¡Vergonzoso! RD, ¿otra vez trampolín para conflictos ajenos?

El uso de espacios dominicanos en operaciones vinculadas a Venezuela y Haití plantea interrogantes sobre la soberanía, la seguridad nacional y las responsabilidades que podría asumir el país.
Primero fue el trasiego de mercenarios y armas desde territorio dominicano hacia Haití, que terminó relacionado con el asesinato del presidente haitiano Jovenel Moïse. Después, según se ha denunciado, vino el uso de espacios territoriales dominicanos en operaciones vinculadas al caso del presidente venezolano Nicolás Maduro y Estados Unidos.
Ahora, desde Jimaní, El Salvador avanzaría hacia territorio haitiano en un operativo que busca localizar a sus técnicos, de quienes se afirma que están en poder de las bandas armadas.
Para operaciones en territorios ajenos, República Dominicana parece convertirse nuevamente en trampolín. Antes lo habría hecho Estados Unidos, cuyas «vistas de águila» —¡al parecer, no observaron!— no detectaron la presencia de los mercenarios colombianos que, armas al hombro, cruzaron hacia Haití y participaron en el magnicidio de Jovenel Moïse.
Y ahora, en Jimaní, provincia fronteriza dominicana, El Salvador establece un punto de apoyo para sus operaciones relacionadas con la búsqueda de sus técnicos en territorio haitiano.
¿Nos convierte esto en parte del conflicto?
Al margen de la profunda crisis de gobernabilidad que atraviesa Haití, cabe preguntar: ¿nos compromete convertir el territorio dominicano en plataforma para intentar resolver los problemas de la vecina nación?
La pregunta no es menor. Una cosa es la cooperación internacional y otra, muy distinta, es que nuestro territorio termine convertido en escenario logístico para operaciones militares o de seguridad de terceros países.
Dos momentos, dos protocolos
El protocolo utilizado en el caso de Venezuela fue diferente. En aquel momento, según lo planteado en torno a esas operaciones, la administración Trump habría tenido participación directa y se habló de movimientos relacionados con el Aeropuerto Internacional de Las Américas y la Base Aérea de San Isidro.
Ahora, ante la crisis haitiana y la cercanía de las elecciones de segunda vuelta previstas para el próximo martes, el mandatario estadounidense no habría dado la cara directamente y habría recurrido al presidente salvadoreño, Nayib Bukele, para enfrentar a las bandas haitianas.
Haití: un terreno minado
Vistas así las cosas, la situación en Haití plantea una interrogante todavía mayor: ¿quién asumirá la responsabilidad por las víctimas que puedan producirse durante las operaciones contra las pandillas?
Resulta difícil imaginar una incursión de esa naturaleza sin el riesgo de que se produzcan víctimas inocentes. Y ahí está precisamente el peligro: que República Dominicana, por su posición geográfica y por permitir determinadas facilidades logísticas, termine pagando las consecuencias de un conflicto que no es suyo.
No se trata de negar la cooperación internacional ni la necesidad de enfrentar a las bandas que mantienen a Haití sumido en una situación de extrema violencia. Se trata de preguntar hasta dónde puede llegar esa cooperación sin comprometer la seguridad, la soberanía y la imagen internacional de República Dominicana.
El lodo también salpica a los Trinitarios
Creemos importante señalar que República Dominicana, tanto en el caso de Venezuela y las operaciones relacionadas con Nicolás Maduro como en la profundización de la crisis haitiana después del magnicidio de Jovenel Moïse, corre el riesgo de quedar salpicada por acontecimientos que ocurren más allá de nuestras fronteras.
Y eso obliga a una pregunta final, directa y sin maquillaje:
¿Hasta cuándo República Dominicana será utilizada como trampolín para resolver problemas ajenos?
Porque una cosa es ayudar al vecino y otra, muy distinta, es terminar metidos hasta el cuello en su conflicto.
La patria de los Trinitarios merece cooperación, sí; pero también merece respeto a su soberanía.



