
Mensaje 4859
AYUDAME A SALVAR UNA VIDA
Hola, amigos, ¿qué tal? Merhaba, arkadaslar, ¿nasilsiniz?
Víctor Martinez desea hacerte una pregunta, quizás algo incómoda, pero necesaria para tu crecimiento espiritual: ¿qué estás dispuesto a pagar por seguir a Jesús?
El libro de la Sabiduría nos recuerda nuestra condición humana: “el cuerpo mortal oprime el alma y esta tienda terrena abruma la mente que medita”. Reconocemos que nuestros proyectos son inciertos, que apenas conjeturamos las cosas de la tierra… ¿cómo íbamos a comprender las cosas del cielo? Solo la sabiduría de Dios, enviada desde lo alto, puede enderezar nuestras sendas. San Pablo, en la carta a Filemón, nos muestra esa sabiduría en acción: un dueño que debe recibir a su esclavo fugado Onésimo, no como esclavo, sino como hermano. Palabras revolucionarias que rompen esquemas.
En mis meditaciones de esta mañana, recordaba aquellas palabras de Jesús, (Lucas 14) las cuales las considero duras: “Si alguno se viene conmigo y no pospone a su padre y a su madre… e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío”.
Pero… Jesús no nos pide que odiemos a nuestra familia. La palabra “posponer” es clave. Él nos invita a poner el Reino en el centro, y a relativizar todo lo demás, incluso los afectos más sagrados, en comparación con Él. No es despreciar a los nuestros, sino no dejar que nada ocupe el primer lugar que solo le corresponde a Dios.
Es como la expresión: “Quien no carga con su cruz y me sigue, no puede ser discípulo mío”. (Lucas 14) No hay seguimiento sin cruz, lo que significa que seguir a Cristo tiene un precio y debemos calcularlo con honestidad. Nadie va a la guerra sin antes calcular sus fuerzas, ni construye una torre sin calcular antes los gastos.
Hermanos, ¿qué torre queremos construir? ¿Somos capaces de sentarnos a calcular el costo? Porque ser discípulo cuesta: cuesta perdonar, cuesta renunciar a los bienes que nos atan, cuesta anteponer la verdad a la comodidad, cuesta amar al que nos ha hecho daño.
Quizás hoy, al escuchar esta reflexión, sentimos que no estamos a la altura. Que nuestra fe es débil, que no renunciamos a todo lo que deberíamos. Y precisamente por eso, que los invito a orar conmigo, porque la sabiduría que nos falta, Dios nos la da desde lo alto, porque la cruz que no podemos cargar solos, Cristo la carga con nosotros.
No estamos llamados a ser perfectos para empezar a seguirlo; estamos llamados a seguirlo para ir aprendiendo, paso a paso, a llevarla con Él.
Que el Señor nos conceda hoy la sabiduría de calcular bien el precio, y la valentía de pagarlo con amor. Así sea.
Gracias a nuestra hermana Aurin Aybar, este mensaje ha llegado a todos ustedes, bendícela, Señor.
Hasta la próxima.



