El robo de los bienes inmuebles del Estado: la herencia de Trujillo se la robaron

Lo que debía convertirse en patrimonio del pueblo terminó, según las denuncias, repartido entre testaferros, militares, políticos e intereses privados. Hoy, las acusaciones de ventas irregulares y conflictos por terrenos del Estado vuelven a poner el patrimonio público bajo la lupa.
Cuando mataron a Trujillo, el pueblo heredó 12 ingenios, más de 30 fábricas de CORDE y cientos de miles de tareas de las mejores tierras del país. Era la compensación después de 31 años de robo y sangre. Era para el pueblo. Se la robaron.
Sí, era la compensación después de 31 años de robo y sangre.
Era para el pueblo. Se la robaron.
Primero, los testaferros de Trujillo. Las familias que le prestaban el nombre. Cuando Trujillo cayó, reclamaron como suyas las tierras que eran del Estado.
Después, los militares y los políticos. A base de cartas y órdenes. Finca por aquí, solar por allá.
Luego, desde 1996, los gobiernos de la privatización. Leonel, Hipólito, Danilo. Con el cuento de la capitalización y de la alianza público-privada, vendieron el país a precio de vaca muerta. Vendieron Haina, Boca Chica, San Pedro, Villa Altagracia.
Pero es con el gobierno actual de Luis Abinader, donde el escándalo se ha destapado por completo.
Porque no es herencia del pasado. Es presente.
Bajo la administración de Bienes Nacionales y el CEA, primero con César Cedeño y ahora con Rafael A. Burgos Gómez, se denuncia lo que el pueblo está viendo en los tribunales y en la prensa: expedientes perdidos, títulos duplicados, ventas por debajo del valor y más de mil expedientes observados por auditorías.

Y hay dos estafas que el pueblo está sufriendo ahora mismo:
Primero: cientos de trabajadores que juntaron dólares con sudor en Nueva York, en Boston, en Lawrence, construyeron sus casitas en un solar del CEA. La dirección del CEA anuncia en la prensa que les entregará sus títulos definitivos. Pagan, hacen fila, los hacen viajar desde Estados Unidos y los engañan. Pasan años y el título nunca llega.
Segundo: otros casos compraron solares a altos precios. Tienen recibos de compra, tienen contrato, tienen plano sellado por el CEA y por Bienes Nacionales. Cuando van a tomar posesión de lo que compraron, aparecen militares, políticos o mafiosos del bajo mundo diciendo que esa tierra es de ellos.
Entonces aparecen los intermediarios, los mensajeros, y les prometen reubicarlos en otro sitio desmejorado, lejos, sin valor. Una vulgar estafa.
Una tierra vendida tres veces.
Se anuncia que se recuperaron 100 mil tareas, pero la pregunta es: ¿recuperadas para quién? Porque la denuncia es que esa misma tierra recuperada termina vendida de nuevo.
Lo de antes fue robo. Lo de ahora, según las denuncias que están en la Justicia, es una mafia total operando a plena luz del día.
El CEA ya no existe. CORDE ya no existe. Queda el letrero de Bienes Nacionales vendiendo lo último que queda.
La herencia no fue para el pueblo. Se la robaron los que vinieron después de Trujillo.
Y con este gobierno, el robo sigue.
Y esto ocurre ahora
Pero lo peor es el viacrucis de la gente: viaje y más viaje al CEA, y nada. Promesas y más promesas, y nada. Puro cuento, como si estuviéramos en plena campaña política.
Pero la comedia no termina ahí. Anuncian que entregarán los títulos y que lo hará personalmente el presidente de la República. Convocan al beneficiario, lo meten en el rebú político de la entrega de títulos y, después de soportar batallas bajo el sol, empujones, tumultos y sudar la gota gorda, cuando por fin llega el momento de recibir su título, aparece el cuento de nunca acabar: «No llegó. Tiene que ir al CEA».
¡Y vuelta a empezar! Viajes y más viajes, gastos y más gastos, y el título sin aparecer.
¿Y entonces? La respuesta es la misma: «Espere la próxima entrega». Mientras tanto, ya lo sumaron a la lista de beneficiarios, como si el problema estuviera resuelto.
¡Politiquería barata! ¡Bulto y más bulto! Presidente, no cargue con esa cruz, que es demasiado pesada. No permita que conviertan una necesidad legítima de la gente en un espectáculo político para vender una gestión que no termina de cumplir.
¿O será que usted disfruta con esa comedia?



