OPINION

¡Pensar es peligroso para el poder! Volvamos a los grandes pensadores!

De Platón y Aristóteles a Gadamer, la hermenéutica enseña a cuestionar los discursos oficiales y descubrir lo que se esconde detrás de las palabras.

 

En tiempos de ruido, de discursos vacíos y de verdades a medias, vale la pena volver a los pensadores del pasado. No por nostalgia, sino porque ellos nos enseñaron a interpretar el mundo.

Esa ciencia se llama hermenéutica.

Viene del griego hermeneuein, que significa traducir, explicar, interpretar. Viene de Hermes, el mensajero de los dioses, aquel que tenía la tarea de hacer comprensible para los hombres el lenguaje incomprensible de los dioses.

Desde entonces, la humanidad entendió que los hechos no hablan solos. Hay que interpretarlos.

Grecia nos dio el método. Platón y Aristóteles fueron los primeros en preguntarse cómo una palabra se conecta con una idea y una idea con la realidad. Aristóteles escribió Peri Hermeneias, el primer tratado sobre la interpretación.

En Alejandría, los grandes filólogos se enfrentaron a Homero. Unos buscaban el sentido literal; otros, el sentido oculto, alegórico. Esa disputa entre lo que se dice y lo que se quiere decir sigue viva hoy en la política.

El cristianismo la hizo imprescindible. San Agustín estableció que la Biblia tiene cuatro sentidos: el literal, el alegórico, el moral y el espiritual. Interpretar mal era condenarse.

Siglos después, Lutero rompió el monopolio de la interpretación y dijo que el texto debe leerse en su lengua original, en su contexto. Ahí nace la hermenéutica moderna.

Pero fueron los alemanes quienes la convirtieron en ciencia universal.

Friedrich Schleiermacher dijo que interpretar es un arte para entender a un autor mejor de lo que él mismo se entendió. Wilhelm Dilthey sentenció: las ciencias naturales explican, pero las ciencias humanas comprenden. Y no se comprende sin interpretar.

Ya en el siglo XX, Heidegger y Gadamer nos dieron la lección final: no interpretamos solo libros; interpretamos la existencia. Cada ser humano es una interpretación del mundo. No vemos los hechos puros; vemos los hechos a través de nuestra historia, nuestros prejuicios y nuestra tradición. Comprender es fusionar horizontes: el del pasado con el del presente.

¿Y para qué nos sirve hoy?

Nos sirve para no dejarnos engañar.

Cuando el poder dice que todo está bien y el pueblo se tira al mar en yolas, hace falta hermenéutica.

Cuando el discurso dice paraíso y la realidad dice éxodo, hace falta hermenéutica.

Interpretar es el acto más revolucionario del ciudadano. Es negarse a tragar entero el relato oficial y buscar el sentido verdadero detrás de las palabras.

Volver a los pensadores del pasado no es retroceder. Es aprender a leer el presente con ojos más claros.

 

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