Ucrania dispara contra Moscú y Europa sigue armando la guerra… el mundo camina sobre pólvora

Zelensky confirma el uso de nuevos misiles de largo alcance contra objetivos en la región de Moscú, mientras Europa aumenta el suministro de drones, misiles y sistemas antiaéreos a Ucrania. La escalada multiplica el riesgo de que el conflicto termine desbordando las fronteras de Ucrania y Rusia.
EUROPA
La guerra entre Rusia y Ucrania acaba de dar otro peligrosísimo salto.
En la madrugada de este domingo, Ucrania lanzó uno de sus mayores ataques contra Moscú y otras regiones rusas, utilizando centenares de drones y, según confirmó el presidente Volodímir Zelensky, nuevos sistemas de ataque de largo alcance, incluido el misil balístico Pelican y el misil de crucero Flamingo.
Rusia, por su parte, informó que sus defensas aéreas interceptaron y destruyeron 1.110 drones durante la noche y la madrugada de este domingo en distintas regiones del país y el mar Negro.
El ataque dejó, según los reportes disponibles, al menos dos civiles muertos y una veintena de heridos, entre ellos menores de edad, además de daños en instalaciones petroleras y otros puntos de infraestructura.
Y aquí está la parte que debería preocupar al mundo, y es que cuando una guerra comienza a disparar armas de mayor alcance, más sofisticadas y desde mayores distancias, el peligro deja de ser solamente militar.
Vuelan drones, misiles y amenazas
Zelensky confirmó que las fuerzas ucranianas emplearon durante el ataque una combinación de sistemas de largo alcance, entre ellos Pelican, Flamingo y Palyanytsia, y afirmó que fueron alcanzadas instalaciones vinculadas con la industria petrolera y la logística rusa.
Moscú respondió con nuevos ataques contra objetivos en Ucrania.
El Ministerio de Defensa ruso informó de ataques contra centros logísticos, almacenes, puertos y otros objetivos relacionados con el esfuerzo militar ucraniano. La dinámica vuelve a repetirse: Ucrania golpea a Rusia; Rusia responde contra Ucrania; cada respuesta genera otra respuesta.
Y mientras los gobiernos calculan objetivos, distancias, misiles y drones, los civiles siguen pagando la factura.
Europa mete más combustible al conflicto
Europa no está mirando el conflicto desde la barrera.
La Unión Europea acaba de desembolsar 3,3 mil millones de euros para que Ucrania adquiera material de defensa, incluidos drones y misiles. El programa europeo contempla además una financiación mucho mayor para las capacidades defensivas ucranianas durante 2026 y 2027.
Y el 11 de septiembre, la Comisión Europea aprobó otros 6,1 mil millones de euros para que Ucrania adquiera sistemas de defensa aérea y antimisiles, municiones, drones y equipos de guerra electrónica.
Francia e Italia, además, avanzan con el suministro de sistemas SAMP/T NG, concebidos para reforzar la defensa aérea y antimisiles de Ucrania. Francia también ha comprometido sistemas SAMP/T adicionales mientras llegan los de nueva generación, además de acelerar la entrega de misiles Aster 30.
Francia también ha profundizado su cooperación militar con Ucrania en materia de drones, innovación y producción de armamento.
En otras palabras, Europa está armando a Ucrania., mientras Rusia continúa aumentando su capacidad de ataque.
Armas de todos los calibres… y civiles en medio
Aquí aparece el verdadero peligro.
El conflicto está incorporando drones en cantidades masivas, misiles de crucero, misiles balísticos, sistemas antiaéreos, municiones de precisión y nuevas tecnologías de guerra electrónica.
Ya no se trata solamente de una guerra localizada en el frente.
El ataque contra Moscú demuestra hasta dónde puede llegar Ucrania con sus nuevas capacidades de largo alcance, mientras los ataques rusos continúan golpeando infraestructura y ciudades ucranianas.
Y cuando las armas alcanzan cada vez más lejos, también aumenta la posibilidad de que un error de cálculo termine involucrando a terceros países.
Ahí está la línea roja que la comunidad internacional debería vigilar.
El fantasma de una guerra mayor
No sería responsable afirmar que el mundo ya está entrando en una Tercera Guerra Mundial.
Pero tampoco sería sensato ignorar que la combinación de una guerra prolongada, mayor producción de armamento, participación militar creciente de países europeos, ataques de largo alcance y tensiones con la OTAN aumenta el riesgo de una confrontación mucho más amplia.
La propia discusión europea se está desplazando hacia el fortalecimiento militar y la preparación para un conflicto prolongado. Analistas y responsables de seguridad han advertido sobre el riesgo de que la guerra Rusia-Ucrania termine teniendo consecuencias más amplias para Europa y la OTAN.
Y en medio de todo esto tenemos otro frente explosivo: el conflicto del Golfo.
Oriente Medio también se encuentra sometido a una escalada militar que involucra a Irán, Estados Unidos, Israel y actores armados regionales. Sumados ambos escenarios —Europa oriental y el Golfo— el planeta enfrenta una acumulación de tensiones militares que aumenta el riesgo de que una crisis regional termine conectándose con otra.
¿Y quién piensa en los civiles?
Esta debería ser la pregunta de fondo.
Porque los gobiernos hablan de objetivos estratégicos, capacidades militares, defensa territorial, disuasión y victoria.
Pero detrás de cada ataque hay viviendas, familias, hospitales, escuelas, trabajadores y niños.
En el último ataque sobre la región de Moscú se reportaron civiles muertos y heridos. En Ucrania, los ataques rusos también continúan provocando víctimas civiles y daños a infraestructura esencial.
Los misiles no distinguen el dolor.
Y una guerra en la que cada bando intenta aumentar el alcance y la potencia de sus armas puede terminar produciendo exactamente lo contrario de lo que proclaman quienes la sostienen: más destrucción, más muertos y menos posibilidades de encontrar una salida negociada.
El mundo camina sobre pólvora
Europa aumenta su apoyo militar a Ucrania.
Rusia responde aumentando sus ataques.
Ucrania lleva la guerra cada vez más lejos del frente.
Moscú amplía sus ataques contra objetivos ucranianos.
Y, simultáneamente, Oriente Medio permanece convertido en otro enorme polvorín.
Dos grandes escenarios de guerra, múltiples potencias involucradas y arsenales cada vez más sofisticados.
Eso no significa que una Tercera Guerra Mundial sea inevitable.
Pero sí significa que el margen para los errores, los accidentes, las represalias y los cálculos equivocados se está reduciendo peligrosamente.
Por eso, mientras los arsenales se llenan y los misiles aumentan su alcance, la diplomacia debería correr más rápido que las armas.
Porque si los protagonistas continúan midiendo la guerra únicamente por la cantidad de drones derribados, misiles disparados, refinerías alcanzadas o territorios conquistados, puede llegar el momento en que nadie tenga que declarar una guerra mundial: bastará con que una chispa encuentre suficiente pólvora.



