esas circunstancias, resulta cada vez más difícil intentar imponer una versión que no resista el contraste con las evidencias.
La gran interrogante sigue sin respuesta:
Después de la muerte de Darlin Mercado Reyes, ¿cuántos agentes con una formación deficiente o incapaces de cumplir correctamente los protocolos sobre el uso de la fuerza serán separados de la institución?
Porque la verdadera reforma policial no se mide por uniformes nuevos, discursos o campañas publicitarias. Se mide por la protección de la vida, el respeto a la ley y la confianza que inspire la institución en la ciudadanía. Mientras continúen ocurriendo hechos como este, la reforma seguirá siendo una promesa pendiente.



