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Esto huele mal… en el mundo y en Bayaguana también

Precios por las nubes, caos local y autoridades en silencio

Buenos días…

¡Cógelo, Picante!El panorama global no pinta bonito. Está oscuro, enredado y peligroso. Basta un error, una chispa mal calculada, y el mundo puede deslizarse hacia un conflicto de proporciones catastróficas. No es exageración: la tensión entre potencias mantiene al planeta caminando por la cuerda floja. Y sí, esto huele mal… muy mal.

Pero no hay que irse tan lejos. Aquí mismo, en Loma Managua, el ambiente también apesta. Lo que se está moviendo en esa zona genera alarma real. Comunidades enteras dependen del agua que nace en esa montaña, y hoy ven cómo ese pulmón natural podría convertirse en víctima de intereses que no están del todo claros.

Si el gobierno de Luis Abinader no actúa con firmeza, el daño puede ser irreversible. No es retórica: hablamos de agua, de vida, de futuro. Permitir que ese ecosistema se degrade para proyectos urbanísticos sería, como dicen los comunitarios, un golpe directo al interés público.

¡Auxilio! El bolsillo no aguanta más. Mientras tanto, en la calle la historia es otra. Los precios siguen subiendo en supermercados, colmados y farmacias. La gente lo siente cada día. No hace falta informe internacional para saberlo: basta con hacer una compra básica.

Si antes ya había presión económica, ahora el golpe es más duro. La crisis internacional solo agrava una situación que muchos dominicanos llevan tiempo enfrentando. Y no, no se resuelve con discursos optimistas ni ficticio.

El tránsito en el país está desbordado. Caótico. Sin orden. Y con el aumento en los combustibles, la situación se vuelve todavía más pesada para el ciudadano común.

La capital —y especialmente Santo Domingo Este— es un ejemplo claro: calles ocupadas, negocios improvisados en aceras, desorden total. La gestión municipal, encabezada por Dío Astacio, está bajo presión por la falta de soluciones visibles.

Este desorden, que parece cortesía de Dío Astacio, es en la Calle Presidente Vásquez.

La percepción de inseguridad sigue creciendo. Los hechos violentos ocurren a la vista de todos, en plena vía pública, y la sensación de impunidad no ayuda. La ciudadanía observa, compara y saca conclusiones. No es un tema de discurso, es una realidad que se vive en los barrios. Y cuando la gente siente miedo, algo no está funcionando.

En el plano institucional, surgen casos que generan ruido. El partido Generación de Servidores presentó una querella contra Guillermo Estrella ante la PEPCA, por presuntos conflictos de interés vinculados a decisiones en el Banco de Reservas.

Al mismo tiempo, el líder del GenS, Carlos Peña, fue citado por la Fiscalía de Montecristi tras una querella en su contra relacionada con declaraciones públicas. El caso sigue abierto.

Esa querella parece tener “cocoricamo”, pero de poco sirve imponer medidas como grilletes, al estilo de Ángel Martínez, quien lleva más de un año bajo vigilancia electrónica las 24 horas.

El debate de fondo sigue siendo el mismo: hasta qué punto se castigan las denuncias públicas y cómo se maneja la línea entre la libertad de expresión y las responsabilidades legales.

En El Seibo, abogados y comunicadores advierten que, si la Procuraduría no depura el Ministerio Público en esa provincia, crecerán las sospechas sobre posibles irregularidades en casos vinculados al microtráfico y narcotráfico.

Señalan como ejemplo la retención de camiones cargados de ganado por parte de la Policía, que luego fueron despachados por el Ministerio Público sin explicaciones públicas.

A esto se suma la controversia en torno a una representante del Ministerio Público, en la misma jurisdicción, tras acusaciones realizadas por una persona que se identificó como implicada en actividades ilícitas. Fueron imputaciones gravísimas que necesitan una respuesta clarísima e inmediata.

Mientras tanto, el individuo conocido como “Barba Roja”, señalado por su presunta participación en un homicidio ocurrido en el paraje Las Cavirmas, distrito municipal de El Cedro, en Miches, continúa sin ser detenido, lo que alimenta la percepción de impunidad en la zona.

Este lunes, una cornisa se desplomó en el centro comercial Malecón Center. No hubo víctimas, pero el hecho vuelve a encender alertas sobre mantenimiento e infraestructura.

Y retomando el tema de la inseguridad, muchos ciudadanos se preguntan por qué la ministra de Interior y Policía, Faride Raful, se desplaza con un amplio esquema de seguridad, mientras el discurso oficial insiste en que la situación está bajo control.

La interrogante queda en el aire: ¿es una medida preventiva propia del cargo o un reflejo de los riesgos que también percibe quien dirige la política de seguridad? Porque lo cierto es que, para buena parte de la población, moverse por las calles sigue siendo motivo de preocupación cotidiana.

Y en definitiva, el mundo está tenso. El país, presionado. Y la gente, cansada. Cuando se combinan incertidumbre global, problemas locales sin resolver y una ciudadanía que siente que no la escuchan, el resultado es uno: desconfianza. Y esa, cuando crece, es difícil de contener.

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